Las técnicas de cultivo del tomate han cambiado mucho durante los últimos 50 años. La aparición de las variedades mejoradas de alto rendimiento y de los fertilizantes sintéticos y toda la gama de fitosanitarios utilizados para la lucha contra plagas y enfermedades ha provocado una revolución en la conducción del cultivo. Pero, ¿cómo se cultivaban antaño las tomateras? ¿Es posible que algunas variedades tradicionales, seleccionadas hace más de 100 años bajo esquemas productivos diferentes de los actuales, se comporten mejor con las técnicas con las que aparecieron? El tipo de conducción de la planta que se realiza hoy en día, optimizada para la agricultura convencional, ¿es también la mejor para la agricultura ecológica?

Éstas son algunas de las preguntas que se han hecho los investigadores de la Fundació Miquel Agustí, conjuntamente con agricultores de la Serra de Collserola interesados en recuperar variedades tradicionales de la zona. Con el objetivo de elucidar si recuperando las técnicas ancestrales podemos mejorar el comportamiento agronómico de las variedades tradicionales de tomate y, sobretodo, cuidar su genuino sabor, la Fundació Miquel Agustí realizará este año un ensayo en la Finca de Can Coll, donde se compararán diferentes técnicas de cultivo. El objetivo es identificar la técnica que posibilite un mayor rendimiento, pero sobretodo la que optimice la dulzura, acidez, aroma y sabor de las variedades.

Esta actuación se enmarca dentro del programa de mejora genética y agronómica del tomate Mandó, una variedad originaria de la Serra de Collserola que los agricultores están intentando promocionar como producto autóctono de la zona. Entre otras actuaciones, se está depurando la variedad tradicional de introgresiones y se están estudiando variedades tradicionales similares que puedan ser interesantes para crear una gama de productos de alta calidad para los productores de Collserola. A la vez, el año 2014 se llevó a cabo un estudio para identificar el impacto del uso del injerto sobre el perfil sensorial. A pesar de que el injerto permitía un incremento del 65% del rendimiento de la variedad Mandó, los agricultores han descartado la implementación de esta técnica porque se observó un empobrecimiento del perfil sensorial. Los agricultores apuestan decididamente pues, por cuidar el sabor que venden a sus consumidores.

El proyecto cuenta con la participación de Marcel Skoumal, doctor en química y estudiante del Máster de Agricultura Ecológica de la Universitat de Barcelona.

+info: Joan Casals Missio (recerca@fundaciomiquelagusti.cat)

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