
¿Sigue siendo cierto, tras la creación de la OMC, que las dos piezas esenciales del orden económico internacional siguen siendo las creadas en la inmediata postguerra, el GATT y el FMI, y que este orden sigue estando falto de una pata: la relativa a los movimientos internacionales de capital y las inversiones extranjeras directas?
La respuesta es afirmativa si bien con ciertas matizaciones.
En efecto, las negociaciones de la Ronda Uruguay llenaron parcialmente el gran “agujero” del orden económico de postguerra al hacer nacer, por primera vez, un gran acuerdo multilateral en materia de inversiones extranjeras: el GATS. Pero este acuerdo no cubre la totalidad de este vacío por tres razones:
a) en primer lugar, porque sólo cubre los sectores de los servicios, sectores cada vez más importantes pero que aún no abarcan la totalidad de la economía;
b) en segundo lugar, porque cubre sólo las inversiones directas y no se aplica a los movimientos de capital no ligados a inversiones directas (movimientos que, de hecho, constituyen la gran mayoría de operaciones financieras hoy en día);
c) en tercer lugar, porque se centra en la cuestión de la liberalización de las inversiones extranjeras y no en el de su protección (garantías contra la expropiación directa o indirecta).
Por otra parte, el acuerdo GATS, a pesar de tener una extraordinaria importancia, apenas está en sus primeros años de vida y debe aún verse si adquirirá más contenido en las futuras rondas de negociaciones.
Una vez hemos comprendido que seguimos viviendo, por lo esencial, en el orden económico internacional de la inmediata postguerra, la imperiosa necesidad de una actualización profunda se hace evidente. Pero también se hace evidente que dicha actualización debe preservar ciertos principios de ese orden aunque sólo sea para evitar el retorno al capitalismo de bloques enfrentados, o al capitalismo de políticas unilaterales de las “grandes potencias” (aunque una o más de ellas sean europeas), cuyas negativas consecuencias, económicas y políticas, han sido ya padecidas por la Humanidad.
En palabras todavía más simples y fáciles de entender: más vale Congreso de los Estados Unidos limitado por una OMC deficiente que sin OMC. ¿Y acaso no se aplica lo mismo a la Unión Europea?; ¿o hay alguien tan ingenuo que crea que la Unión Europea desarrollará una política más progresista encerrada en Bruselas que confrontada a los países en desarrollo en el seno de la OMC?
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