MUDANZAS

Pasarán dos años desde mi primera mudanza (la llegada a Barcelona no cuenta, fue un chiste en comparación). Hasta entonces no había comprobado lo molesto que es un traslado de tal magnitud, pese a ser un tópico en boca de todos. Pero entre los esfuerzos nada gratificantes, la sensación de inutilidad y estupidez y la lenta habilidad para organizar algo aparentemente mecánico y sencillo, uno se encuentra con momentos interesantes. Un brote momentáneo de lucidez, ausente durante todo este tiempo, para decidir qué es útil y necesario y qué no lo es; objetos sin importancia que creías perdidos y que observas atentamente como si fueran especiales,

–Exacto, la mudanza es una ocasión excelente para experimentar con gran precisión lo bobo que es el ser humano.

o una sensación del espacio distinta (largos minutos de pie, sin más), por la perspectiva desamueblada de los rincones que muestran su estado inicial, y trae a la memoria cómo han ido cambiando.

No es verdad.
No he cambiado.
En mis sueños
siempre tienes veinte años.
(Kirmen Uribe, Mientras tanto dame la mano. (Trad. de Kirmen Uribe, Gerardo Markuleta y Ana Arregi). Madri: Visor Libros, 2002)