Un año de gobierno Lula en Brasil.

 

El primer año de gobierno Lula ha estado marcado por la aplicación de una política macroeconómica fuertemente restrictiva y por un activismo espectacular (con énfasis en la ambigüedad de este adjetivo) en su política exterior. La economía debe volver a crecer en el año 2004 pero se plantean serias dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento más allá de este año. La política exterior debe continuar siendo orientada por razones de política interna.

 

La política macroeconómica: comprando credibilidad en los mercados.

 

El PT (Partido de los Trabajadores), tradicionalmente identificado con un discurso rupturista frente al FMI y el sistema financiero internacional y el FMI, ha pagado, una vez llegado al gobierno, un alto precio para "comprar" credibilidad en los mercados financieros : ha adoptadoó objetivosmetas de superáavit fiscal aún más rigurosoas que loas negociadoas por el gobierno Cardoso con el FMI el año 2002, ha elevóado sustancialmente los tipos reales de interés y ha provocadoó la parálisis de la economía y una importante caída en la renta real media del brasileño.

 

En su agenda de política interna, el gobierno ha dado prioridadpriorizó a las reformas estructurales que el PT, durante los dos mandatosa gestión de Cardoso, había rechazado por neo-liberales. Se ha aprobadoó la reforma del sistema de pensiones, afectando duramente las relaciones entre el PT y los funcionarios públicos, importante base social del partido. La reforma tributaria está pendiente de su aprobación definitiva: sus resultados serán positivos para el Estado que, en sus diversos niveles, verá garantizados sus ingresosgarantiza sus recetas, pero lo serán mucho menos para el sector productivo, que ha visto frustradas sus expectativas de una reforma que exonerase fuertemente la producción y las inversiones.

 

Sea como fuere, la política económica del primer año de gobierno Lula ha combinado el uso de un pesado arsenal anti-inflacionario con la aprobación de reformas que, en lo esencial, contribuyen a la consolidación del ajuste fiscal y a la reducción de de la incertidumbre sobre su sostenibilidad para los próximos años. ESe le ha dado, en este sentido, se ha dado continuidad continuidad a la política del gobierno anterior, centrada esencialmente en la consolidación de la estabilidad macroeconómica y, en especial, en uno de sus pilares, el equilibrio fiscal del Estado.

 

Esta opción de política ha encontrado mucha resistencia dentro del PT. Se ha hablado mucho, incluso dentro del gobierno, de la existencia de un “plan B” sustitutivo de que sustituya a la ortodoxia de los economistas de Hacienda. Aunque pesar de todo, esté se encuentra en curso un proceso acelerado de “socialdemocratización” del PT, b. Buena parte de los dirigentes del partido y de las bases del gobierno consideran que las políticas adoptadas en 2003 comohan sido un “mal necesario” para lidiar con la herencia del gobierno anterior y que, una vez superados los riesgos de inflación, deberían ser abandonadas para que el PT pueda aplicar su agenda histórica de cambios.

 

La expulsión de cuatro diputados ligados a la extrema izquierda del partido prácticamente acalló al grupo más estridente de opositores de la línea social-demócrata adoptada implícitamente por el gobierno, pero no cabedeja duda de ques sobre existe un descontento con la política económica que va mucho más allá de los pequeños grupos izquierdistas. Prueba de eso es que, en votaciones importantes en del Congreso, el gobierno solamente ha conseiguidoó aprobar sus propuestas con los votos de partidos de la oposición y eso ha sucedido pese a la constitución formal de una amplia base pluripartidista de apoyo al gobierno.

 

Si el crecimiento previsto para 2004 se confirmase, ello debe ser suficiente para garantizar la posición del equipo del Ministerio de Hacienda y el mantenimiento de la política macroeconómica ortodoxa. En caso de que la expectativa de crecimiento se frustre, nuevas presiones –maximizadas por la perspectiva de las elecciones municipales de octubre- se harán sentir para cambiar el rumbo de la gestión macro y volver a las posiciones históricas del PT de ruptura con el FMI y el capital financiero internacional.

 

La política exterior: resultados heterogéneos y mucho simbolismo.

 

La política exterior ha funcionadoó, en este primer año de gobierno, como un mecanismo de compensación de las frustraciones de los militantes y votantes del PTpetistas ante la adopción, por parte del gobierno Lula, de directrices ortodoxas en política macroeconómica. De hecho, el discurso de la izquierda del PT se refugió en la política exterior del gobierno, en la cual gestos simbólicos y efectos de marketing adquieren por lo menos tanta importancia como los resultados económicos o políticos concretos. El Brasil de Lula parece convencido de que le competeabe actuar como el “campeón del tercermundismo” y buena parte del electorado del PTpetista aplaude esa postura así como le agrada el endurecimiento de la   posición del gobierno en relación cona los EE.UU., especialmente, pero no sólo, en las negociaciones del ALCA.

