ENTRE DOS NADAS (II)

Cualquier palabra enfrentada a la muerte resulta ridícula (una espada frente a la tempestad), pero tampoco el silencio calma. Sería extraño que la muerte tan vinculada a la vida apareciera de repente sin tener nada que ver con lo que nos sucede a diario. Ya hay algo de muerte en los días que pasan, en los momentos que desaparecen, en el saberse solo memoria.

Lo único que nos queda para aceptar el encuentro frente a lo inevitable son las creencias de cada cual; tampoco somos otra cosa más allá de esas creencias. Creer que solo somos materia no conduce a nada, o más bien conduce a nada; dos palabras: materia y nada; dos invenciones.

La muerte nos muestra a las claras que nuestro conocimiento es cero, risa, (difícilmente podemos decir que nos espera la nada porque es demasiado conocida). Es bueno, y no solo bueno sino también útil, creer en lo que se ha creído aunque sea una invención. Y es que esa invención no es cualquier cosa, es lo único que realmente existe y lo único que somos.

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