ࡱ> #` 0bjbj .ӏVFFFZ8TZ;>h"=======$?h BF=F1'1'1'=FF=k/k/k/1'BFF=k/1'=k/k/r9TFF: (s.:= >0;>:QB /QB:QBF: Dk/"#== /^;>1'1'1'1'ZZZD$ZZZZZZFFFFFF  Valor del conocimiento y de la informacin en las sociedades mercantiles medievales Andreu Grau UB-IAFI 1. Las sociedades comerciales Las sociedades comerciales medievales se constituan por un acta redactada ante y por un notario. Ninguna actividad se daba si no era confiada a los protocolos notariales: crditos, deudas, prstamos, fallidas, inventarios de mercancas, encantes La trascripcin era imprescindible en cualquier actividad. La escritura est por encima de lo oral. Escribe el jesuita W. J. Ong: Las culturas orales conocen una especie de discurso autnomo en las frmulas rituales fijas, as como en frases adivinatorias o profecas, en las cuales la persona misma que las enuncia se considera no la fuente sino slo el conducto. El orculo de Delfos no era responsable de sus profecas, pues se las tena por la voz del dios. La escritura, y ms an la impresin, posee algo de esta cualidad adivinatoria. Como el orculo o el profeta, el libro transmite una enunciacin de una fuente, aquel que realmente dijo o escribi el libro. El autor podra ser cuestionado slo si fuera posible comunicarse con l o ella, pero es imposible encontrar al escritor en un libro. No hay manera de refutar un texto directamente. Despus de una impugnacin generalizada y devastadora, dice exactamente lo mismo que antes. ste es un motivo por el cual el libro dice en el habla popular es equivalente a es cierto. Tambin es una razn por la cual los libros se han quemado. Un texto que manifiesta lo que el mundo entero sabe que es falso expresar la falsedad eternamente, siempre que ese texto exista. Los escritos son inherentemente irrefutables. En materia administrativa, en negocios, se intenta llegar a la situacin que se narra en las ltimas frases del texto del P. Ong. Los protocolos ofrecen la informacin necesaria para comprender la actividad econmica, argumentan sobre ella y trazan las lneas de accin. El escrito constata lo que se recuerda y no registra, obviamente, lo que se olvida; la memoria oral, en cambio, cae en lo mutable, en lo indefinido Recurro a un documento de 1456 escrito en cataln: la formacin de una sociedad comercial en Cller, ciudad martima de la isla de Cerdea. En una breve nota publicada en la revista Estudis dHistria Medieval, el profesor Alberto Boscoso introduce y reproduce dicho documento. Indica este profesor que, como suceda en otros lugares del Mediterrneo, tambin Cller, haban adquirido importancia en la Baja Edad Media gracias al comercio y al hecho de ser escala de mercancas importadas y exportadas. sta habra sido la causa de la constitucin en dicha isla, dependiente de la Corona de Catalua-Aragn desde 1323, de numerosas sociedades de pequeos y grandes mercaderes residentes en Catalua y en Cerdea, como es el caso de la sociedad a la que nos hemos referido. En el perodo medieval, la asociacin garantiza la salida del aislamiento en que acostumbran a encontrarse muchos mercaderes y la extensin de la red de sus negocios. Destaca Le Goff que, alrededor de ciertos mercaderes, de determinadas familias, de algunos grupos, se desarrollan mecanismos complejos y poderosos a los que tradicionalmente se ha dado el nombre de en el sentido moderno de la palabra. Las ms clebres y mejor conocidas han sido dirigidas por ilustres familias florentinas: los Preuzzi, los Bardi, los Mdicis. Pero debemos sealar, siguiendo a los historiadores que los han estudiado, que se han podido detectar profundas modificaciones de estructuras entre las de los siglos XIII y XIV y las del siglo XV, por lo menos en el dominio italiano. El lugar y las circunstancias sociales, polticas, religiosas y culturales sern factores decisivos en esas modificaciones estructurales de las que habla Le Goff. En este terreno, es difcil realizar generalizaciones. Cada documento muestra factores particularidades que no deben obviarse si lo que se pretende es ofrecer una explicacin histrica. Por decirlo de alguna manera, en casos como el que estamos tratando, se ve bien claro que las diferencias ayudan ms a la investigacin que las coincidencias. La formacin de la sociedad comercial de nuestro documento se realiza entre los hermanos Bernat y Francesc Oliver, por una parte, y el mercader Francesc Carbonell, por otra en uno de los grandes momentos de la poltica imperialista del rey Alfonso el Magnnimo (1416-1458). Francesc Carbonell y Francesc Oliver tienen su residencia en la ciudad sarda, mientras que Bernat Oliver vive en Barcelona. La sociedad se establece como filial en Cerdea de la central existente en Barcelona. Adems del hecho antes sealado: ser escala de importaciones y exportaciones, la fundacin de filiales obedece a una necesidad de descentralizacin que se impone en el siglo XV respecto de la centralizacin de los dos siglos anteriores. Escribe Le Goff: en los siglos XIII y XIV estas verdaderas casas comerciales estn muy centralizadas; al frente de ellas hay uno o varios mercaderes que poseen un conjunto de sucursales, y fuera de la sede principal donde reside el dirigente o los dirigentes son representados por empleados asalariados. En el siglo XV una casa como la de los Mdicis est descentralizada. Consiste en una combinacin de asociaciones separadas con su capital aparte, cada una de las cuales tiene una sede geogrfica propia: junto a la casa madre de Florencia, las filiales: Londres, Brujas, Ginebra, Lyon, Avin, Miln Venecia, Roma, regentadas por directores que slo parcial y secundariamente son empleados que perciben un salario pero que ante todo son proveedores de fondos a la cabeza de una parte del capital como los Angelo Tani, los Tomaso Portinari, los Simona Neri, los Amerigo Benci, etc.