EL DOLOR (II)

Abro los Collected Poems de Ted Hughes para distraerme después de pasar horas leyendo tediosos comentarios sobre las fotografías de Jeff Wall.

(¿Se puede escribir algo sobre el trabajo de un “artista” sin explicar lo que no puede ser explicado o sin interpretar de más? Imposible. Con su afán de agotar el sentido de una obra el crítico suele encubrir el propósito de autolegitimarse.)

O sea que leo al desdichado Ted Hughes, héroe y víctima del chismorreo literario y encuentro por casualidad un poema sobre el dolor. No podía ser sino por casualidad porque la compilación tiene 1.333 páginas. Leo:

Having first giving away pleasure –
Which is hard –
What is there left to give?
There is pain.

Pain is the hardest of all.
It cannot really be given.

It can only be paid down
Equal, exactly,
To what can be no part of falsehood.

This payment is that purchase.

(Hughes, Collected Poems, 369)

Es verdad, para la vieja tradición que se remonta a Platón y llega hasta Jünger y Sigmund Freud, el placer y el dolor se dan enlazados. El uno no puede medirse sin el otro. Sin embargo, observa Hughes, el placer puede ser objeto de renuncia y en cambio no podemos renunciar al dolor. La equivalencia oculta una disimetría fundamental que ha pasado desapercibida y de la que, por desgracia, sólo nos damos cuenta cuando ya es demasiado tarde.