UN ROSTRO DE LA HISTERIA

En el libro El dolor de la histeria (Buenos Aires:Paidós, 1991), el psicoanalista J.D. Nasio se pregunta por el rostro que adopta la histeria en análisis, en nuestra época contemporánea. Verifica tres posiciones, o tres estados del yo histérico. A cada uno de estos estados, los llama respectivamente, el yo insatisfecho, el yo histerizador y el yo tristeza. Me voy a detener solamente en el primero, el yo insatisfecho, no sin antes hacer una breve referencia a Freud y Lacan.

Freud produjo a finales del siglo XIX una extracción de la histeria del discurso médico. Descubre que las histéricas “sufren de reminiscencias”, las que se mantienen apartadas de la conciencia por medio de una “disociación” que interviene en ciertos grupos de representaciones. A este proceso le da el nombre de represión. Considera que lo reprimido tiende a expresarse simbólicamente por intermedio del cuerpo (paràlisis, cegueras, contracturas, dolores, etc.). El análisis del sueño de La bella carnicera permite a Freud discernir cómo la histérica se crea un deseo insatisfecho, cuyo correlato es la distancia del objeto. El rasgo de estructura de la histeria es el mantenimiento del deseo insatisfecho.

Lacan (De una cuestión preliminar), indicó que a partir de la posición del Otro y en la dimensión de la pregunta, es posible establecer la diferencia de estructuras entre neurosis y psicosis. El sujeto histérico es aquél que pone en juego la pregunta acerca de su identificación sexual: ¿qué soy, hombre o mujer? o, preguntas que en la actualidad están alejadas de la sexualidad, como por ejemplo, ¿para qué sirvo? ¿sé hacer algo?, que vuelven repetidamente en momentos en que han de presentarse como candidatos para ocupar algún puesto de trabajo y sienten la dificultad de poderlo definir.

En la histeria aparece la particularidad de un síntoma: la queja histérica. El quejica se queja demasiado y muchas veces sin causa. El sujeto neurótico histérico, instalado en ese estado que Nasio denomina el yo insatisfecho, es aquel que, sin saberlo,

“impone un lazo afectivo con el otro, encarnando el papel de víctima desdichada y permanentemente insatisfecho”(p. 16).

La pregunta que Nasio se plantea y que la hago propia, es acerca de la razón que hace vivir en esta posición de insatisfacción, cuando sería recomendable estar ocupado en lograr algún placer que proporcione algo de felicidad. La razón tiene que ver con el miedo que siente ante lo que fantasmáticamente vive como un “peligro de vivir la satisfacción de un goce máximo. Un goce, que si lo viviera, lo volvería loco…” (p.16). Las figuras de este goce máximo pueden ser imaginadas de distintas formas , poco importa. Ya sea como locura, sufrimiento de la muerte, etc., el caso es que cada sujeto con esta estructura puede imaginar un tipo de peligro al que estaría expuesto si fuese capaz de gozar. Para mantener alejada esta amenaza , de un goce que podría dañarle, alimenta su insatisfacción con un guión fantasmático monstruoso. Unas veces aparece encarnado en un Otro fuerte (de caràcter firme, duro, cuya potencia le hará sentirse humillado), y otras, en un Otro débil (el partenaire impotente, con poco carácter, que despierta desprecio o piedad). Pero se trate de un rasgo de potencia o de impotencia con el Otro del fantasma o con algún semejante de su realidad, la relación siempre le resultará decepcionante; y por tanto, la neurosis poblada de conflictos, impedimentos y dificultades, será su escudo protector contra el peligro de sentir ese goce fantasmático. Vivir con este temor y defenderse de una supuesta satisfacción plena, hace que disminuya su angustia.

En la literatura encontramos un relato que ilustra de manera ejemplar un libreto fantasmático histérico, el mito de Eros y Psique, escrito por Apuleyo en su obra La metamorfosis o el Asno de Oro, en particular, en el fragmento donde el padre de Psique, preocupado por la falta de pretendientes de su hija pequeña, Psique, comenzó a sospechar que tenía malquerencias con los dioses, por lo que se acercó al oráculo de Apolo, quien le contestó:

Pondrás esta moza adornada de todo aparato de llanto y luto, como para enterrarla, en una piedra de una alta montaña y déjala allí. No esperes yerno que sea nacido de linaje mortal; mas espéralo fiero y cruel, y venenoso como serpiente: el cual, volando con sus alas, fatiga todas las cosas sobre los cielos, y con sus saetas y llamas doma y enflaquece todas las cosas; al cual, el mismo dios Júpiter teme, y todos los otros dioses se espantan, los ríos y lagos del infierno le temen (Capítulo V).

En la actualidad, la presentación de la histeria puede aparecer en la clínica con nuevos síntomas, como la frigidez en las mujeres y la impotencia en los hombres, que tienen relación con fobias inconscientes. Y estos fenómenos podrían enmarcarse en un tipo de anorexia sexual.

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