Tenemos una cita
David Aceituno
Charles Baxter, Primera luz, RBA, Madrid, 2006
Muchas editoriales consideran un buen reclamo reproducir, antes en faldones extraíbles, ahora muchas veces en la cubierta misma (por tanto no extraíble), las críticas que de dicho libro han realizado bien los reseñistas de los periódicos, bien escritores que están en boga o bajo el aura del prestigio, así como también autores en quienes ambas “circunstancias” se dan a la vez. Un ejemplo de autor que reúne estas dos circunstancias, moda y prestigio, podemos encontrarlo en Coetzee. Es como si el mundo editorial y literario hubiese decidido suplir la ausencia (voluntaria) de Coetzee en ruedas de prensa, presentaciones de libros y todo tipo de apariciones públicas con la acusada presencia (¿voluntaria?) en solapas y faldones como método infalible de reclamo. ¿Se traiciona así su timidez? ¿Quiere el Nobel sudafricano que una de sus citas, refrendada con su nombre, aparezca en esos libros? ¿Puede elegirlo? ¿Acaso sabe que está siendo utilizado por los tiburones del marketing editorial? Últimamente puede verse su firma apoyando varias novelas, entre ellas La historia del amor, de la joven autora neoyorkina Nicole Krauss. Se trata de una obra algo floja, infectada por un exceso de ñoñería y trucos literarios de fácil calado. Surge entonces otro par de cuestiones: que alguien tenga talento literario ¿implica directamente que su criterio sea elegante, de peso, fiable? ¿Habrá algún fanático de Coetzee que se haya comprado el libro de Nicole Krauss por culpa de una asociación de ideas errónea? En ese caso, y después de haber leído veinte páginas, ¿tiene derecho el lector fanático de Coetzee a que le devuelvan el dinero? Todavía muchas personas se mueven por ese círculo viciado de asociaciones: Nabokov critica a Cervantes, Houllebecq asegura que la literatura de Nabokov es de hojaldre; si seguimos lógicamente esta cuestión de gustos ¿podríamos afirmar que a Houllebecq le gusta el Quijote? Sólo el tipo de persona que compró el libro de la Krauss porque se fiaba de Coetzee podría decir que sí. Coetzee es un escritor grande; no siempre podemos decir lo mismo de su criterio literario.

La segunda cita de Coetzee que he visto en los últimos es acerca de la novela Primera luz, de Charles Baxter, y viene impresa directamente en la cubierta (en la contraportada, y por tanto secundarias, aparecen citas de periódicos: Newsday, The New York Times y Los Angeles Times) del libro editado por RBA. Hay varias cuestiones a desentrañar. Se trata de la primera novela escrita por Baxter, en 1987, hace casi veinte años. ¿Por qué este dato no aparece en la solapa y uno debe averiguar la fecha mirando la página de créditos o acudiendo a Internet? La cita de Cohetes dice así: “Una lectura placentera desde la primera hasta la última palabra por la delicadeza y la objetividad de sus percepciones”. Cabe suponer que el sudafricano dijo esa frase hace muchos años, si no justo en el momento de la aparición, sí en un momento cercano a ella. Lo que parece claro es que no ha sido ahora. Tal vez todo esto no importe; se trataba de reseñar una novela y no de deslizarse por cuestiones periféricas. No obstante, cabe decir que a muchos de nosotros no nos gustaría que alguien nos recordara lo que dijimos hace veinte años sobre casi cualquier cosa: desde un juicio estético o literario hasta uno político o deportivo. Y hablando de estrategias de marketing y de premios Nobel; se nos viene de pronto a la cabeza la muerte de Mahfuz, el escritor egipcio fallecido no hace mucho. La muerte de un escritor algo reputado da mucho trabajo, y es rentable: los editores reeditan sus obras (sí, también las menores, aquellas que tal vez ellos no escogieron y probablemente no hayan leído… ¿imaginó Canetti, Nobel y muerto, que una editorial publicaría los aforismos que él se encargó de desechar?), los libreros buscan ejemplares en el almacén o llaman a sus distribuidores para darle un lugar de privilegio en la estantería, la página web de la FNAC se apresura a poner algunos de sus libros a la vista. ¿Es eso la inmortalidad? Y ¿cuánto dura? Otro ejemplo de oportunismo editorial, que ha tomado también como objetivo a un premio Nobel, pero éste vivo, es el que ha provocado Günter Grass con las declaraciones sobre su pasado nazi. La editorial que publica sus ensayos ha decidido darle un lugar algo más visible en su catálogo. 

