LA TAREA

Todas las tareas se parecen quizá porque todas empiezan igual. Hay un momento en que el cuerpo avisa que está dispuesto y basta con colocar las manos sobre la mesa, como hace el pianista al posar los dedos sobre el teclado en el momento inicial de la interpretación y dejar que, poco a poco, el espacio entero sea ganado por la atención. Entonces basta con dejarse llevar.

Pero de un tiempo a esta parte, el momento de ponerse a la tarea es diferente. Eliot lo describe con precisión en East Coker: In my beginning is my end. Los años del aprendizaje son muy largos; se tarda una eternidad en aprender a usar las palabras y, cuando se alcanza el grado óptimo de la pericia, ya casi no queda nada por decir:

Because one has only learnt to get the better of words
For the thing one no longer has to say, or the way in which
One is no longer disposed to say it. And so each venture
Is a new beginning, a raid on the inarticulate
With shabby equipment always deteriorating
In the general mess of imprecision of feeling,
Undisciplined squads of emotion.

¿Para qué quiero yo la precisión si a mi alrededor el mundo se resquebraja? Lo que uno querría sería volver a balbucear como antes.

(No, no ha sido una buena idea volver a los Cuartetos.)

Alcanzar una cima del arte junto con la consciencia de lo ya sabido y la certeza de que:

[…] what there is to conquer
By strength and submission, has already been discovered
Once or twice, or several times, by men whom one cannot hope
To emulate—but there is no competition—
There is only the fight to recover what has been lost
And found and lost again and again: and now, under conditions
That seem unpropitious. But perhaps neither gain nor loss.
For us, there is only the trying. The rest is not our business.

Oh, no puedo soportar tanta verdad.

(¿Por qué vuelves a los Cuartetos, infeliz?)

Ah, perdóname. Ha sido sin intención.

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