NOBLEZA DE ESPÍRITU

Hegel se ocupa de abordar diferentes maneras que tiene el ser humano de liberarse o de aliviarse del dolor, el espanto y la desesperación cuando se encuentra confrontado a un destino ineludible. Sostiene que cuando sobreviene una gran desdicha, por la que se sentirá con el ánimo alterado, el hombre tiene la alternativa de poder reaccionar de dos formas. La primera consiste en proclamar a voz en grito el afecto que se siente, como por ejemplo, el dolor por una traición, la desesperación por la pérdida de un ser amado. Quiere hacer público de viva voz su sufrimiento y que sea conocido por todos los que le rodean. Podríamos decir que no dispone de recursos simbólicos para no dejarse llevar por la pasión que siente. Ésta le arrastra, le sobrepasa. La segunda, propia de una naturaleza “elevada y noble” puede desligarse de ello, se pone por encima de tal limitación y puede permanecer apacible, sosegado, sin turbación física o moral, en un estado de serenidad sobre el pathos determinado. ¿Cómo dibuja Hegel esta liberación? Este fragmento es ejemplar:

Un espíritu fuerte y noble contiene la queja como tal, mantiene cautivo el dolor y conserva así la libertad de ocuparse en la representación con cosas muy lejanas, a pesar del sentimiento del dolor… El hombre se halla entonces por encima de su dolor, con el que no se identifica en su entera mismidad, sino que se distingue también de él, y por eso puede ocuparse todavía con otras cosas (Lecciones de Estética, I. Trad. Raúl Gabás. Barcelona, Península, p. 367).

Pero además, da otra indicación. El hombre de naturaleza noble es capaz de poner delante de sí su dolor. ¿Cómo?

a través de comparaciones siempre nuevas… que expresa objetivamente mediante repetidas y acertadas imágenes, y retiene tanto más profundamente el dolor en medio del juego de esa manifestación (p. 368).

Y ¿cómo consigue desligarse del dolor que siente? Para Hegel, la prueba de esa liberación es el hecho de que se muestre todavía capaz de semejanzas.

En lo cotidiano vivimos rodeados de los que no pueden desligarse de su dolor; por eso nos exponen a escuchar interminables relatos de experiencias dolorosas del pasado y nos dicen “no puedo olvidarme de este recuerdo”. Parece que repitiéndolo, una y otra vez, fuese la única forma que han encontrado de aliviarse, desde una posición de víctima. Pero sabemos que esa posición es tramposa, porque no se hace responsable de su posición de goce en el sufrimiento; del que no se quiere desprender –como mal menor– y cambiarla por una posición deseante.

Es lo contrario que hace el poeta, capaz de objetivar su dolor y encontrar la transición a una semejanza por medio de la poesía:

DESPEDIDA

Me despediré
en la encrucijada
para entrar en el camino de mi alma
Despertando recuerdos
y horas malas
llegaré al huertecillo
de mi canción blanca
y me echaré a temblar como
la estrella de la mañana.

Federico García Lorca. Poesía. Obras Completas I. Galaxia Gutenberg. Círculo de Lectores, p. 222.

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