2.- CHILE Y EL MERCOSUR: ¿UNA COMEDIA DE ENREDO?


Durante la última década Chile se ha distinguido por llevar adelante una política de Estado en materia de negociaciones comerciales externas. En efecto, desde que concluyó su primer acuerdo de libre comercio con México en 1991 Chile desarrolló una agresiva política de negociaciones bilaterales que lo ha llevado a concluir acuerdos con buena parte de los países de América Latina (incluyendo un acuerdo de libre comercio con el Mercosur en 1995) y Canadá. Los sucesivos gobiernos de Chile también expresaron de manera consistente su interés por adherir al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) o por concluir un acuerdo bilateral con Estados Unidos. De hecho, después de la cumbre hemisférica celebrada en Miami en diciembre de 1994 el presidente Clinton anunció formalmente que Chile sería el próximo país de las Américas en negociar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Aunque hubo varias reuniones preparatorias entre las delegaciones de ambos países, la negociación se interrumpió cuando la administración demócrata decidió retirar del Congreso su solicitud de autorización para negociar acuerdos comerciales bajo el mecanismo de la "vía rápida" ("fast track (2)").

Frente a las dificultades del gobierno norteamericano para obtener esa autorización legislativa las autoridades chilenas que asumieron a principios del año 2000 informaron a la administración norteamericana su disposición a negociar aun en ausencia de un mandato del Congreso. En la práctica lo que esta decisión implicaba era admitir la posibilidad de que el Congreso eventualmente enmendara el acuerdo que rubricaran ambos gobiernos. Si bien la reacción de la administración Clinton fue positiva no tuvo un correlato en iniciativas concretas, probablemente debido a la mayor urgencia por aprobar la concesión del trato de nación más favorecida (NMF) a China y, posteriormente, al contexto preelectoral. Pero el momento llegó hace pocas semanas cuando las elecciones norteamericanas quedaron atrás: inesperadamente, al final de su gestión y cuando el gobierno de Chile ya había prácticamente perdido las esperanzas de una iniciativa concreta, la administración Clinton hizo público el próximo inicio de negociaciones.

La noticia cayó como un balde de agua fría en el Mercosur, cuyos miembros desde sus orígenes habían planteado la incorporación de Chile como un objetivo fundamental. En el mismo Tratado de Asunción (1991) se había establecido una cláusula de acceso que abría la posibilidad de incorporación a cualquier miembro de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) después de un período de espera de cinco años, excepto para aquéllos países que no fueran miembros de un acuerdo subregional (una cláusula hecha a la medida de Chile). No obstante esta facilidad, Chile se mantuvo al margen del Mercosur por varias razones.

En primer lugar, a inicios de la década de los noventa la credibilidad del Mercosur aún estaba en duda y la mayoría de los analistas le atribuía un destino muy parecido al de otras experiencias frustradas de integración en América Latina.

En segundo lugar, en aquellos años Chile ya tenía un firme interés por incorporarse al TLCAN o por concluir un acuerdo bilateral con Estados Unidos, lo que hubiera sido virtualmente imposibilitado por su adhesión a una unión aduanera. Eventualmente, Chile y el Mercosur concluyeron un acuerdo de libre comercio en 1995 y este país (junto con Bolivia) se incorporaron como "miembros asociados" del Mercosur, participando de las cumbres presidenciales semestrales y de otras reuniones de los órganos políticos y/o ejecutivos.

El gobierno de la Argentina siempre había sido el más entusiasta a favor del ingreso de Chile porque veía en ello no sólo ganancias potenciales de credibilidad, sino también la oportunidad de generar nuevas coaliciones para equilibrar la influencia de Brasil. Por otra parte, las relaciones comerciales y de inversión entre la Argentina y Chile estaban experimentando un fuerte crecimiento, incluyendo iniciativas sin precedentes de interconexión energética y de obras de infraestructura en varios puntos de la extensa frontera entre ambos países.

El tema de la incorporación "plena" de Chile al Mercosur volvió a plantearse cuando asumió el gobierno de Ricardo Lagos a principios del año 2000. Lagos expresó reiteradamente la prioridad que revestía para Chile la incorporación "plena" al Mercosur, pero destacando que ello debería hacerse sin menoscabo de la política comercial chilena ni de la capacidad de su país para concluir acuerdos comerciales con terceros. A pesar de esta evidente ambigüedad los miembros del Mercosur volvieron a otorgarle a la cuestión una alta prioridad política. Esta vez incluso el gobierno brasileño, que tradicionalmente había sido más recatado que el argentino para apoyar el ingreso de Chile, tomó la iniciativa con entusiasmo y la colocó como uno de los objetivos de su presidencia pro-tempore durante el segundo semestre del 2000. La aspiración del gobierno de Fernando Henrique Cardoso era poder anunciar en la cumbre de Florianópolis un cronograma y una metodología para la incorporación "plena" de Chile. Estos antecedentes ayudan a entender el impacto del anuncio del gobierno norteamericano en las capitales del Mercosur, y en particular en Brasilia.


3.- Las negociaciones entre Chile y Estados Unidos