CONTRALTO

Parece una simple cuestión de timbres (¿o será de timbres y tonos?) pero la voz de contralto tiene un encanto inconfundible que no se puede definir y, desde un punto de vista vocal, parece lo más puramente híbrido. No tiene género ni puede ser determinado y sin embargo es un registro único. Es la voz del Hermafrodita, es decir, lo que nuestra fantasía imagina en una especie de monstruo que, no obstante, se identifica con una mujer.

A diferencia del contratenor que, si no es castratto, su voz resulta impostada y técnica, la voz de la contralto es un registro natural que solo es accesible a una mujer.

Aunque, claro está, no es una mujer corriente

(¿Hay alguna que lo sea?)

sino que es una mujer extraordinaria y justamente aquí, en esa condición femenina insólita, trasgresora y fantasmal, está su mayor atractivo porque nos introduce una mujer sin sexo –o sea, sin peligro– una mujer sagrada que canta desde un fondo trascendente, sobrehumano: por eso puedo representarme adorando a la contralto pero no consigo pensarme amándola.

Imagina entonces lo que sería un mundo poblado de contraltos.

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