Evolución reciente del Mercosur y de las negociaciones del ALCA



Serie Mercosur Nº12, publicada el 7 de Agosto de 2002.



      Esta Nota Informativa ha sido elaborada por:

   Roberto Bouzas (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Buenos Aires)  y
   Pedro da Motta Veiga (consultor y ex-director de la Fundación de Estudios de Comercio
   Exterior de Brasil).



  1.   la cumbre del mercosur en buenos aires

En un cuadro de deterioro de la situación económica en Brasil y Uruguay, que se suma a la persistencia de una severa crisis en la Argentina, a principios de julio los miembros del MERCOSUR realizaron en Buenos Aires la XXII Reunión del Consejo del Mercado Común (CMC). En ella participaron los Presidentes de los países miembros, así como de Chile y Bolivia. También participó de la reunión ampliada el presidente de México, país con el que la Argentina y Brasil acordaron mecanismos de comercio preferencial en materia automotriz. Si bien los resultados de la reunión del CMC fueron tímidos, no puede decirse que hayan sido insignificantes. En realidad, las medidas más importantes anunciadas al final de la Reunión en el área comercial formaron parte de un "memorándum de entendimento" entre la Argentina y Brasil –y no de Decisiones del CMC–, deberán entrar en vigor en los próximos meses. Todas ellas se refieren a temas directamente relacionados con el comercio bilateral de los dos socios mayores del bloque.

 

En el plano de las resoluciones formales merecen destacarse tres Decisiones adoptadas por el CMC. En el área institucional, la Decisión 16/02 instruyó al Grupo Mercado Común para que dé inicio al proceso de transformación de la Secretaría Administrativa del MERCOSUR en una Secretaría Técnica, determinando funciones y competencias, así como los recursos necesarios para que dicha transformación tenga lugar "de la manera más expedita y eficaz posible". Si la idea de una Secretaría Técnica fuera transformada por el GMC en una propuesta "focalizada" y compatible con el objetivo de consolidar la unión aduanera, podría constituir un paso importante en el fortalecimiento institucional del MERCOSUR. En los últimos tiempos esta propuesta recibió el apoyo de entidades empresarias y funcionarios oficiales brasileños, tradicionalmente reticentes a avanzar en esa dirección.

 

En el área específicamente comercial, las Decisiones 13/02 y 14/02 trasladaron al ámbito de las relaciones intra-MERCOSUR las reglas y disposiciones de los Acuerdos Anti-dumping y de Subsidios y Medidas Compensatorias de la OMC, que cada uno de los miembros había suscrito e internalizado en sus legislaciones domésticas. Ambas Decisiones establecieron que, en caso de que surja una controversia sobre la aplicación de estos Acuerdos al comercio intra-zona, el país reclamante podrá optar entre presentar un recurso ante la OMC o ante el mecanismo sub-regional de solución de controversias. La opción por uno de los dos caminos excluirá el recurso al otro. La "importación" de acuerdos multilaterales ya firmados a la normativa MERCOSUR implica que, al menos por el momento, los estados parte han desistido de buscar en estos campos compromisos que vayan mas allá de los acuerdos de la OMC. Específicamente, deja de lado el enfoque propuesto en su momento por la Decisión 31/00 que establecía la creación de disciplinas sub-regionales para la utilización de incentivos a la producción, a la inversión y a la exportación por parte de los países miembros.

 

El memorandum de entendimento firmado por la Argentina y Brasil incluyó:

 

Sin duda, la medida de mayor impacto es la referida al sector automotriz, responsable por casi un tercio del comercio intra-Mercosur. Los nuevos límites impuestos a las exportaciones argentinas permitirán descomprimir la situación de las montadoras de ese país, que tienen gran capacidad excedente y veían sus exportaciones a Brasil limitadas por la recesión (y el consiguientemente bajo nivel de importaciones desde Brasil).

