LA RESPONSABILIDAD

¿A qué llamamos “responsabilidad”? Evidentemente a una especie de respuesta que da la razón acerca de un acto. La forma de la respuesta es lo de menos: “Lo hice por XXX”, “Yo sabía lo que estaba haciendo”, “Me hago cargo de”, etc. Toda otra respuesta en un sentido opuesto: “No sé qué me pasó”, “Perdón, no sabía lo que hacía”, etc. sirve como adecuado alegato de irresponsabilidad.

Ahora bien, también el alegato de “irresponsabilidad” puede presentarse como simple falta de respuesta. O sea que quien se declara o se siente irresponsable de un acto puede hacer dos cosas: responder que no tiene respuesta y, al mismo tiempo, no responder nada en absoluto. El caso paradigmático de la falta de respuesta acerca de la responsabilidad por un acto se presenta cuando el irresponsable alega locura. En efecto, quien es categorizado o calificado como demente es inmediatamente declarado irresponsable, lo cual significa que no puede ser imputado, ni castigado, no es sujeto de acción razonable ni puede asumir obligación alguna por sus actos.

La defensa habitual de los criminales es la alegación de locura: “No sé qué me pasó, perdí la cabeza…”, etc.

Francis García Collado llama mi atención sobre el caso de Henriette Cornier, una infanticida del siglo XIX que Foucault examina en su curso de 1974-5, Les Anormaux. La acusación en el caso Cornier procuró demostrar que la asesina sabía lo que estaba haciendo cuando mató de forma fría y premeditada a una niña de su vecino. La defensa, en cambio, intentó demostrar que Cornier no era responsable de sus actos porque estaba loca. Los jueces requirieron entonces un peritaje psiquiátrico pero éste no zanjó el diferendo sino que recalificó el crimen estableciendo una nueva categoría psiquiátrica, el acto instintivo: Cornier no había sido ni responsable ni irresponsable sino que había cometido su crimen por instinto. No se resolvía así la cualificación del crimen pero se daba un nuevo horizonte disciplinar a la psiquiatría como ciencia que, en adelante, se aplicaría a prever, analizar, interpretar y juzgar todos los actos –incluso aquellos que no son racionales, como pueden ser los “actos instintivos”–, como si fueran racionales. De este modo, el poder psiquiátrico dio legitimidad a una irresponsable responsabilidad y con ello, abrió el camino para un sinnúmero de iniquidades y a un caudal incalculable de dolor.

¿Qué queda cuándo eres objeto de una irresponsable responsabilidad y no tienes ninguna respuesta a mano? La ley del Talión. A veces, no hay otra manera de reparar un daño.

Comments are closed.

Post Navigation