-. Los Mdicis de Florencia son el lazo que mantiene juntas todas estas casas solamente porque en cada una de las capitales casi siempre son mayoritarios, porque centralizan las cuentas, los informes, la orientacin de los negocios. En nuestro caso, muy similar a la situacin general relatada por Le Goff en el segundo prrafo supra reproducido, se renen los capitales de las dos partes con el fin de abrir una filial de la central de Barcelona en el castillo de Cller. El capital con el que cuenta la sociedad es de 3000 florines de oro de Aragn: 2000 que aportan los hermanos Oliver y 1000 que desembolsa Carbonell. El tiempo es de cuatro aos i si la sociedad se disolviera antes de los aos fijados, se tendra que pagar una multa. En trminos de aritmtica mercantil, se trata de una sociedad en la que el reparto de los beneficios (X) o prdidas se establecen segn la regla de compaa de capitales distintos (a y b) y tiempos iguales (cuatro aos): Xa = X (a / a + b) Xb = X (a / a + b) Xa + Xb = X Indica Le Goff que las compaas mercantiles bajomedievales estn muy alejadas de las sociedades modernas, que tienen una personalidad independiente de sus miembros. Por los datos ofrecidos en el acta, la sociedad de Cller parece mostrar la forma, con notables variaciones respecto a las actuales, de las compaas o razones sociales comanditarias. 2. El todo por la parte o la parte por el todo: las facultades del alma Qu ha llevado a los hermanos Oliver a establecer una sociedad con el reconocido mercader Carbonell? En la clusula 6, se puede ver cmo la filial le es confiada a este ltimo con plenos poderes: Item s concordat entre les dites parts que lo dit Ffranc Carbonell puxa e vlega vendre e xangar al temps e al comptant totes aquelles robes e mercaderies, que de la dita companya tindr en la dita botiga, a sa voluntat e segons a ell ser ben vist faedor e ax mateix puxa comprar a temps o al comptant totes aquelles robes o mercaderies, que li seran vistes compradores a sa coneguda, arbitre e voluntat, e encara aquelles qui no sn e seran compreses en coneguda, e puxa baratar, vendre, comprar, apostar e tremetre totes les robes e mercaderies de la dita rah e comanya per mar e per terra e per aygua dolza, ax en lo present regne de Sardenya com en altra part, e que totes les robes e letres de la dita companya hajen anar signades del senyal propi del dit Ffranc Carbonell. Carbonell poda vender a plazos o al contado las mercancas importadas de Catalua; poda comprar con plena libertad de iniciativa gneros sardos para exportarlos, y poda asegurar dichas mercancas y marcarlas. Como se ve en el texto, parece insistirse en la voluntad; sin embargo, cuenta slo la voluntad? La voluntad aqu no es slo la facultad del alma, sino el alma global. Se trata de una sincdoque habitual en la que se toma, con convencimiento, la parte por el todo. Propiamente, en el contexto de la fe cristiana, las facultades del alma son el entendimiento, la voluntad y la memoria. Podemos sumarles la imaginacin y la afectividad. Abro un breve parntesis. En Was heisst Denken?, Martin Heidegger escribi lo siguiente sobre Parmnides: Su famosa expresin parece de pronto una vaciedad tautolgica, pero est subrayando algo radical. Del rbol que est en el jardn cada cual puede decir infinidad de cosas: que es hermoso, que es un manzano, que ofrece escaso fruto, etc. Llega entonces alguien que dice simplemente: el rbol es. Qu resulta ms arduo pensar: cuanto se haba dicho, o esto ltimo? Cmo conecta ese es con el rbol? Hemos ponderado su gravitacin, pese a que entra de continuo en nuestro lenguaje? No hay otra palabra que le iguale en gravedad. Sin ella cualquier otra afirmacin se desploma. Pues bien, ese el ser es contiene el henchido secreto de todo el pensar. Cierro el parntesis: me ha interesado reproducir este texto de Heidegger sobre el filsofo eleata slo como recurso metodolgico. En el mundo medieval, al menos en el cristiano, hablar de entendimiento, memoria y voluntad sin referirse al alma es como descuidar el es que hace posible decir que el rbol es un manzano. Hay almas, somos almas, tenemos alma Aunque se tiene como caracterstica tpica del pensamiento agustiniano, se puede decir que es propio de todas las corrientes filosficas y teolgicas de los primeros padres de la Iglesia fundamentar la antropologa en dos nociones: ser imagen de Dios y, a la vez, y aunque parezca contradictorio, mostrarse como un ser cado por la culpa, segn la revelacin, por una banda, y ser racional, segn la filosofa griega. Agustn insistir