LO QUE YO QUIERO

El hombre se despierta despejado y sereno. Recibe los primeros atisbos de un estado del mundo. Puede reconocer su cuerpo que, por una vez, no le anuncia trastorno alguno. Qué extraño. Todo está quieto a su alrededor. Se descubre pensando en lo que quiere. No piensa en lo que ama, no, piensa en lo que quiere y, como era previsible, acaba por pensar en que quiere.

Querer es un misterio, un indefinible que no obstante nos representa una infinidad de actos, genera choques con los demás, plantea inevitables conflictos e insatisfacciones, suscita expectativas y al final da pábulo a la esperanza. Lo que quiero es lo que vivo, de tal modo que cuando la voluntad enferma parece como si se anticipara la muerte.

–¿Y tú qué quieres?
–Salir de mí; que por una vez pudiese no querer nada.

¿No querer nada? Hay que admitir que el hombre empieza el año de forma un tanto frívola.

(Ya es algo.)

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