(Charles Baxter, Primera
luz, RBA, Madrid, 2006)
Muchas editoriales
consideran un buen reclamo reproducir, antes en faldones extraíbles, ahora muchas veces en la cubierta
misma (por tanto no extraíble), las críticas que
de dicho libro han realizado bien los reseñistas de los
periódicos, bien escritores que están en boga o
bajo el aura del prestigio, así como también autores
en quienes ambas “circunstancias” se dan a la vez.
Un ejemplo de autor que reúne estas dos circunstancias,
moda y prestigio, podemos encontrarlo en Coetzee. Es como si
el mundo editorial y literario hubiese decidido suplir la ausencia
(voluntaria) de Coetzee en ruedas de prensa, presentaciones de
libros y todo tipo de apariciones públicas con la acusada
presencia (¿voluntaria?) en solapas y faldones como método
infalible de reclamo. ¿Se traiciona así su timidez? ¿Quiere
el Nobel sudafricano que una de sus citas, refrendada con su
nombre, aparezca en esos libros? ¿Puede elegirlo? ¿Acaso
sabe que está siendo utilizado por los tiburones del marketing
editorial? Últimamente puede verse su firma apoyando varias
novelas, entre ellas La historia del amor, de la joven
autora neoyorkina Nicole Krauss. Se trata de una obra algo floja,
infectada por un exceso de ñoñería y trucos
literarios de fácil calado. Surge entonces otro par de
cuestiones: que alguien tenga talento literario ¿implica
directamente que su criterio sea elegante, de peso, fiable? ¿Habrá algún
fanático de Coetzee que se haya comprado el libro de Nicole
Krauss por culpa de una asociación de ideas errónea?
En ese caso, y después de haber leído veinte páginas, ¿tiene
derecho el lector fanático de Coetzee a que le devuelvan
el dinero? Todavía muchas personas se mueven por ese círculo
viciado de asociaciones: Nabokov critica a Cervantes, Houllebecq
asegura que la literatura de Nabokov es de hojaldre; si seguimos
lógicamente esta cuestión de gustos ¿podríamos
afirmar que a Houllebecq le gusta el Quijote? Sólo
el tipo de persona que compró el libro de la Krauss porque
se fiaba de Coetzee podría decir que sí. Coetzee
es un escritor grande; no siempre podemos decir lo mismo de su
criterio literario.
La segunda
cita de Coetzee que he visto en los últimos
es acerca de la novela Primera luz, de Charles Baxter,
y viene impresa directamente en la cubierta (en la contraportada,
y por tanto secundarias, aparecen citas de periódicos: Newsday, The
New York Times y Los Angeles Times) del libro editado
por RBA. Hay varias cuestiones a desentrañar. Se trata
de la primera novela escrita por Baxter, en 1987, hace casi veinte
años. ¿Por qué este dato no aparece en la
solapa y uno debe averiguar la fecha mirando la página
de créditos o acudiendo a Internet? La cita de Cohetes
dice así: “Una lectura placentera desde la primera
hasta la última palabra por la delicadeza y la objetividad
de sus percepciones”. Cabe suponer que el sudafricano dijo
esa frase hace muchos años, si no justo en el momento
de la aparición, sí en un momento cercano a ella.
Lo que parece claro es que no ha sido ahora. Tal vez todo esto
no importe; se trataba de reseñar una novela y no de deslizarse
por cuestiones periféricas. No obstante, cabe decir que
a muchos de nosotros no nos gustaría que alguien nos recordara
lo que dijimos hace veinte años sobre casi cualquier cosa:
desde un juicio estético o literario hasta uno político
o deportivo. Y hablando de estrategias de marketing y de premios
Nobel; se nos viene de pronto a la cabeza la muerte de Mahfuz,
el escritor egipcio fallecido no hace mucho. La muerte de un
escritor algo reputado da mucho trabajo, y es rentable: los editores
reeditan sus obras (sí, también las menores, aquellas
que tal vez ellos no escogieron y probablemente no hayan leído… ¿imaginó Canetti,
Nobel y muerto, que una editorial publicaría los aforismos
que él se encargó de desechar?), los libreros buscan
ejemplares en el almacén o llaman a sus distribuidores
para darle un lugar de privilegio en la estantería, la
página web de la FNAC se apresura a poner algunos de sus
libros a la vista. ¿Es eso la inmortalidad? Y ¿cuánto
dura? Otro ejemplo de oportunismo editorial, que ha tomado también
como objetivo a un premio Nobel, pero éste vivo, es el
que ha provocado Günter Grass con las declaraciones sobre
su pasado nazi. La editorial que publica sus ensayos ha decidido
darle un lugar algo más visible en su catálogo.