en la existencia de una nica alma, como muy bien puede leerse en el De Trinitate: Estas tres facultades, memoria, entendimiento y voluntad, as como no son tres vidas, sino una vida, ni tres inteligencias, sino una sola inteligencia, tampoco son tres substancias, sino una sola substancia. La memoria, como vida, razn y substancia, es en s algo absoluto; pero en cuanto memoria tiene sentido relativo. Lo mismo es dable afirmar por lo que a la inteligencia y a la voluntad se refiere, pues se denominan inteligencia y voluntad en cuanto dicen relacin a algo no propio. En s mismas, cada una es vida, razn y substancia. Y estas tres facultades, por el hecho de ser una vida, una mente, una substancia, forman una sola realidad. Y as, cuanto se refiere a cada una de estas cosas le doy un nombre singular, no plural, incluso cuando las considero conjuntamente. En tanto que imagen (imagen imperfecta, pero imagen) de Dios, el espritu comprende una trinidad: es, entiende y ama. Ser, verdad y amor constituyen la trinidad psicolgica que se encuentra en el hombre, reflejo de la trinidad divina. El espritu es concebido como una substancia, como un sujeto (yo) indestructible en el que se unifican las actividades anmicas. Las relaciones entre las facultades se establecen en la unin substancial del alma: Son tres segn sus relaciones recprocas; y si no fueran iguales, no slo cuando una dice habitud a otra, sino incluso cuando una de ellas se refiere a todas las dems, no se comprenderan mutuamente. Se conocen una a una, y una conoce a todas ellas. Recuerdo que poseo memoria, entendimiento y voluntad; comprendo que entiendo, quiero y recuerdo; quiero querer, recordar y entender, y al mismo tiempo recuerdo toda mi memoria, inteligencia y voluntad. Lo que de mi memoria no recuerdo, no est en mi memoria. Nada en mi memoria existe tan presente como la memoria. Luego en su totalidad la recuerdo. De idntica manera s que entiendo todo lo que entiendo, s que quiero todo lo que quiero, recuerdo todo lo que s. Por consiguiente, recuerdo toda mi inteligencia y toda mi voluntad. Asimismo, comprendo estas tres cosas, y las comprendo todas a un tiempo. Nada inteligible existe que no comprenda, sino lo que ignoro. Lo que ignoro ni lo recuerdo ni lo quiero. En consecuencia, cuanto no comprendo y sea inteligible, ni lo recuerdo ni lo amo. Por el contrario, todo lo inteligible que recuerde y ame es para m comprensible. Mi voluntad, siempre que uso de lo que entiendo y recuerdo, abarca toda mi inteligencia y toda mi memoria. En conclusin, cuando todas y cada una mutuamente se comprenden, existe igualdad entre el todo y la parte, y las tres son unidad: una vida, una mente, una esencia. Las corrientes agustinianas medievales defendern la identificacin del alma con sus facultades; de ah que, desde esa perspectiva, slo en la unidad del alma se puedan formar stas. Prescindir de la mutua relacin de reciprocidad entre ellas es, prcticamente, anular su naturaleza. No olvidemos que las consideraciones psicolgicas medievales se mueven en el terreno de lo racional, de lo espiritual, de lo metafsico. No estamos, en el medieval, todava en un contexto en el que estas facultades obren por y para ellas mismas, sino para proteger y salvaguardar la nica unidad substancial de la que somos conscientes. Su actuacin, como hemos visto en el texto de Agustn, parece ser simultnea y sintonizada; las distingo en un acto de autoanlisis, pero no en su actuacin; si se las reconoce o nos damos cuenta de sus deficiencias, es desde el alma; es decir, si queremos, no son ms que el resultado de nuestra autoconciencia. Si analizamos obras espirituales medievales y renacentistas destinadas a la perfeccin y salvacin del alma, hallaremos, ms o menos, discursos similares en los que se demanda una estricta instruccin del entendimiento para que llegue a comprender los asuntos con claridad, los ordene, compare y juzgue bajo todos sus aspectos. Se tena muy claro que, para conseguir formar correctamente el entendimiento, era imprescindible el estudio de lo til y necesario, la reflexin sobre temas religiosos y seguir los mandamientos de la Santa Madre Iglesia. La Imitacin de Cristo de Toms de Kempis propone ms o menos estos criterios. El entendimiento se deforma con la superficialidad y el abandono a los placeres. Tener buena memoria es garanta de recepcin, asimilacin y manutencin de nuevos conocimientos. Se tiene muy claro que son ms fciles de retener y ms duraderas las experiencias que se acompaan de sentimiento. La retentiva memorstica depende de que se abracen los objetos clara y precisamente, y se impriman bien en nuestro sentido interno, se asocien a los conocimientos anteriormente adquiridos, se aporte el trabajo intelectual al vigor del cuerpo y del alma, y se quiera retener aquello que, en verdad, importa. De esta voluntad de retener combinacin entendimiento, memoria, voluntad- depende el buen aprendizaje de las cosas. La memoria es diferente en cada hombre, como tambin el entendimiento y la voluntad; la fuerza o debilidad de la memora puede ser general o extenderse a determinados campos. Hay quien tiene una buena o mala memoria para hechos e ideas. Hasta el siglo XIX, no podremos hablar de una psicologa experimental pura, una psicologa sin alma, entendida como ciencia positiva de los fenmenos psquicos. Se dejar entonces de hablar de facultades del alma y se pasar a distribuirlas en facultades cognitivas (percepcin, inteligencia, imaginacin y memoria) y volitivas, atendiendo a la expresin fenmenos psquicos, segn la definicin que acabamos de ofrecer. 