ALGO EXPERIMENTAL

¿Por qué es tan vertiginosa la experiencia de cambiar de pareja amorosa? El sentido común sugiere que es un simple efecto marginal producido por la novedad. Tocas, abrazas, rozas, acaricias, besas un cuerpo nuevo que se entrega y se te ofrece de forma algo imprudente –¿qué seguridad le das? Tú no te mereces tanta confianza. Ese cuerpo dispuesto e inusitadamente generoso puede que haya sido deseado intensamente por ti pero, ahora que lo tienes en tus brazos, no se parece a lo que has deseado sino que es algo desconocido; y casi no da tiempo para que le respondas. Antes incluso de que pueda gustarte, tienes que corresponderle, tienes que devolverle su entrega.

(Qué responsabilidad…)

Te sorprende comprobar que no se comporta como los demás cuerpos, que viven en perpetuo temor de ser tocados. El nuevo cuerpo no te tiene miedo y, tras la sorpresa inicial, sucede un vértigo de conocimiento y solo un buen rato después comparece un deseo desconocido y un lenguaje que también es nuevo y que es preciso volver a aprender.

Pero esta explicación es circular. En realidad, el nuevo objeto de deseo carnal se parece más a los anteriores de lo que se diferencia de ellos. De hecho, con el nuevo cuerpo hacemos lo mismo que con los demás.

Pues sí, es verdad, pero no tenemos la misma experiencia…

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