HONESTIDAD

Me detengo en la lectura del siguiente aforismo de Nietzsche:

TENTATIVA DE HONESTIDAD. Jóvenes que quieren ser más honestos de lo que han sido, como víctima a la que primero atacar se buscan a alguien de reconocida honestidad, pues tratan de alzarse a su altura a fuerza de injurias, con la reserva mental de que en todo caso esta primera tentativa no entraña riesgos; pues precisamente a aquél no le cabría castigar la desvergüenza del deshonesto ( Humano, demasiado humano, vol. II. Traducción de Alfredo Brotons Muñoz. Madrid: Akal, aforismo 269).

¿Cómo comprender algo tan ridículo como que alguien se quiera elevar a la honestidad a través de la desvergüenza y la descalificación de otro? ¿No debería ser al revés, que trata de rebajar al otro, que ostenta signos de honestidad ante sus ojos, a un peldaño inferior que podríamos nombrar de “deshonestidad” y que le resulta muy familiar? Si así fuera, ya no cabría la posibilidad de elogiarle por tener esa cualidad que él no tiene, sino que intentaría rebajarle con la palabra al nivel en el que sí se reconoce. Por otro lado, reconocer que alguien posee una cualidad de honestidad que el deshonesto no tiene, éste no lo podría soportar, por eso hace el intento de denigrarle para disminuir esa posición idealizada por él y colocarle en otro peldaño más cercano a “su altura”. Por eso, escribe Nietzsche –con mucha razón– que “nuestros defectos son los ojos con que vemos el ideal” (Humano, demasiado humano, vol. II aforismo 86).

Sin entrar en lo que de falta ética ese acto implica por parte de quien injuria injustamente a un semejante, tratemos de encontrar una explicación. Desde esta perspectiva que describe Nietzsche, la de intentar alcanzar una honestidad utilizando el camino de la injuria, eso implica que hay una clara conciencia de no tener esta cualidad en quien comete ese acto; sin embargo reconoce implícitamente que otro sí la tiene; el problema es, que en lugar de ver en ello la prueba de que si un semejante es capaz de hacer actos honestos, es posible conquistar esa virtud por cuenta propia, si así se quiere, se rechaza ese camino. Una persona honesta es digna de un sincero elogio y no de una injuria. ¿Por qué ante la constatación de que existe alguien a quien reconocemos esa virtud resulta intolerable elogiarle y, en cambio, se opta por injuriarle? La lógica que ahí se aplica podría ser esta: constatar que otro tiene una cualidad que yo no tengo puede ser vivido como un ataque al narcisismo, a la propia vanidad. Reconocer que otro hace algo valioso que yo no hago, me puede hacer sentir disminuido en mi arrogancia, mi soberbia, y eso no lo puede tolerar alguien identificado a esta imagen yoica ideal, que no se puede perturbar para sentirse “alguien” en la existencia.

Tal vez, el intento de despreciar a otros, siendo la injuria un medio, sea un signo del desprecio que se siente por sí mismo.

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