3.- LAS NEGOCIACIONES ENTRE CHILE Y ESTADOS UNIDOS
(O CUANDO EL DIABLO PONE LA COLA)


¿Cuáles son los impactos previsibles sobre el Mercosur del anuncio del gobierno norteamericano del próximo inicio de negociaciones con Chile? La respuesta tiene varias aristas.

En primer lugar, las negociaciones entre Chile y Estados Unidos colocan un nuevo obstáculo para una incorporación plena del primero a la unión aduanera. En lo inmediato es razonable prever que cualquier negociación entre Chile y el Mercosur deberá esperar primero la conclusión del acuerdo entre aquel país y Estados Unidos. No obstante, en el largo plazo no es imposible imaginar mecanismos de transición en el contexto de una negociación hemisférica que avanza.

En segundo lugar, el inicio de negociaciones entre Chile y Estados Unidos y la alta probabilidad de que se alcance un acuerdo en un plazo breve introducirá renovadas expectativas en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Con la decisión anunciada en diciembre del 2000 el gobierno norteamericano ha dado señales claras de que ve al proceso hemisférico como compatible con acuerdos bilaterales que vayan consolidando gradualmente su agenda y sus intereses. A través de entendimientos bilaterales selectivos el gobierno norteamericano podrá incluso mantener una expectativa de progreso, aún cuando las negociaciones hemisféricas se extiendan más allá del plazo fijado del año 2005.

Por último, el anuncio de Estados Unidos reflota ambigüedades y conflictos latentes en la subregión, especialmente en la Argentina. En efecto, más allá de las posiciones oficiales, en la Argentina existen opiniones críticas sobre la participación en el Mercosur y demandas para una mayor agresividad en la búsqueda de un acuerdo bilateral con Estados Unidos, de una incorporación al TLCAN o de un aceleramiento de los plazos del ALCA. Estas corrientes de opinión no han dejado pasar la oportunidad del anuncio norteamericano para subrayar los presuntos costos en los que la Argentina estaría incurriendo por no adoptar un enfoque similar al de Chile. Estos intereses han permeado algunos sectores del gobierno que ven en el ALCA o en la relación bilateral con Estados Unidos un instrumento para "ejercer presión" sobre Brasil. Así, después del anuncio de la administración Clinton corrieron versiones de que algunos sectores del gobierno argentino verían con simpatía un adelantamiento del el calendario de negociaciones del ALCA, algo que las autoridades brasileñas se han ocupado consistentemente de evitar.

En síntesis, si no ocurren hechos excepcionales es muy probable que en un plazo de entre 12 y 18 meses Chile y Estados Unidos concluyan un acuerdo de libre comercio, creando una nueva situación estratégica en el hemisferio occidental (3). Las negociaciones difícilmente serán muy prolongadas. Por una parte, después del anuncio formulado por el presidente Clinton en 1994 hubo varias reuniones entre delegaciones oficiales de Chile y Estados Unidos. En segundo lugar, la agenda bilateral no incluye elementos muy conflictivos: Chile es una economía pequeña y abierta con un nivel de protección más elevado en sectores (como la agricultura de clima templado) en los que los negociadores norteamericanos probablemente tampoco tendrán interés por acuerdos sustanciales. Finalmente, Chile ya tiene sendos acuerdos de libre comercio con México y Canadá, los que se asemejan en sus disciplinas y contenido al TLCAN. En particular, el acuerdo con Canadá contiene incluso disposiciones sobre estándares laborales y medioambientales, aunque con un enfoque más cooperativo que el de los acuerdos paralelos negociados con México en el marco del TLCAN bajo la presión del Congreso norteamericano. Estos antecedentes permiten concluir que, de existir una inversión de recursos políticos suficiente, el acuerdo no debiera encontrar resistencias importantes ni en Chile ni en el Congreso norteamericano.

Sin embargo, no sólo será importante la aprobación del acuerdo sino también la forma en que ésta se produce. En efecto, la próxima Administración norteamericana deberá evitar un tratamiento legislativo prolongado o la introducción de enmiendas. Una cosa u otra debilitarían aún más la credibilidad de los negociadores norteamericanos. No debe olvidarse que uno de los argumentos reiteradamente planteados por el Mercosur en las negociaciones del ALCA ha sido, precisamente, el de la limitada credibilidad del Ejecutivo norteamericano mientras no disponga de una autorización legislativa que garantice un tratamiento rápido y sin enmiendas de los acuerdos negociados.

El impacto sobre el Mercosur del acuerdo Chile-Estados Unidos probablemente tendrá más un carácter estratégico que comercial. Chile tiene un nivel de protección relativamente bajo (excepto en la agricultura de clima templado) y el Mercosur tiene vigente desde 1995 un acuerdo de libre comercio (sin excepciones) con Chile. Por consiguiente, un acuerdo con Estados Unidos sólo erosionaría el margen de preferencias del que actualmente goza el Mercosur sin dar lugar a preferencias negativas. Con relación a las condiciones relativas de acceso al mercado norteamericano, el impacto de un acuerdo Chile-Estados Unidos podría sentirse en el caso de algunos productos competitivos con exportaciones argentinas reales (como en el caso de los vinos) o potenciales (como la piscicultura, las frutas frescas, los productos orgánicos, los productos de madera y los alimentos procesados).


4.- La cumbre presidencial de Florianópolis