
Al centrarse en el objetivo de evitar las guerras comerciales del periodo precedente, el orden de la postguerra dejó sin tratar un gran aspecto de las relaciones económicas internacionales: el de los movimientos internacionales de capital y las inversiones extranjeras.
Es frecuente olvidar, en este sentido, que no sólo el GATT no se ocupa de esta cuestión. Tampoco el FMI lo hace. De hecho, uno de los criterios que compartían los negociadores de los Estados Unidos en Bretton-Woods y el otro gran negociador del acuerdo, el británico J.M. Keynes, era que la liberalización de los movimientos de capital debía sacrificarse en favor de la liberalización del comercio de mercancías y de las otras transacciones corrientes (y en favor de una política monetaria de relativa estabilidad de los tipos de cambio y contraria a las devaluaciones competitivas).
Así resulta que, desde su creación hasta ahora, los Estatutos del FMI ni han dado competencias a la organización sobre esta cuestión ni han impuesto obligaciones a sus Estados Miembros (Nota 4). Resulta, pues, que lo que más específicamente caracteriza el proceso de globalización acelerada de la economía, es decir, el aumento del volumen y la internacionalización creciente de los movimientos de capital y de las inversiones extranjeras, es el aspecto de la realidad económica que no dispone de un marco jurídico institucional propio en el orden económico internacional en el que vivimos.
6.- La situación actual