4.- CONCLUSIONES


Como hemos visto, las perspectivas económicas y políticas para el 2001 son, para los dos socios grandes del Mercosur, relativamente contrastantes. Mayores tasas de crecimiento en Brasil en un marco de estabilidad de la paridad real-peso deberían tender a incentivar las exportaciones argentinas al mercado vecino y a reducir los riesgos de tensiones comerciales entre los dos países. Por otro lado, la financiación de los déficits en cuenta corriente ya está prácticamente asegurada para Argentina y Brasil en el año 2001. No obstante, el principal interrogante es la perspectiva de restablecimiento del crecimiento en Argentina: la persistencia de una situación de estancamiento probablemente colocará al gobierno bajo una presión política irresistible (especialmente en un año electoral) y a la economía frente a tensiones que podrán acabar originando una crisis de confianza.

No obstante, si las condiciones internacionales son favorables, la economía argentina puede iniciar un proceso lento pero gradual de recuperación económica en un marco de mayor solvencia fiscal. Quedará por resolver, entre tanto (y en este sentido los dos socios del Mercosur comparten rasgos similares), el desafío de incrementar las exportaciones de forma más agresiva y sostenida. Las dos mayores economías del Mercosur son muy vulnerables a cambios en las condiciones externas por sus precarios indicadores de solvencia, en parte explicados por una muy baja integración comercial en la economía mundial. Este es un desafío a largo plazo; la existencia del Mercosur puede, bajo ciertas condiciones, contribuir positivamente a que este desafio se haga realidad.

Aunque las tensiones comerciales entre Argentina y Brasil se reduzcan durante el año 2001, esto no significa que Brasil y Argentina serán capaces de enfrentar con éxito el desafío de implementar la Agenda de Buenos Aires y de restablecer el aliento político del Mercosur. Después de todo, entre 1995 y 1997 Mercosur vivió una situación macroeconómica privilegiada, con crecimiento, baja inflación y convergencia de facto de las políticas y, a pesar de todo ello, las negociaciones de consolidación y de profundización de la Unión Aduanera prácticamente no avanzaron.

El factor nuevo, hoy, con relación a aquel periodo, es el avance de las negociaciones hemisféricas del ALCA. Este hecho puede suponer un incentivo más para que Brasil acepte pagar el precio de la unidad del Mercosur y consienta negociar con sus socios subregionales temas hasta ahora innegociables para el establishment de Brasilia. En este sentido, finalmente, el año 2001 será decisivo: se definirá el timing de implementación del ALCA y se verá claramente si el Mercosur está capacitado para gestionar una dinámica que le permita mantener vida propia en coexistencia con el acuerdo hemisférico. Un nuevo dato, cuyas repercusiones aún son difíciles de prever, se relaciona con el hecho de que existe una fuerte probabilidad de que la crisis del Mercosur y el avance del ALCA se conviertan, a partir del segundo semestre de este año, en temas relevantes en el debate político nacional y en la toma de posiciones de los diferentes grupos y partidos políticos brasileños, con vistas a las elecciones presidenciales del 2002. Nunca está de más recordar que el ALCA es repudiada por la oposición y vista con muchas reticencias por buena parte del establishment político y económico de Brasil.

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