4. Historia, economa y filosofa Esto ltimo que acabamos de exponer nos tiene que ayudar a entender la importancia de la historia en el anlisis textual. Por un inters que en la ltima parte de nuestro trabajo expondremos, nos hemos detenido en el tema de las facultades del alma. Pero si queremos entender dicho tema en el orden discursivo de nuestro documento, hemos de atender a una serie de datos histricos que condicionaron el sistema mercantil medieval. En primer lugar, no podemos olvidar la imagen negativa que, a lo largo de todo este perodo histrico, tiene el mercader. En la primera literatura cristiana, el comerciante no es bien visto y hay dudas acerca de algo tan importante como es su salvacin. Escribe Diana Wood: poda un comerciante obtener la salvacin? Tena el Cielo una entrada para ellos? Desde el siglo XII, los cannicos y los telogos se esforzaron por justificar sus actividades, incluso por mantener viva la esperanza y hacer que el comercio pareciera . Los telogos escolsticos empezaron a hablar de la salvacin de los comerciantes, especialmente si sus intenciones eran correctas. Aunque haya tentativas para justificar su trabajo por muy diversos motivos siempre que no se opongan a los principios de la doctrina cristiana (Agustn, Aelfric, Alejandro de Hales, Toms de Aquino), slo en los ltimos siglos de este perodo, sobre todo en las postrimeras a las que pertenece nuestra acta de sociedad comercial-, con el avance de las ideas humanistas, se mejorar la imagen de dicho individuo. Recordemos que, en 1078, en un concilio celebrado en Roma, se haba condenado a los comerciantes, ya que se tena como imposible dedicarse a la venta sin caer en el pecado, con lo cual quedaban fuera de la salvacin eterna. Segn Diana Wood, sta no era la actitud comercial o empresarial que poda dar lugar a un despegue econmico: Enrique de Hesse (o Langenstein, muerto en 1397), se extenda en este punto. Los nicos motivos por los cuales se justificaba el trabajo para ganar ms que la mera subsistencia eran la realizacin de obras pas, proveerse de modo razonable para futuras emergencias o mantener la descendencia. Cualquiera que haya ganado lo suficiente para alcanzar objetivos y sigue trabajando sin cesar para obtener riquezas o un nivel social ms elevado, de modo que pueda vivir sin trabajar, o que sus hijos sean ricos e importantes todos estos fines se guan por una avaricia condenable, por el placer fsico y por el orgullo.  Es cierto lo que dice la Dra. Wood; sin embargo, si esta manera de proceder se condenaba, era porque exista, porque haba quien vea la posibilidad de trabajar ms por fines que no eran la realizacin de la obras pas ni la provisin razonable para futuras emergencias o para mantener la prole. La actitud comercial (empresarial?) para un desarrollo econmico exista, pero las limitaciones eclesisticas lo impedan. Para llegar a contemplar en las vidrieras decoradas de las iglesias de East Anglia y Costwold, en Inglaterra, cmo los justos comerciantes no se vean a s mismos fuera del cielo, se tendrn que tener muy en cuenta, cronolgicamente, las aportaciones, prudentes y discretas, a favor de esa dedicacin por parte de san Agustn, Aelfric, Alejandro de Hales, santo Toms de Aquino Y no olvidaremos los datos que nos ofrece la historia para entender que hay una cierta correspondencia entre esas actitudes y la evolucin de la actividad econmica. Fijmonos en el escrito de Fernand Braudel: Por otra parte, las perspectivas largas de la historia sugieren, de manera quiz falaz, que la vida econmica obedece a grandes ritmos. Las gloriosas ciudades de la Italia medieval, cuya decadencia nos sealar brutalmente el siglo XVI, establecieron en un principio muy a menudo su fortuna sobre la base de los beneficios de los transportes terrestres o martimos. Esto ocurri tanto con Asti como con Venecia y Gnova. Vino despus la actividad comercial, y ms tarde la industrial. Finalmente, tarda culminacin, la actividad bancaria. A la inversa, la decadencia afect sucesivamente, a muy largos intervalos a veces y no sin retrocesos-, a los transportes, al comercio, a la industria, dejando subsistir por mucho tiempo an las funciones bancarias. En el siglo XVIII, Venecia y Gnova continan siendo lugares de colocacin de dinero. Los telogos, moralistas y canonistas no podrn negar el curso de los acontecimientos. Geogrficamente, el papado tiene muy cerca Venecia y Gnova, que materializan una evolucin econmica desde la prctica comercial al inters bancario. Pero el mercader no quiere rebelarse contra aquella doctrina que hasta ahora le ha condenado al fuego eterno del infierno, sino que desea ser bendecido por ella y protegido por ella. Sus operaciones y sus sociedades no se pueden crear