 

Las demás medidas tienen un alcance limitado y su efecto real dependerá de la definición de mecanismos concretos para su operacionalización. A pesar de estos resultados modestos, difícilmente podía esperarse mucho más de la reunión cumbre de Buenos Aires: en los cuatro países del MERCOSUR prevalece una situación de crisis económica, y en los dos mayores habrá elecciones presidenciales en los próximos nueve meses. Este cuadro permite anticipar que durante lo que resta del año 2002 seguirá prevaleciendo la situación de quasi-parálisis de las negociaciones que caracterizó al bloque en los últimos dos años. A pesar de todo, durante el corriente año el grado de tensión y conflicto entre los países miembros (especialmente la Argentina y Brasil) se redujo significativamente, al menos en comparación con la tendencia de los últimos años.

 

Las próximas elecciones en la Argentina y Brasil podrán abrir una nueva etapa en la evolución del proceso de integración subregional, aunque no está para nada claro en qué dirección. En el caso de la Argentina, el cuadro pre-electoral es aún muy difuso como para proyectar propuestas verosímiles respecto a la posición que un futuro gobierno en ese país adoptará con relación al MERCOSUR. No obstante, el resurgimiento de propuestas de "dolarización" y aproximación estrecha a los Estados Unidos formuladas por el ex-presidente Carlos Menem (uno de los posibles candidatos a la presidencia por el Partido Justicialista) lleva implícito la posibilidad de un agravamiento de las tensiones regionales. El cuadro en Brasil no es mucho más claro: mientras que el candidato opositor del PT, Luiz Ignácio Da Silva, ha manifestado su adhesión al MERCOSUR enfatizando sus contenidos políticos más que económicos, el candidato oficialista José Serra ha proyectado una visión crítica del acuerdo regional, al que considera inconveniente, en su formato de unión aduanera, para los intereses brasileños.

 

Más allá de estas diferencias entre los socios del bloque, el mundo sigue y los funcionarios oficiales de los países miembros del bloque deben enfrentar negociaciones con terceros en un contexto de credibilidad disminuida. Tal es el caso de las negociaciones con la Unión Europea y el ALCA. Por lo que respecta a esta última, durante el primer semestre del año se produjeron algunas novedades que ponen de manifiesto una situación de impasse en el complejo proceso de negociación hemisférica.

 

  2.  las negociaciones del ALCA y la reunión del comité de negociaciones comerciales

A pesar de que las negociaciones para un Area de Libre Comercio de las Américas no se han interrumpido, su evolución refleja el deterioro del ambiente económico y político en que se desarrollan. A cerca de 30 meses de la fecha prevista para su conclusión (diciembre de 2004), los principales países que participan de la negociación no parecen convencidos de la relevancia de la iniciativa. En efecto, en las mayores economías del continente cada vez se expresan con más fuerza las voces que se oponen a la formación de un área de libre comercio. Adicionalmente, las proximidad de las elecciones en Brasil y Estados Unidos no hace más que politizar el debate sobre el ALCA, poniendo a la defensiva a sus propulsores.

 

En la base del deterioro del clima económico y político en el que se desarrollan las negociaciones está la reorientación de la política comercial de Estados Unidos. Si bien esta reorientación ya se esbozaba desde hace algún tiempo, a partir del año 2001 adquirió contornos más precisos. La aplicación de barreras a las importaciones de acero, la aprobación de la nueva ley agrícola –que aumenta sustancialmente el nivel de subsidios concedidos a la agricultura norteamericana- y la introducción por el Senado de nuevas restricciones a un proyecto ya bastante limitado de TPA –que si fueran adoptadas prácticamente inviabilizarían la lógica de la autoridad de fast track- constituyen señales recientes y vigorosas de reorientación en la política comercial de Estados Unidos en torno a dos ejes: el proteccionismo y el unilateralismo. Aún cuando el proteccionismo norteamericano tiene motivaciones electorales –habrá elecciones para renovar ambas cámaras a fines de este año- esto no es suficiente para entender el recurso creciente al unilateralismo –del cual el proteccionismo es una manifestación, pero no la única.

