5.- CONCLUSIONES Y GRÁFICAS




La cooperación macroeconómica tiene varias etapas que generalmente se desarrollan de manera gradual y a lo largo del tiempo. En una primera fase los socios intercambian análisis e información, reduciendo así la incertidumbre mutua sobre las acciones del otro y aumentando el conocimiento y la comprensión recíprocos. En una segunda etapa los socios pueden ir desarrollando consultas y discusiones en torno a problemas comunes que los pueden llevar a adoptar respuestas coordinadas frente a desafíos compartidos (lo que en la jerga se denomina “dilemas comunes de aversión”). Por último, en una fase más avanzada los socios pueden ponerse de acuerdo sobre instrumentos u objetivos de política, eventualmente adoptando instrumentos comunes en ámbitos tan sensibles como la política monetaria. Esta representa la forma más profunda de coordinación macroeconómica.

Los progresos del MERCOSUR han sido modestos, incluso cuando se los juzga en los términos de la primera etapa de intercambio de análisis e información. En la práctica se ha avanzado muy poco en el proceso de compartir información y de promover el conocimiento de las visiones, restricciones y preferencias recíprocas. Los encuentros de los Ministros de Economía y presidentes de los Bancos Centrales se han convertido en reuniones más formales que sustantivas, con excepción de algunos episodios excepcionales que no han tenido continuidad.

En este contexto, la coordinación macroeconómica en el MERCOSUR avanzará en el mejor de los casos muy lentamente. Una interdependencia baja y asimétrica, un ambiente macroeconómico volátil, preferencias de política divergentes e instituciones frágiles sugieren que el progreso habrá de ser necesariamente modesto. No obstante, para que la integración económica se profundice –e incluso se mantenga a sus niveles actuales- será necesario más coordinación de jure o de facto. Los derrames macroeconómicos han estimulado la utilización de barreras no-arancelarias y de otras medidas de política ad hoc orientadas a compensar el efecto de los shocks y la eliminación de los aranceles. En la medida que MERCOSUR carece de un mecanismo efectivo para tratar las barreras no-arancelarias, el resultado ha sido un aumento en la fragmentación de los mercados.

Vista en perspectiva, la discusión sobre la unión monetaria que planteó el presidente argentino en 1998 parece prematura. Por un lado, MERCOSUR no cumple con ninguno de los requisitos de un área monetaria óptima. La interdependencia comercial aún es baja y la integración de los mercados de factores muy modesta. Sin embargo, en teoría los costos derivados de no constituir un área monetaria óptima podrían más que compensarse con ganancias de reputación o credibilidad (como ocurrió en el caso de la integración monetaria europea). La diferencia en el caso del MERCOSUR es la ausencia de un miembro en condiciones de asegurar ganancias de una mayor reputación o credibilidad. Paraguay es el miembro del MERCOSUR que ha tenido una macroeconomía más estable, pero difícilmente pueda cumplir el papel de “ancla” o punto focal regional. Y el candidato más verosímil por su peso relativo (Brasil) no es un ejemplo de estabilidad macroeconómica y fortaleza institucional. En consecuencia, las precondiciones para obtener ganancias de reputación o credibilidad simplemente no están presentes.

El abandono de la caja de conversión por parte de la Argentina en enero de 2002 eliminó uno de los mayores obstáculos para una mayor coordinación macroeconómica. Sin embargo, al aumentar el potencial de inestabilidad macroeconómica en la región, ha hecho más difícil de alcanzar ese objetivo. En este contexto, la integración económica en el MERCOSUR probablemente avanzará como resultado de procesos de integración más amplios (como el del Area de Libre Comercio de las Américas) o de una convergencia de facto auxiliada por un contexto externo favorable. En ninguno de estos dos ámbitos es razonable esperar progresos rápidos y positivos. Por una parte, el proceso del ALCA parece estar atravesando un período de estancamiento. Por el otro, no parece razonable prever una sensible mejora en el ambiente económico internacional que enfrenta la subregión.

En este contexto, la perspectiva más probable es la de un avance lento en el proceso de integración económica y de coordinación, en la cual el papel de actores externos que actúen como estímulo, catalizador o factor de cohesión podrá ser muy importante. Los gobiernos del MERCOSUR, por su parte, deberían concentrarse en darle contenido a los pasos iniciales de un proceso de coordinación macroeconómica (como el intercambio de información y análisis) y en construir instituciones creíbles que promuevan la cooperación regional. Estos podrán parecen avances modestos, pero seguramente contribuirán más al desarrollo de la cooperación regional que el status quo o las ideas y propuestas innovadoras improbables de ser implementadas.


   R e f e r e n c i a s

Roberto Bouzas, Paula Gosis and Emiliano Pagnotta, “Interdependence and Macroeconomic Coordination in MERCOSUR”, Latin American Regional Overview, Economist Intelligence Unit, March 2002.

José María Fanelli, “Coordinación Macroeconómica en el MERCOSUR: Balance y Perspectivas”, en D. Chudnovsky y J.M. Fanelli (editores), El Desafío de Integrarse para Crecer, Buenos Aires: Siglo XXI, 2001.

Daniel Hermann, “Interdependencia y Políticas Macroeconómicas: Reflexiones sobre el MERCOSUR”, en J. Campbell (editor), MERCOSUR. Entre la Realidad y la Utopía, Buenos Aires: Editorial Nuevohacer, 1999.


   G r á f i c a s












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