al margen de los principios cristianos. El mundo mercantil empieza a entender que sus funciones tienen que comprenderse en el marco de una mentalidad teocrtica, teolgica y moralmente, hecho que se acenta en los ltimos momentos medievales. En la primera fase del humanismo renacentista, observaremos una reinterpretacin de los vicios y de las virtudes, factor decisivo, en el que ahora no entraremos, para activar esa actitud comercial o empresarial que poda dar lugar a un despegue econmico, segn apuntaba Wood. Leemos en su obra: Uno de los momentos ms importantes del humanismo econmico fue sin lugar a dudas el dilogo de Poggio Bracciolini sobre la avaricia. Sin la avaricia que motivaba la vida econmica, se acabara con las libertades, , sin que aparentemente hubiese ninguna contradiccin entre ambos trminos. A finales de siglo, un notario genovs annimo adverta: . Hasta su quiebra a mediados del siglo XV, los libros de la Compaa Bardi contaban con registros de caridad que se hacan en nombre . Quiz como resultado de estas prcticas, el dominicano florentino Remigio de Girolami (c. 1319) estaba seguro de que los comerciantes podan obtener la salvacin. El protocolo de Cller, a pesar de ser de mediados del siglo XV, se redacta todava con la que entendemos como mentalidad medieval. La idea de la salvacin de los comerciantes, como hemos dicho, slo se comprende como un logro en su mundo, en su mentalidad; por ello, empieza con las palabras siguientes: En nom de nostre Senyor Du sia e de la gloriosa Verge mare sua; donen bon guiatge, salvament e bonaventura. Amn. Todas las referencias a Dios del documento, como en las de otros de la poca, aunque sean protocolarias y sigan una determinada frmula retrica de orden administrativo o jurdico, o parezcan, si se nos permite la expresin, para-litrgicas, no remiten a algo que slo se entiende como ideal, subjetivo o figurado. Dios es. Como hemos apuntado anteriormente, su aparicin denota el reconocimiento positivo de la actividad comercial por parte de l. En un nivel jurdico, el Dios que se pone como testigo no puede no ser o ser un ente de ficcin. Advierte Diana Wood: En contraste con la anterior visin del Pseudo-Crisstomo, no era ya imposible que un comerciante complaciese a Dios, y algunos se esforzaban mucho por conseguirlo. En 1253 una empresa italiana empezaba sus registros con las siguientes palabras: , sin que aparentemente hubiese ninguna contradiccin entre ambos trminos. A finales de siglo, un notario genovs annimo adverta: . Hasta su quiebra a mediados del siglo XV, los libros de la Compaa Bardi contaban con registros de caridad que se hacan en nombre . Quiz como resultado de estas prcticas, el dominicano florentino Remigio de Girolami (c. 1319) estaba seguro de que los comerciantes podan obtener la salvacin. El protocolo de Cller, a pesar de ser de mediados del siglo XV, se redacta todava con la que entendemos como mentalidad medieval. La idea de la salvacin de los comerciantes, como hemos dicho, slo se comprende como un logro en su mundo, en su mentalidad; por ello, empieza con las palabras siguientes: En nom de nostre Senyor Du sia e de la gloriosa Verge mare sua; donen bon guiatge, salvament e bonaventura. Amn. Hay dos menciones ms de la divinidad que sern analizadas en el siguiente captulo. Todas las referencias a Dios del documento, como en las de otros de la poca, aunque sean protocolarias y sigan una determinada frmula retrica de orden administrativo o jurdico, o parezcan, si se nos permite la expresin, para-litrgicas, no remiten a un sentido translative o metafrico de Dios. Por decirlo de alguna manera, en estas clusulas, Dios es. Como hemos apuntado anteriormente, su aparicin denota el reconocimiento positivo de la actividad comercial a los ojos de Dios. Pero, en un nivel jurdico, el Dios que se pone como testigo no puede no ser o ser un ente de ficcin. Si algo no hace el derecho es bromear con asuntos serios y Dios y su cuerpo visible, que es la Iglesia, en esos tiempos, son asuntos muy serios. Dios est presente en el contrato como garanta de fiabilidad. El documento pretende ser comprendido desde la mentalidad cristiana que determina absolutamente toda la realidad y sobre la que se establecen, incluso, las propias relaciones comerciales. Pero Dios no slo es invisible-, sino que, en una aceptada relacin entre su Ser y su revelacin, se reconoce en la Escritura y, como es propio en los juramentos, se toca el objeto-libro que contiene su Palabra, especialmente los Evangelios: Item lo dit Ffranc Carbonell conv, jura e promet a Du e als sants quatre Evangelis, per les sues mans corporals tocats, que en e sobre la dita rah, affers e negocis de aquella se haur b, feelment, diligentment e leyal e dir e scriur de totes coses veritat e comptar ab los sobredits e ab lo dit honorable en Ffrancesch Oliver ax per sa part com per part de son frare. E si a la fi dels dits quatres anys primers voldran balanselar la dita companya ho puxer fer; e a la fi dels dits quatre anys donar e restituir als sobredits e a casc tot o e quant tindr de la dita rah e companya, tota dilaci, excepci, frau, enguan e malcia a part posades. Item les dites parts convenen, juren e prometen per nostre Senyor Du e per los seus sants quatre Evangelis, de lurs mans corporalment tocats, que los presents captols e totes e sengless coses en aquells contengudes tindran, compliran e observeran e contra aquests no faran o vindran directament o indirecta per alcuna causa o rah sots pena de .D. diners bons desss contenguda, volents e consentents que de la forma dels presents captols sien fetes tantes cartes pbliques, com les dites parts demanaran e hon volran, ab totes clusoles, cauteles e juraments necessries e opportunes a nom de notari devall scrit. En el orden de lo intangible, el juramento requiere, sin embargo, de lo tangible: el acto de tocar los evangelios como confirmacin visible del juramento. 