Una vez desvíado de la intención de reseñar este libro, seguiré hablando de los mecanismos que mueven a una editorial. La primera novela de Baxter que se publicó en España fue El Festín del amor. Es una buena novela (que por cierto, se trasladará a la gran pantalla próximamente, y teniendo en cuenta que quien adapta la novela es el guionista de Otoño en Nueva York, podemos imaginar por dónde van los tiros; esta vez Morgan Freeman dejará su papel de policía que va de vuelta de todo para convertirse en un maestro de filosofía) que recibió, como suele decirse, una cálida acogida por parte de público y crítica: la última novela que había escrito Baxter era la primera que se publicaba aquí. Es algo que ocurre con frecuencia. Se trata de una novela excelente, de prosa ágil y buenos personajes. En España funcionó: ganó el premio Llibreter y llegaron a hacerse varias reediciones. A continuación, con la premura que da pensar en lo cerca que está en el mundo editorial el éxito del olvido, publicaron Viaje de invierno, un exquisito libro de cuentos inquietantes y origin.ales. Vendría después otra elegante novela: Saul y Patsy, escrita después del Festín del amor y que trata de una pareja feliz hasta que el hombre, que es maestro en una escuela de un pequeño pueblo de Five Oaks, tiene que lidiar con un alumno incómodo, un auténtico cretino estadounidense que se suicida delante de él y cuyo espectro aparece después para torturarlo desde el más allá con su mirada. Esta novela vendió menos que El festín del amor.

Primera luz es la última obra de Charles Baxter que se ha publicado en este país y, como se ha dicho, la ópera prima del escritor estadounidense. Los críticos españoles han sido sumamente cautelosos al hablar de ella; Baxter se ha consagrado, y eso hace que uno, por lo visto, se vea obligado a andar con pies de plomo (¿cuántos críticos musicales se atrevieron a decir la verdad sobre los últimos conciertos que Miles Davis dio por Europa?), incluso aunque la novela no esté a la altura de lo que suele hacer Baxter. Sí se apuntan ya sus dotes descriptivas, sí se despliega un lenguaje depurado en el que no caben los adornos ni las piruetas, sí es preciso en el dibujo de los personajes y del entorno social en el que se mueven; lo que no está demasiado logrado es el ritmo narrativo de la obra. Primera luz arranca con el encuentro de dos hermanos que después de un tiempo sin verse deciden pasar juntos el día de Acción de Gracias: ella es una astrónoma de cierto prestigio que encontró al hombre de su vida (un actor de cuarta categoría un poco idiota pero muy buen amante) después de quedarse embarazada de su tutor de proyecto, un famosísimo astrónomo patético en la vida conyugal llamado x, mucho mayor que ella y probablemente peor amante que el actor; el hermano, un vendedor de coches que lleva una vida mediocre y cuyo matrimonio empieza a acusar cierto tópico cansancio. El encuentro es algo tenso, ya que el hermano no se lleva demasiado bien con el marido de su hermana; Baxter hace flotar con maestría una niebla de incomodidad durante los momentos de reunión familiar. No obstante, la novela no sigue por ese camino sino que empieza paulatinamente a enseñarnos su truco, un artificio novelesco; el encuentro es el desenlace de la novela, y he aquí que la cosa empieza a estropearse. Baxter va hacia atrás en el tiempo; habla de la hermana estudiante, malviviendo con un personaje pretendidamente sórdido, su tutor de proyecto, y de la juventud del hermano, que era un gran jugador de jockey. De alguna manera, Baxter se centra demasiado en la parte formal de la novela, y ese artificio (para algunos no forzado) parece cobrarle factura: el hecho de mantenerlo a rajatabla provoca que el interés en el argumento deba ir in crescendo, cuando en realidad lo que hace es desinflarse. A medida que la novela avanza, las cosas por descubrir no resultan interesantes. La juventud de los dos hermanos no explica nada de lo que ya sabemos de ellos; más bien son recuerdos descafeinados, dulzonas anécdotas de familia y pequeñas miserias de adolescencia que parecen ridículas al lado de la situación actual (esto es, el principio de la novela) en que se encuentran los hermanos. Recuerda en algo a la película Irreversible, cuyo clímax se desenreda al principio, se sostiene durante los primeros minutos y se gasifica en la última parte, una vez se sabe ya lo que ha ocurrido. Es una buena primera novela, si se quiere, pero le chirrían algunas bisagras. Una vez expuesto esto, la analogía está clara: al igual que en su novela, el ritmo basado en el orden de edición de las obras de Baxter en España va, poco a poco, perdiendo interés.

                                                                                                              
Septiembre de 2006