LA LOCURA FILOSÓFICA

Un lugar común muy difundido afirma que la filosofía es hija de la ponderación racional y de la templanza de ánimo, virtudes propias del ciudadano en la Grecia clásica.

Sin embargo, a juzgar por este pasaje que encuentro en el largo comentario de I.M. Crombie (An Examination of Plato’s Doctrines. Londres, 1962. Vol. I, p. 186) la filosofía únicamente surgiría del arrebato amoroso. Véase cómo un erudito tan poco sospechoso de entregarse a los ardores como el oxoniano Crombie reconstruye así el mal llamado “amor platónico”:


Puesto que la belleza ocupa esta posición privilegiada, la visión de un cuerpo bello por un hombre incorrupto, es particularmente decisiva como desencadenante de la locura filosófica. Tal como afirma el mito, hace que al alma le crezcan alas. En un párrafo fascinante, Platón describe el momento en que crecen esas alas bajo el efecto de la visión del amado y lo compara con los dolores de la dentición: en esto consiste estar enamorado. Puesto que lo que hace que crezcan las alas es la visión del amado, el comienzo de la locura filosófica sigue el camino de la pasión sexual que, sin embargo, no debe permitirse que se convierta en carnal bajo el influjo de caballo malo. La relación de los amantes, por autodisciplina, debe ser sublimada y convertida en una vida de amistad generosa y filosófica que hará brotar el bien y así los amantes podrán ascender hacia una condición auténticamente desencarnada.

Como es habitual en Platón, una de las cualidades incomparables de su pensamiento es la riqueza de sus metáforas. ¿Verdad que te sentías elevado en el statu nascente del enamoramiento? Al alma enamorada le crecen alas que, previsiblemente le servirán para separarse de las servidumbres del cuerpo. Su marcha no es ascética; o sí, pero también y sobre todo sexual. El enamoramiento inicia un aprendizaje en el sexo que paradójicamente hará que los amantes se reencuentren, fuera de sí, en una condición desencarnada.

Platónicamente inspirado, Crombie continúa:

Lo que estos dos relatos comparten es: a) que el amor no es el tributo que una persona paga a otra, sino el tributo pagado a algo que el otro ejemplifica: la belleza; b) que el amor tiene por lo tanto una enorme importancia en nuestro desarrollo espiritual, pues nos desembaraza o puede desprendernos de la preocupación por las cosas particulares que es la esencia de la actitud mercenaria y nos capacita en cambio a sentir lealtad hacia las propiedades universales. Así pues, la belleza es un singular estímulo de la pasión filosófica. Por eso sólo la belleza de los seres humanos puede estimularnos en la forma requerida, aunque es por su belleza que lo logran.

Crombie convierte a Platón en un iluminado que predica una especie de emancipación por la vía de lo bello. La belleza y su correspondiente adoración en el cuerpo amado no sería una prenda que se ha de pagar sino una especie de reconocimiento, de gratitud o de gracia que se otorga a aquel que nos permite sustraernos del peso de la materia y la carne. Y tiene dos sesgos que convergen: voy hacia el otro en busca de lo bello y es lo bello del otro lo que, en definitiva, me une y compromete a él y al fin me eleva por encima de mi condición finita y miserable.

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