SOBRE EL RIDÍCULO

Que me introduzcan en una casa por la ventana de la planta baja arrastrándome con una soga atada al cuello, y luego me eleven de un tirón, ensangrentado y mutilado, como si la persona que lo hiciera no prestara atención ni tuviera consideración alguna, y me hagan atravesar todos los techos, muebles, muros y buhardillas, hasta que las últimas hilachas de mí caigan del lazo vacío cuando éste atraviese el tejado y se detenga finalmente sobre el techo. (Crumb, R., Mairowitz, D.Z. Kafka for beginners. Traducción de Leandro Wolfson. Barcelona: La cúpula, 2010, p. 6).

Kafka nos invita numerosas veces a imaginar nuestra desaparición. La controvertida biografía ilustrada a modo de cómic por Robert Crumb y David Z. Mairowitz, tiene el interés de ver cómo un gran dibujante concibe unas imágenes tan complejas como corrosivas. La auto-humillación y el desprecio de uno mismo, la necesidad de desaparecer, de desprenderse de su propio ser. Escribe el checo de nuevo en su diario: “¿Qué tengo en común con el judaísmo si apenas lo tengo conmigo mismo?”. Pero ante esto Crumb y Mairowitz ponen en boca de Kafka una frase estremecedora:

Cada palabra mira primero en todas direcciones, antes de dejarse escribir por mí (op. cit. p. 75).

A veces estamos tan humillados, desamparados y abatidos que queremos desaparecer. Aún más humillante: puede que las cosas mismas quieran desaparecer y huir de nosotros antes. No poder ser ni el protagonista del enojo cuando uno está enojado. K., protagonista de El proceso, siente que muere insignificante como un perro, “como si la vergüenza de este hecho tuviera que sobrevivir a la muerte”, concluyen Crumb y Mairowitz.

Quizá el ridículo sea la única forma de redención posible, lo único que sobrevive a la muerte.