 

Aunque la política exterior parecería estar siendo dirigida siguiendo algunos principios algo simplistas –siendo el antiamericanismo ciertamente uno de ellos- y de acuerdo con las reacciones inmediatas de la opinión pública, ha provocado algunos resultados dignos de ser registradoso, independientemente de cómo se evalúen tales resultados.

 

En lo que se refiere al ALCA, la Conferencia Ministerial de Miami en noviembre, consagró la propuesta de una estructura dual -, un acuerdo de dos pisos,- defendida por Brasil, pero y muy bien aceptada por los EE.UU. En la Cumbre Ministerial de la OMC, en Cancún, Brasil lideró la formación de un grupo de países en desarrollo en las negociaciones agrícolas (el llamado G-20). En el ámbito interno del MERCOSUR, Brasil parece más dispuesto a apoyar iniciativas en áreas como las compras gubernamentales, al mismo tiempo que pretende demostrar mayor flexibilidad para aceptaratar demandas de los países menores, hoy muy insatisfechos con el MERCOSUR. A pesar de eso, la experiencia reciente del bloque recomienda cautela: es preciso ver si las medidas acordadas serán implementadas y si la posición actual de Brasil refleja tan sóloapenas una postura defensiva de conciliación interna frente a la amenaza del ALCA o se traduce efectivamente en una nueva visión estratégica, capaz de desdoblarse con el tiempo en nuevas iniciativas, concesiones, etc...

 

Esta preocupación se justifica porque, sea en el ALCA, en el ámbito del MERCOSUR o en las negociaciones con los países andinos, Brasil parece más preocupado con aspectos simbólicos o efectos de corto plazo que con los resultados económicos de sus posiciones negociadorasturas de negociación. Se han firmado, con pompa y circunstancia, acuerdos de libre comercio con Perú y el resto de países de la CAN, presentados en Brasil como resultados de la estrategia del país de privilegiar las relaciones con sus vecinos sudamericanos en detrimento de los países desarrollados. Después se ha sabido que a pesar de haberse firmado los acuerdos, las negociaciones aún no habían concluido y que, en la práctica, continuaban vigentes los acuerdos anteriores de ALADI, que no preveen el libre comercio entre los países implicados.

 

Las perspectivas y los desafíos del gobierno.

 

En el balance general, el primer año de gobierno Lula le ha gustado mucho a quienes loe temían, principalmente el mercado financiero, ha defraudado enormemente a quienes depositaban en él todas sus esperanzas -, como los funcionarios públicos - y ha recibido de analistas y observadores evaluaciones matizadas, donde se resaltan simultáneamente puntos débiles y fuertes.

 

Las perspectivas económicas para el 2004 son, en general, positivas: la economía debe crecer entre un 3% y un 4%, los niveles de desempleo deben caer y se iniciará un proceso de recomposición de la renta. Un año económicamente razonable y la mayor eficiencia de las políticas sociales, - después de un iniciociclo descoordinado e ineficaz - deben ayudar al PT en las elecciones municipales: el partido tienderá a salir aún más fuerte de estas elecciones, penetrando en regiones menos desarrolladas del país donde hoy tienen un peso político limitado.

 

Las mayores incertidumbres quedan para el post-2004: ¿cómo mantener tasas razonables de crecimiento sin que aumenten las tasas de inversión?. Dicho de otra forma, ¿cómo ir más allá de aquello que garantizará el crecimiento en 2004: la ocupación de la capacidad ociosa generada por el estancamiento de la economía? La pregunta tomase vuelve aún más relevantciae cuando se observa que Brasil no crece de modo sostenidoble desde hace casi 25 años y que los últimos 15 años se han consumido en esfuerzos para eliminar la alta inflación y estabilizar la economía.

 

Como ya se ha indicobservado, la agenda económica del gobierno Lula se ha centrado, en términos estratégicos, en reducir las incertidumbres sobre la sostenibilidad del ajuste fiscal. Ha sido, pues, como lo fue la agenda del gobierno anterior, una agenda de “reforma del Eestado” mucho más que una agenda donde las cuestiones de desarrollo o de competitividad tengan prioridad. Es comprensible que sea así, peroy está claro que la agenda de reforma del Estado es una condición necesaria, pero no suficiente para el crecimiento sostenido.

 

Tanto el gobierno como la oposición parecen tener poca claridads certezas sobre esta nueva agenda. Esta situación se traduce el en un  bajo consenso político existente en relación con este tema, esencial para el futuro del país. Es muy probable que, más allá de los resultados positivos en diferentes áreas de política y de éxitossucesos puntuales en cuestiones de marketing, el gobierno Lula acabe siendovaya a ser evaluado, al final, por su capacidad para ayudar a Brasil a emprenderencontrar los caminos de superación de los impasses que están detrás deviene arrastrando desde hace un cuarto de siglo de “no desarrollo”.