
En el pasado mes de abril se realizó en Buenos Aires la sexta reunión de
Ministros de Comercio y, pocos días después en Quebec, la tercera cumbre de
jefes de Estados de las Américas. Estos encuentros cumplieron con los ritos
convencionales de las reuniones de cúpula, pero no produjeron anuncios de
impacto. No obstante, juzgar el estado de las negociaciones hemisféricas a
través de esta lente restrictiva daría lugar a una imagen distorsionada.
Cuando se inició el proceso del ALCA parecía condenado a ser un ejercicio de
retórica más que una negociación sustantiva. Las divergencias de intereses,
las percepciones disímiles y la incapacidad del Ejecutivo norteamericano para
obtener una autorización del Congreso para negociar acuerdos comerciales bajo
el mecanismo de la "vía rápida" minaban su credibilidad. Sin
embargo, estos años han puesto en evidencia que las diferencias de intereses y
percepciones no han planteado obstáculos insuperables a la negociación. Aún más, éstas han avanzado a pesar de la ausencia de una autorización de
"vía rápida" por parte del Congreso norteamericano. Si bien todavía
no se ha llegado a la fase crítica de intercambio de concesiones, los gobiernos
y el sector privado han invertido una dosis no despreciable de energía y
capital político.
Desde 1994 la dinámica de la negociación evolucionó pari
passu con las cambiantes actitudes y percepciones de los principales
actores. Las inclinaciones "unilateralistas" del Ejecutivo
norteamericano se moderaron frente a la evidencia de los obstáculos internos
que enfrenta la concreción de nuevos acuerdos comerciales internacionales y a
la emergencia (en un contexto de negociación fuertemente asimétrico) de
coaliciones alternativas en América Latina y el Caribe. Del mismo modo, en una
suerte de proceso de aprendizaje los gobiernos de la región se movieron desde
posiciones de entusiasmo naïve u obstruccionismo abierto hacia posturas más constructivas y realistas. Detrás de estos cambios hay una mejor
comprensión de las difíciles decisiones de política que serán necesarias
para alcanzar un acuerdo y, también, de los costos y beneficios potenciales que
están en juego.
A pesar de estos avances, el alcance y el contenido del acuerdo de libre
comercio que los gobiernos acordaron implementar a partir del año 2005 aún
están por definirse. Todavía resta precisar la extensión de los compromisos,
la cobertura de temas y disciplinas, la forma en que se tratarán las asimetrías
y los calendarios de implementación. Después de la reunión de Buenos Aires y
de la cumbre presidencial de Quebec, el principal desafío del proceso del ALCA
sigue siendo el de encontrar denominadores comunes en todas estas áreas.
2.- De Miami a Santiago de Chile