5. Intangible: gestin del conocimiento y conocimiento de la gestin Hemos hablado de la sincdoque que se establece: la parte por el todo, la voluntad por todas las facultades anmicas, la voluntad por el alma en s. Venga de quien venga, interese a quien interese, lo cierto es que el ejercicio de la libre voluntad se establece en el contrato. Esto se hace porque, en esos momentos, se tiene muy claro que la voluntad se ha de dirigir siempre hacia el bien, hacia el cumplimento del deber y la adquisicin de la virtud. La voluntad impulsa a lograr fines elevados a travs de principios prcticos, los cuales llevan a una rapidez en la determinacin de las empresas y a una constancia en su ejecucin. En los negocios, lo que importa no es desear, sino realizar. Cuando obramos, demostramos que el querer es de buena ley y, entonces, fortalecemos nuestra voluntad. Con esta mentalidad, quizs sin tanta meditacin tica, se traza la clusula 6. El ejercicio de la libre voluntad aparece como un movimiento de nimo, totalmente privado de coaccin con la finalidad de no perder lo que se tiene o adquirir lo que es preciso. Se deja constancia de que Carbonell no es una persona forzada a unos determinados negocios y que, por lo tanto, no obra contra su voluntad, sino que, al contrario, es un hombre libre, un hombre que no hace las cosas por la fuerza. No slo hallamos el control de las posesiones, sino que, en el contrato, tambin se deja constancia del margen de movimiento humano. Por decirlo de alguna manera, se cuenta con el margen de libertad ante el comercio, es decir, con la autonoma humana de decisin. Pero no se ha pactado aqu su voluntad, sino la actividad total de su espritu, la cual la parte por el todo- se significa en la facultad que parece ser la que marca el final o la accin efectiva de las operaciones comerciales: la voluntad. Se cuenta, pues, sin conciencia digamos- histrica, con la gestin de conocimiento en la compra-venta. Conocimiento o informacin? Conocimiento e informacin? En su brillante discurso de ingreso a la Real Academia de Ciencias Econmicas y Financieras: Gestin del Conocimiento y Finanzas: una Vinculacin Necesaria, el Dr. Arturo Rodrguez Castellanos sostiene que es una combinacin organizada y estructurada de ideas e informacin, asumida por uno o varios seres humanos en un contexto y para un propsito determinado. Si nos fijamos en la clusula 6, aunque no se diga explcitamente, se cuenta con un sujeto al que se le deja plena libertad de accin no sin conocimiento de causa: Carbonell aparece como un autntico experto en materia mercantil. De ah que, ms que fijarse en lo que sabe, en la informacin poseda, se fija en sus recursos cognoscitivos, que son los que le llevarn a una eleccin efectiva. De la definicin expuesta por Arturo Rodrguez, queda patente escribe- que diferenciamos entre e ; el conocimiento es superior a la informacin, en el sentido de que es ms complejo, est estructurado, tiene ms dimensiones que la informacin, y, tal vez, lo ms importante, es una cualidad especfica de los seres humanos. La informacin es inerte y esttica; sin embargo, el conocimiento, al estar ligado al individuo, tiene elementos subjetivos, y es en esencia dinmico. Lo que se valora en nuestro documento es el uso eficiente de una cualidad especfica de los seres humanos. Con simple informacin, el negocio de los Oliver-Carbonell se dirige directo a la quiebra. La informacin no sirve de nada si no hay un espritu que la piense y la gestione. El negocio de Cller no necesita un sabio, es decir, un acumulador de conocimientos o un simple receptor de datos, sino un sujeto dinmico y autnomo: un autntico gestor. Se requiere de una persona que sepa hacer un uso correcto del capital intelectual. Rodrguez Castellanos nos define este capital como: el conjunto de conocimientos, considerado en un instante de tiempo determinado, que generan actualmente, o generarn en el futuro, valor para una organizacin, sea sta una empresa u otro tipo de entidad. El xito econmico, pues, est en la virtud, en la excelencia, en aquello que resulta de una perfecta armona de las facultades del alma. El alma es imagen de la Trinidad, de la perfeccin en la relacin personal. En la virtud, en tanto que resultado de la gestin del conocimiento por supuesto no en sentido pleno que se da en la economa moderna- y estado desde el que se conoce la virtud, est la clave de la