MANÍA

Ión habla por boca de un dios (o de un verdadero poeta o de su musa) pero no lo sabe. Cree ser el mejor estratego de la Hélade porque puede recitar la disposición de una batalla tal como aparece en un poema que ya no recuerda haber aprendido de memoria. Confunde el saber con la experiencia de saber; algo que puede resultar sumamente engañoso. A Ión lo domina una manía que los románticos confundían con la inspiración y, en el paroxismo de sus propios delirios razonados, con la llamada ”creación”.

(No está solo: el mundo está lleno de papanatas y pobres de espíritu que se creen ”creativos” solamente porque son presa de la locura. La locura no tiene nada que ver con la creación sino con la muerte.)

¿Pero alguien estuvo alguna vez ”inspirado”? Nunca. En una entrevista que dio en Barcelona dos años antes de morir (y de la que he sabido por Elisenda Julibert) Susan Sontag hace un par de observaciones pertinentes a propósito de la creatividad y la inspiración. Por una parte afirma que toda creación se apoya en alguna especie de disidencia y sostiene que para crear es preciso disentir u oponerse a alguna pauta establecida; opinión que recuerda a los tópicos de la heroicidad del artista romántico pero que no obstante contiene algo de verdad, cuando menos si tenemos en cuenta el ejemplo de aquél que introdujo el primer novum en el mundo –Jesucristo–, quizá el más conspicuo de los disidentes.

Y por otra parte Sontag describe someramente en la entrevista cuánto esfuerzo pone en hacer creer que todo lo que le sale del caletre es natural y espontáneo, que viene ya arropado en una forma y que está inspirado, cuando en realidad es el producto del trabajo, la dedicación y de una técnica sutil de simulación que le sirve para borrar las huellas de su artesanía.

No hay inspiración, no hay creación, ningún dios nos habla al oído. Sólo hay (cuando la hay) manía, que es muy poca cosa. Así pues, por mucho que nos duela en el alma romántica, cabe concluir que quien se presenta como un creativo maníaco es casi con toda seguridad un vulgar farsante.

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