SÉ DE LO QUE HUYO, PERO NO SÉ LO QUE BUSCO

Sé muy bien de lo que huyo, mas no sé lo que busco
(Montaigne. Ensayos III. Madrid: Cátedra, p. 216).

Analicemos la relación de sentido que guarda la coordinación entre los dos miembros coordinados en esta frase. Cuando Montaigne hace esta afirmación ubica del lado de su subjetividad un saber acerca de aquello de lo que huye, sin determinarlo, sin explicitarlo, sin hacerlo saber al lector (aunque en sus Ensayos hace una prolífica lista que se podría resumir como: evitar todo aquello que le hace sufrir). A continuación, para contrastar lo que va a decir con lo ya dicho, expresa con una partícula adversativa algo también indeterminado: no sabe lo que busca. Después de afirmar que sabe que debe apartarse de algo que [posiblemente no le gusta, que lo atormenta, que le hace sufrir], en la enunciación introduce un reparo a lo dicho. El valor de esta conjunción adversativa lo interpreto como si Montaigne quisiera presentar la contraposición entre saber y no saber: sabe de lo que huye, pero no sabe lo que busca.

El valor de la partícula "mas" o "pero" indica, –según refiere el diccionario de la RAE– que quien habla o escribe, tiene la intención de “prevenir a alguien para que no prosiga en lo que emprende, porque tiene un inconveniente”. ¿Cuál sería el inconveniente en este contexto? Probablemente seguir con un comportamiento en la pendiente de la evitación, si no, el de la fobia. Cuando nos confrontamos con un peligro real cuyo objeto hemos determinado, la huida puede librarnos de él como recurso protector, pero este recurso no nos sirve cuando el objeto que supuestamente es peligroso para nosotros es fantasmático, propio de nuestro imaginario.

En el pensamiento expresado por Montaigne hay dos movimientos subjetivos extrapolables a nosotros mismos y a nuestra experiencia. En la primera afirmación, es pertinente preguntarnos ¿de qué huimos? si es que nos podemos responder; y en el segundo movimiento, la pregunta puede ser: ¿qué buscamos? aunque permanezcamos en la ignorancia de poder determinarlo. El valor que tiene la presencia de esta partícula adversativa en el discurso es de detención, de no proseguir con la acción de la huida para poder comenzar un acto de pensamiento y tal vez, ahí algo sucede, algo se puede nombrar. La espera y no la precipitación son fundamentales para que la huida no nos despeñe en la pendiente del activismo.

A veces, la invitación a participar en alguna actividad, hecha por un semejante, puede abrirnos la puerta a otra cosa, a encontrar algo nuevo, sin haberlo buscado; porque se trata de eso, de poner un objeto en ese lugar vacío de nuestra subjetividad que nos conecte, no con el temor, sino con el placer, con la alegría. Y eso que se encuentra sin buscarlo, puede empezar a desearse.

¿Acaso podemos responder con certeza desde el yo, acerca de lo que buscamos, sabiendo como sabemos, que estamos determinados por nuestro inconsciente?

Tal vez no podemos nombrar lo que buscamos, lo que deseamos, pero sí podemos desear vivir bien con lo que tenemos.