Una vez
desvíado de la intención de reseñar
este libro, seguiré hablando de los mecanismos que mueven
a una editorial. La primera novela de Baxter que se publicó en
España fue El Festín del amor. Es una
buena novela (que por cierto, se trasladará a la gran
pantalla próximamente, y teniendo en cuenta que quien
adapta la novela es el guionista de Otoño en Nueva
York, podemos imaginar por dónde van los tiros; esta
vez Morgan Freeman dejará su papel de policía que
va de vuelta de todo para convertirse en un maestro de filosofía)
que recibió, como suele decirse, una cálida acogida
por parte de público y crítica: la última
novela que había escrito Baxter era la primera que se
publicaba aquí. Es algo que ocurre con frecuencia. Se
trata de una novela excelente, de prosa ágil y buenos
personajes. En España funcionó: ganó el
premio Llibreter y llegaron a hacerse varias reediciones. A continuación,
con la premura que da pensar en lo cerca que está en el
mundo editorial el éxito del olvido, publicaron Viaje
de invierno, un exquisito libro de cuentos inquietantes
y origin.ales. Vendría después otra elegante novela: Saul
y Patsy, escrita después del Festín del
amor y que trata de una pareja feliz hasta que el hombre,
que es maestro en una escuela de un pequeño pueblo de
Five Oaks, tiene que lidiar con un alumno incómodo, un
auténtico cretino estadounidense que se suicida delante
de él y cuyo espectro aparece después para torturarlo
desde el más allá con su mirada. Esta novela vendió menos
que El festín del amor.
Primera luz es
la última obra de Charles Baxter
que se ha publicado en este país y, como se ha dicho,
la ópera prima del escritor estadounidense. Los críticos
españoles han sido sumamente cautelosos al hablar de ella;
Baxter se ha consagrado, y eso hace que uno, por lo visto, se
vea obligado a andar con pies de plomo (¿cuántos
críticos musicales se atrevieron a decir la verdad sobre
los últimos conciertos que Miles Davis dio por Europa?),
incluso aunque la novela no esté a la altura de lo que
suele hacer Baxter. Sí se apuntan ya sus dotes descriptivas,
sí se despliega un lenguaje depurado en el que no caben
los adornos ni las piruetas, sí es preciso en el dibujo
de los personajes y del entorno social en el que se mueven; lo
que no está demasiado logrado es el ritmo narrativo de
la obra. Primera luz arranca con el encuentro de dos
hermanos que después de un tiempo sin verse deciden pasar
juntos el día de Acción de Gracias: ella es una
astrónoma de cierto prestigio que encontró al hombre
de su vida (un actor de cuarta categoría un poco idiota
pero muy buen amante) después de quedarse embarazada de
su tutor de proyecto, un famosísimo astrónomo patético
en la vida conyugal llamado x, mucho mayor que ella y probablemente
peor amante que el actor; el hermano, un vendedor de coches que
lleva una vida mediocre y cuyo matrimonio empieza a acusar cierto
tópico cansancio. El encuentro es algo tenso, ya que el
hermano no se lleva demasiado bien con el marido de su hermana;
Baxter hace flotar con maestría una niebla de incomodidad
durante los momentos de reunión familiar. No obstante,
la novela no sigue por ese camino sino que empieza paulatinamente
a enseñarnos su truco, un artificio novelesco; el encuentro
es el desenlace de la novela, y he aquí que la cosa empieza
a estropearse. Baxter va hacia atrás en el tiempo; habla
de la hermana estudiante, malviviendo con un personaje pretendidamente
sórdido, su tutor de proyecto, y de la juventud del hermano,
que era un gran jugador de jockey. De alguna manera, Baxter se
centra demasiado en la parte formal de la novela, y ese artificio
(para algunos no forzado) parece cobrarle factura: el hecho de
mantenerlo a rajatabla provoca que el interés en el argumento
deba ir in crescendo, cuando en realidad lo que hace
es desinflarse. A medida que la novela avanza, las cosas por
descubrir no resultan interesantes. La juventud de los dos hermanos
no explica nada de lo que ya sabemos de ellos; más bien
son recuerdos descafeinados, dulzonas anécdotas de familia
y pequeñas miserias de adolescencia que parecen ridículas
al lado de la situación actual (esto es, el principio
de la novela) en que se encuentran los hermanos. Recuerda en
algo a la película Irreversible, cuyo clímax
se desenreda al principio, se sostiene durante los primeros minutos
y se gasifica en la última parte, una vez se sabe ya lo
que ha ocurrido. Es una buena primera novela, si se quiere, pero
le chirrían algunas bisagras. Una vez expuesto esto, la
analogía está clara: al igual que en su novela,
el ritmo basado en el orden de edición de las obras de
Baxter en España va, poco a poco, perdiendo interés.
Septiembre
de 2006
|