(Pierre Michon, Cuerpos del rey, Anagrama, Barcelona, 2006).
Resulta
evidente que los ecos de otras épocas y artistas
nos rodean. Pero, ¿cómo orientarse entre tanta
tradición? ¿Todo es ruido? ¿Existe algo
parecido a un canon con vocación occidental o, aún
mejor, universal que amablemente nos ofrezca su opinión?
De forma ineludible las ambiciones y las ansias tienen que verse
rebajadas. Somos un recipiente inadecuado, frágil, finito para tanto volumen cultural.
Parece que sólo desde las apreciaciones individuales con proyección
universal se podrán obtener esos hitos personales que nos orientan a través
del miasma de manifestaciones culturales. Seguro que gran parte de la aceptación
de esos referentes recae en el reconocimiento de su valor.
En Los cuerpos del rey, el aclamado Pierre Michon muestra parte de su nutridísimo
bagaje literario bajo una pléyade de formas. Un resumen somero sería
afirmar que utiliza las figuras de Samuel Beckett, Gustave Flaubert, William
Faulkner y Honoré de Balzac para compartir su erudición. Pero aún
sería un comentario insuficiente, se dejaría algo.
Comentarios críticos de sus autores favoritos, retazos autobiográficos,
líneas poéticas, exposición de una teoría literaria…Todo
ello sin ruborizarse por mostrar las fuentes de las que está bebiendo.
Michon señala algunos interrogantes como por qué motivo no iban
a identificarse los artistas con la apariencia que ellos nos facilitan, qué perdura,
si es que algo subsiste, de lo que se ha creado, o si realmente son necesarias
las formalidades encasilladoras y reduccionistas.
Estas maneras pueden atribuirse a otros nombres como Jean-Luc Godard en su Vivre
sa vie: Film en douze tableaux (1962). Aunque no sea objeto de este comentario,
además de la misma nacionalidad, pueden percibirse ciertas afinidades
entre estos artistas. Son reformuladores de sus medios, sinceros al mostrar sus
fuentes, francos en sus estilos que a través de la libertad armonizan
el hombre y sus universos poéticos, sin intermediarios ni elementos condicionantes.
El valor no sólo reside en las piezas o fragmentos que componen la obra,
la calidad del artista tejedor predomina. Es por todo ello que este libro resulta
altamente gratificante para aquellos que están en la búsqueda de
una hermosa opinión de calidad.
Septiembre
de 2006
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