administracin. No habr mercado si no brilla la luz interior del alma, y esta es, ms o menos, la mentalidad que gobierna la clusula 6 de nuestro documento. Sin conciencia de la nocin de intangible tal como lo entendemos actualmente en economa, nos damos cuenta de que aquello que se reconoce pero a lo que no se da una valoracin contable se mueve en un terreno entre lo psicolgico y lo moral. Todava no hemos llegado al punto de ver que lo espiritual puede ser intelectual sin ser moral, lo cual revoluciona la concepcin de gestin del conocimiento y, siguiendo las pautas de Arturo Rodrguez, ha de permitir contabilizar lo intangible. La filosofa y la historia, en este caso, tienen que ser las encargadas de indicar y estudiar la gestacin y evolucin de la nociones contemporneas de intangible, gestin del conocimiento y capital intelectual, que tanto interesan hoy en los planteamientos econmicos y empresariales. Si queremos hacer una reflexin filosfica del tema econmico medieval, no podemos obviar la filosofa moral que lo condiciona; lo dems, en ese perodo, son clculos, libros de cuentas, letras de cambio y seguros sin una cohesin facilitada por la matemtica, como sucede en la economa moderna. En el documento de Cller, el tema de lo intangible se valora, pero, por supuesto, no como algo contable, sino como algo que tiene que tiene que aportar notables beneficios a la empresa. En el registro de la contabilidad, figurarn la manutencin, la residencia, el vestido y el sueldo de algunos empleados, el caballo para realizar las compras y ventas en el interior de la isla, y los trabajos de administracin. Se deja muy claro que los efectos personales de Francesc Carbonell no entran como gastos. Carbonell es parte en la empresa y reconocido como experto, y por ello cuenta con libertad de movimiento. Esto se destaca simplemente para que no haya problemas, para que se sepa que, en su calidad de experto, no tiene limitacin de movimiento. Hoy, la clusula 6 del documento, ms detallada, pasara como un activo intangible. El propio Carbonell, conocedor del comercio interior y exterior, tendra que ver reflejadas en sus cuentas la gestin del conocimiento particular. No descartamos tampoco, que su libre actuacin, segn la lectura que se haga del texto, pueda llegar a tenerse como una concesin, como algo que se ha pedido o pactado pero que no tiene que suponer ms ganancias de lo pactado en la sociedad. Carbonell no es un manual de comercio viviente ni un maestro que vende formacin, la cual s que se podra pagar, como se haca en escuelas y universidades. Su gestin y su informacin, su voluntad, aqu, no se tienen como un servicio sino como el reconocimiento de la profesionalidad y del carcter de experto, que, en la prctica, se ver reflejado en los balances positivos de la sociedad mercantil. De la lectura de un documento como el que hemos comentado y de las apreciaciones tericas de Rodrguez Castellanos, tendramos que ir viendo el gradual tratamiento que hemos ido haciendo en el terreno econmico de lo intangible, para pasar a definir lo que hoy entendemos como intangible; ahora bien, si nuestra finalidad es, adems, intentar ver cmo contabilizar el intangible, creemos necesario no olvidar su valoracin diversa- a lo largo de la historia. En el caso de Carbonell, lo intangible cuenta o se tiene en cuenta, pero no se cuenta. Lo que hoy, en contabilidad, se cuente antes se ha tenido que tener en cuenta. A Francesc Fortuny, mi maestro, en el tercer aniversario de su muerte.  W. J. ONG, Oralidad y escritura. Tecnologas de la palabra, Mxico, Fondo de Cultura Econmica, 1999, p. 81,  Alberto BOSCOSO, Una societat comercial a la Sardenya catalana, Estudis dHistria Medieval, vol. III, Barcelona, Institut dEstudis Catalans, 1970, pp. 123-126.  Vid. ibdem, p. 123.  Vid. Jacques LE GOFF, Mercaderes y banqueros de la Edad Media, Madrid, Alianza Editorial, 2004, p. 25.  Ibdem, pp. 27-28.  Ibdem, pp. 28-29.  Clusula 5: Item que de la damunt dita quantitat o del semer de aquella lo dit Ffranci Carbonell haje a parar e tenir dins Castell de Cller una botiga en aquell loch qui a ell ser ben vist faedor.  Clusula 3: E primerament s pactat entre les dites parts que lo dit Franci Carbonell promet fer companya ab los sobredits e mentre en aquella fins en .M. florins dArag e casc dels dits honorables en Ffrancesch e Bernart Oliver altra tanta quantitat o ms, si ms lo dit Ffranc ni metr.  Clusula 4: Item s concordat entre les dites parts que la dita companya se haje a fer e fermar per temps de quatre anys comptadors del primer dia de maig any .MCCCCLVI. en anant, en lo qual dia e mes la dita comanya haje a principiar en Barchinona.  Clusula 7: Item s concordat entre les dites parts de la dita companya se haje a tenir en la forma desss dita per lo dit temps de quatre anys e aquella no puxa ser desfeta per alguna de les dites parts sots pena de .D. florins, la qual les dites parts de bon grau se imposen, e si la dita pena era comesa per alguna de les idtes parts, o que Du no vulla, la meytat sia guanyada a la part hobedient e laltra a la Cort, qui la excuci far.  Vid. ibdem, p. 27, n. 1.  