IMAGINAR (III)

Los siempre sugestivos vericuetos de Wittgenstein. Encuentro entre mis anotaciones este pasaje extraído de uno de los batiburrillos que sus albaceas von Wright y Anscombe compilaron bajo el título Gramática filosófica:

[…] “¿hablamos acerca de mi comprensión o de la comprensión de otras personas?”
“Sólo yo puedo saber si entiendo, los demás sólo pueden conjeturar.”
“Él entiende es una hipótesis; ‘Yo entiendo’ no”.
Si esto es lo que decimos, entonces concebimos “entender” como una experiencia, análoga, por ejemplo, al dolor. (Wittgenstein, Phil. Grammar, 83)

Y me acuerdo de…

–No has entendido nada, Enrique.
–¿Pero cómo puedes tú saber lo que yo he entendido?
–No te entiendo.
–Yo tampoco.
–A ver si me entiendes.
–¿Pero cómo?

Wittgenstein continúa:

La gente dice: “No puedes saber si entiendo o no (saber si me complace o no), etc.; no puedes mirar dentro de mí.” “No puedes saber en qué pienso”. Sí, pero eso es así mientras no se te ocurra pensar en voz alta y no nos interesa aquí la diferencia entre pensar en voz alta (o escribir) y pensar en la imaginación (Ibid.).

Cada uno de nosotros es una mónada hermética, inalcanzable, un mundo que el otro sólo puede imaginar; y ahora que imagino lo que entiendes o lo que te complace, ahora que creo entenderte con toda certeza, preferiría no haberlo sabido nunca.

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