DIVULGACIÓN

Gestionar la información, la correcta difusión de unos datos que, por sí solos o mediante la unidad que forman con otros, resultan de lenta y fatigosa comprensión. Podemos hablar tanto de la teoría de cuerdas como de la guerra de los Bóers o de la escuela de Barbizon. Para ello utilizamos (sí, todos nosotros, de la divulgación no escapa nadie) una redacción simple, sustituimos teoremas –si los hay– por efemérides, limitamos los datos a porcentajes, a partir de un desarrollo narrativo procuramos que el contexto sea siempre histórico, no temático, para así reducir cualquier jerga propia de una especialidad. Y por supuesto, utilizamos imágenes.

La divulgación es el resultado de la necesidad ilustrada de universalidad y expansión del conocimiento. Expansión que, para darse de manera efectiva, necesita de una simplificación y óptimo manejo del contenido. Para ello, éste es limitado e incluso absorbido totalmente por la forma. El caso más pedestre ha sido el progresivo asentamiento en el uso del Powerpoint.

(De ahí que el Periodismo, la Comunicación audiovisual y la Publicidad, las tres ErInias de la divulgación, moren como licenciaturas en la Universidad, su propio Tártaro).

Simplificación, agilidad y reestructuración del contenido, la administración de las letras y la ciencia para que lleguen a todo el mundo. En otras palabras, su promoción para que con dichos contenidos se pueda ganar más dinero. Independientemente de si se apoya o se maldice esta situación, la pretendida universalidad del conocimiento quizás se refería al conocimiento como tal, con todas las vicisitudes que permiten a los datos y a las teorías ofrecer sus conclusiones –y por lo tanto en compañía de la fatiga consubstancial a toda adquisición de conocimiento. Veo difícil que su intención fuera dar a luz a la reducción divulgativa.

La divulgación es, en resumen, un consejo hecho indirectamente a todo humanismo: “Mire usted, si lo que hace no sirve para ganar dinero de una forma evidente, mejor no lo haga”. Aun considerándome detractor de la divulgación, dicho consejo me parece un buen correctivo para una cultura que se ha basado en el exceso, en la atribución indiscriminada de los parámetros arte, literatura y los no menos dañinos creación, expresión –y el peor de todos, artista– a cualquier cosa, sea de cómodo o duro aprendizaje.

Que los outsiders acarreen con los problemas de la divulgación.