Vid. Juan PLAJA COSTAL, Aritmtica mercantil y lgebra, Barcelona, Editorial Durn, 1946, pp. 113-114; Jos LOBEZ URQUA, Matemticas comerciales, Barcelona, 1967, p. 150.  Vid. BOSCOLO, loc. cit., p. 123. Clusula 8: Item s concordat entre les dites parts que lo dit Ffranc Carbonell puxa fer assegurar per la dita rah e companya totes aquelles robes e mercaderies o part de aquelles, que ell volr o ben vist li ser per profit e indempnitat de la dita rah. Clusula 9: Item s pactat entre les dites parts que lo dit Ffranc Carbonell puxa e vlega per la rah e companya damunt dita assegurar sobre qualsevol navili robes e mercaderies, quines se vulla que sien e de qualsevol persones, fins en quantitat de cent lliures, moneda de Cller, en casc navili, hon assegurar volr, e no ms anant.  HEIDEGGER, op. cit., pp. 106-107 (citado por Jos CORTS en Historia de la Filosofa del Derecho, t. I, Madrid, Editora Nacional, 1968, pp. 62-63).  Cfr. la introduccin de Victorino CAPANAGA al primer tomo de las Obras de San Agustn, Madrid, B.A.C., 1979, p. 64. Vase tambin, de Claude TRESMONTANT: Orgenes de la filosofa cristiana, Andorra, Editorial Casal i Vall, 1963, pp. 87-139.  AGUSTN, Tratado sobre la Santsima Trinidad, X, 11, 18 (San Agustn, Obras, Madrid, B.A.C., 1948, t. V, pp. 605-607).  Ibdem, p. 608: ... impar imago est humana mens, sed tamen imago.  Cfr. CAPANAGA, loc. cit., p. 69.  AGUSTN, op. cit., p. 607.  Sobre la distincin entre psicologa racional y experimental, vase mi trabajo La psicologa racional en el siglo XIX (2005) (consulta como dossier informtico).  Diana WOOD, El pensamiento econmico medieval, Barcelona, Crtica, 2002, p. 164. Cfr. LE GOFF, op. cit., pp. 84-118.  Cfr. ibdem, pp. 165, 167 y 169.  Vid. WOOD, op. cit., p. 165.  Enrique de Hesse, De contractibus, en J. Gerson, Opera omnia, vol. 4, Colonia, 1484, c. 12, f. 191r.  WOOD, op. cit., p. 18.  Vid. ibdem.  Pertenece al artculo Pour une conomie historique, publicado en La Revue conomique, I, mayo de 1950, pp. 37-44. Contina Braudel: No afirmo que este esquema, simplificado en exceso, sea perfectamente exacto; pero en este momento trato de sugerir ms que de demostrar. Para complicarlo y aproximarlo a lo real, habr que mostrar que cada nueva actividad corresponde al derribo de una barrera, a un obstculo vencido. Habra que indicar, asimismo, que estos ascensos y descensos no son lneas demasiado simples, que estn enturbiadas como debe ser- por mil interferencias parasitarias. Habra que mostrar, tambin, que estas fases sucesivas, desde los transportes a la banca, no surgen por ruptura brusca. En el punto de partida, como una simiente que contiene una planta virtual, cada economa urbana implica en diversos estadios todas las actividades, algunas todava en estado embrionario. Finalmente, existira un riesgo evidente en pretender deducir una ley de un ejemplo y en suponer que se llega a conclusiones a propsito de estos Estados en miniatura que fueron las ciudades italianas en la Edad Media (una microeconoma?), en servirse de este ejemplo para explicar, a priori, las experiencias de hoy. El salto resulta demasiado peligroso para darlo sin preocupaciones. Seguimos la traduccin castellana que se encuentra en: Fernand BRAUDEL, La historia y las ciencias sociales, Madrid, Alianza Editorial, 1986, pp. 55-56.  WOOD, op. cit., p. 168.  Por citar un ejemplo, vanse los Ensayos econmicos de David HUME.  Ibdem, pp. 169-170.  Ibdem, pp. 169-170.  Vid. la cuestin 77 de la 2-2 de la Suma Teolgica de Toms de Aquino.  RODRGUEZ CASTELLANOS, loc. cit., Barcelona, 2002, p. 12.  Ibdem, pp. 12-13. Vid. tambin la p. 16.  Ibdem, p. 14. Sobre este capital, ya hablamos en este seminario el pasado curso en nuestra exposicin: Aproximacin a la historia y a la ontologa de los intangibles econmicos.  Vid. ibdem, pp. 30-42.  Clusula 11: Item s convengut entre les dites parts que los loguers de les cases o botigues, que lo dit Ffranci Carbonell tindr per a obs e necessitat de la dita botiga o rah, e encara soldada de jvens o fadrins e vestir e calsar de aquells e encara lo cost e despesa de hun cavall, lo qual continuament puxa tenir per servitut e mester de la dita companya, se haje a pagar del com de la dita rah, exceptat lo vestir e calsar necessries per la persona del dit Ffranc, lo qual se haje a distribuyr de bns seus propis. Clusula 12: Item s concordat entre les dites parts que lo dit Ffranc Carbonell haje e conseguescha e haver e aconseguir puscha, levades primeramente totes messions e despeses fetes per causa de la dita rah e companya, e levat hun ter de tot lo guany e cabal de la dita comapnya, per lo ter que ell met en aquella, per sos treballs de la administraci de la dita companya, lo sis, con la sisena part de tot lo guany, que pertocar a Du dar als dos terces dels dits honorables Ffrancesch e Bernat Oliver.     Seminario IAFI: La informacin. Curso 2006-07 PAGE  PAGE 1 TUijkm   <GS(*+I\@ABV+зسhBlhM'#hdjhT0JU hX36h)H[hQ:hhTLhX3hv/h5hhYmHsH2Uj  *3>?< $a$gd& $`a$gdX3$H]H^a$gd$a$gd $`a$gdBl$a$gd!h>$H]H^a$gd?;<`t?A CZopqr̳̾ԫԧzh&hdqCJaJjhdq0JCJUaJhdqCJaJh&CJaJh&hdhQ:h+hhCJaJjh0JCJUaJhCJaJhX3jh0JUhhbEjhBl0JUh)H[hBlhM'#. 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