SENTIMENTAL

Intentemos algo sobre los sentimientos.

(Pero, por favor, no nos pongamos sentimentales.)

En sus “Notas para la conferencia filosófica”, (en Ocasiones filosóficas 1912–1951. Edición de James C. Klagge y Alfred Nordmann. Trad. Ángel García Rodríguez. Madrid: Cátedra, 1997.) Wittgenstein afirma sobre el sentimiento (o la sensibilidad) que sentir es algo inefable e intransferible; lo que es manifiestamente obvio. Cuando no se refiere a cuestiones puramente formales Wittgenstein suele ser desconcertante. Sus afirmaciones parece que sólo sirven para ponerse a discutir consigo mismo o simplemente para variar una y otra vez sobre el tema que llama su atención. Rara vez consigue llegar a una conclusión. Resulta paradójico que una parte importante de su encanto como pensador resida en esta deficiencia de su manera de pensar.

Wittgenstein afirma que el sentimiento es algo excepcional (lo cual implica suponer que llamamos “sentimiento” a un estado alterado de la conciencia; o sea que llamamos “sentir” a sentir de más) y que lo excepcional de lo que siento puede tener tres valores:

a) Sólo yo lo siento: es decir que existe la posibilidad de hacer ostensión del sentimiento pero, por desgracia, sin garantía alguna de que el gesto vaya a ser entendido por los demás.

b) Lo siento, pero no puedo mostrarlo: el sentimiento se refiere a algo inescrutable de lo que no hay ostensión posible.

c) Lo siento y no quiero mostrarlo, para lo cual, muestro una señal de lo que siento pero no lo que siento. Esta suele ser la fórmula que desencadena la mayoría de los dramas humanos y los terribles sufrimientos consiguientes a los individuos involucrados en ellos.

Tanto el sentimiento como su trasposición al lenguaje son considerados por Wittgenstein como hechos que ponen en cuestión la validez del lenguaje privado: un “lenguaje” que no es tal. Lo ponen en cuestión tanto como lo hacen insoslayable. Cuando un asunto –como puede serlo, por ejemplo, algo sentimental– es tan privado que no puede formar parte de ningún juego público, entonces no puede decirse que sea en rigor un objeto, no es un hecho, de algún modo no tiene lugar. Pero entonces los sentimientos nos sirven para demostrar que hay cosas en el mundo que no son objetos. En efecto, “no hay lenguaje privado” quiere decir también que el sujeto mismo, frente a este objeto/experiencia que no puede compartir, comprueba que tampoco puede “decirse” algo a sí mismo con respecto a ello/a. Así pues, no tiene forma de describir lo que siente, no sólo ante los demás sino que no puede decirse nada consistente a sí mismo acerca de lo que siente. Intenta hablar de sus sentimientos como si fueran algo que está ahí, pero sólo consigue ponerlos a la vista, como hace el pescador con su pesca en el puesto del mercado; y, claro, nadie lo comprende y el pobre hombre sentimental acaba yendo por ahí dando tumbos.

¿Ven por qué no es aconsejable ponerse sentimental? Lo mejor sería dejar los sentimientos para los boleros.

(Pero no es tan fácil como parece.)