PRINCIPIOS

En su imponente obra, Crítica de la razón práctica, Kant sostiene que los principios son “las preposiciones que contienen una determinación universal de la voluntad”, de la que se subordinan (se deducen) reglas prácticas. El término alemán que utiliza es Grundsätze, que significa “principio básico”, pero sólo Grund quiere decir “fondo, suelo, tierra, terreno, fundamento, base, razón, porqué, motivo, móvil, causa, argumento, fondón o presuposición”; y sätze por separado supone “tarifas o tasas”.

A modo de juego, uno puede suponer que Kant quería decir que la moral es la “tarifa básica” que nos permite mirar a los ojos a las personas o incluso mirarlas por encima y a través de los suyos.

Kant continúa y sostiene que este “principio fundamental” se convierte en imperativo cuando no está regido por la “facultad de desear” subjetiva. Por ello, el imperativo es objetivo y el “principio” corresponde a la “razón del sujeto” (Cfr. KpV, 19-22).

Si sigo con el juego de términos, intentar cobrarle a todos por igual esa “tarifa básica” es el objetivo del imperativo (hacer de una tarifa propia un impuesto). Cobrar impuestos sólo se hace por ley y la democracia supone separar de la “facultad de desear” de un sujeto el poder de determinar la impositiva (el paso del señor feudal recaudador, al inspector de hacienda, supongo).

Recuerdo que en la explicación que le da el inspector de bomberos a Montag de por qué quemar libros, en otra fantástica obra, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, uno de los ejemplos que se toma es la Ética nicomáquea de Aristóteles, en cuya lectura –a juicio del inspector- se hallaba el peligro de creerse superior moralmente a los demás. Nada más absurdo, porque el conocimiento no supone obrar mejor, sólo permite advertir de forma más completa por qué ninguna prescripción moral resulta efectiva.

Por tanto, leer obras como las de Kant o Aristóteles a este respecto, por citar los casos más paradigmáticos y discutidos de esta disciplina filosófica, no supone un riesgo. Sin embargo, adquirir compromisos a raíz de esas lecturas o reconocerse a posteriori en ellas es siempre una condena. Los principios son siempre eso, una condena a uno o a los demás, dependiendo de lo señor feudal que nos despertemos cada día.

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