SOBRE LA IZQUIERDA

En 1923 Antonio Gramsci escribía desde Moscú:

He aquí la principal razón de la derrota de los partidos revolucionarios italianos: no haber tenido una ideología, no haberla difundido entre las masas, no haber fortificado las conciencias de los militantes con certezas de carácter moral y psicológico. ¿Cómo asombrarse entonces de que algún obrero se haya vuelto fascista?

Gramsci, Che fare?, 1988: 29

La diferencia radical con nuestros días es que el fascismo al que se refiere es el literal, no es una rebaja intelectual, una moneda común: habla del fascismo de Mussolini, de Italia volviendo a su gloria imperial romana, etc….

Pensar sobre el peligro de vaciar de contenido la idea de fascismo, concepto que adjetivado llevo escuchando desde el año 2002 cuando llegué a Barcelona, no parece hoy algo valioso. La izquierda ha convertido en algo prácticamente cursi aquello de facha, sin vislumbrar los peligros para nosotros como colectividad que acarrea este tipo de vulgarización de las palabras.

No obstante, debemos plantearnos algo aún más curioso que ese fenómeno ya tantas veces ridiculizado del obrero votando al fascismo o a la derecha. Y es la primera e inadvertida idea que plantea Gramsci: “no haber tenido ideología”. No sería capaz de poder expresar con palabras el nivel de abstracción, complejidad y teorización al que había llegado -hacia los años veinte- la izquierda en Europa. Precisamente en este continente, la izquierda si ha algo ha hecho, es teorizarse. Podríamos incluso tratarlo de medir de manera inversa a las acciones de facto de la derecha violenta, la fascista. Sin embargo, Gramsci dice que a la izquierda italiana le había faltado ideología. Lo cierto es que el Partido Socialista había sido el más votado en 1921, pero no fue suficiente, todos los partidos de derecha obtuvieron más votos y en 1922 Mussolini marchó sobre Roma…. En las siguientes elecciones, dos años después, el Partido Socialista pierde el 77% de sus votos, mientras que la candidatura de Gramsci consigue 4 escaños más para su partido, que en realidad pierde 12% de votos respecto a los anteriores comicios. Obviamente, esas elecciones no fueron limpias, el PNF utilizó tácticas intimidatorias y lo que en España se denomina como “pucherazo” es lo que mejor describe aquellas votaciones.

Los votantes no han temido nunca al fascismo, y eso es un grave error histórico del que no hemos sabido aprender. La izquierda tampoco, en 1921 alentaba al pueblo a ir en contra del fascismo, como también lo hizo el SPD en julio de 1932, cuando el NSDAP ganó las elecciones con más de trece millones de votos y una caída de los socialistas del 7,2%.

Las dicotomías reales sientan muy mal a la izquierda, que siempre busca el enfrentamiento dialéctico, ante la acción política y la pragmática. ¿Qué no debe pasarle cuando la dicotomía es algo más hiperbólica?