 

La reorientación de la política comercial norteamericana también se ha expresado en la propuesta o negociación de acuerdos preferenciales subregionales o bilaterales. Varios países latinoamericanos han respondido positivamente a estas señales norteamericanas: Chile tiene prácticamente concluido un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, Uruguay se manifestó interesado en iniciar negociaciones bilaterales con ese país y funcionarios norteamericanos y centroamericanos ya han iniciado reuniones técnicas preparatorias para iniciar negociaciones bilaterales con vistas al establecimiento de un área de libre comercio. Por otro lado, a medida que avanzan las negociaciones del ALCA los países del Caribe parecen más y más preocupados con la eventual dilución de las preferencias de acceso al mercado norteamericano que les asegura la Iniciativa para la Cuenca del Caribe. Todos estos desarrollos tienden a debilitar la base de apoyo del proyecto hemisférico y alientan la búsqueda, tanto por parte de Estados Unidos como de los países latinoamericanos, de acuerdos preferenciales múltiples que pueden resultar competitivos con el ALCA.

 

A pesar de este contexto desfavorable, a mediados de mayo concluyó una etapa importante de las negociaciones del ALCA materializada en dos reuniones sucesivas del Comité de Negociaciones Comerciales. Debe recordarse que según la Declaración Ministerial de Buenos Aires elaborada en abril de 2001, las negociaciones sobre acceso a mercados debían comenzar el 15 de mayo de 2002 (divididas en cinco grupos: agricultura, acceso a mercados, inversiones, servicios y compras gubernamentales). Por consiguiente, correspondía a la última reunión del CNC prevista para antes de esa fecha definir los métodos y modalidades de la negociación, de forma tal que el intercambio de concesiones comenzara a realizarse con base en los métodos y modalidades establecidos.

 

Pero los acontecimientos no ocurrieron como se previó: en vísperas de la reunión del CNC el nivel de convergencia sobre cuestiones esenciales en cada uno de los grupos de negociación era muy bajo, lo que hizo necesario dos reuniones del órgano superior en un plazo de tres semanas. Sólo así fue posible obtener un consenso mínimo en relación al desarrollo de las etapas posteriores de la negociación. No obstante, dicho consenso mínimo se alcanzó a través de la adopción de un lenguaje vago y genérico en aquellos temas en que las divergencias en los grupos de negociación eran explícitas y profundas. Además, el documento evitó pronunciarse sobre sobre algunas de las cuestiones mas polémicas, como la definición de la tarifa-base a partir de la cual se realizarán las negociaciones de acceso a mercados. Dicho de otra manera, buena parte de las divergencias surgidas en los grupos de negociación no fueron solucionadas por el CNC, lo que revela que el grado de consenso sobre la arquitectura, los objetivos y los instrumentos del acuerdo todavía es muy bajo, aún en una instancia política de alto nivel como el CNC (integrado por los vice-ministros de comercio).

 

En realidad, las reuniones de la Isla Margarita en abril y de Panamá en mayo evitaron la parálisis de las negociaciones del ALCA, al optar por un nuevo enfoque en el desarrollo del proceso negociador. Hasta entonces, la metodología de negociación en las áreas que involucran acceso a los mercados consistía en la definición de métodos y modalidades en forma previa al inicio del intercambio de concesiones (ofertas y demandas de liberalización). Esta dinámica de negociación ya se arrastraba por varios años años con resultados muy modestos. Las reuniones de abril y mayo parecen haberla cerrado definitivamente.

 

A partir de ahora las negociaciones se desarrollarán en dos frentes. Por un lado, los grupos de negociación continuarán con la tarea de reducir el número de corchetes en el borrador de texto presentado a la reunión ministerial de Buenos Aires en abril de 2001, con vistas a lograr una versión más "limpia" para cuando tenga lugar la próxima reunión ministerial (octubre de 2002). Por otro lado, a finales de este año la negociación de acceso a los mercados entrará en la etapa inicial de presentación de ofertas y, enseguida, de demandas de liberalización.

 

II.1. Las negociaciones de acceso a los mercados para productos no-agrícolas: entre Buenos Aires y Panamá

La Declaración Ministerial de Buenos Aires de abril de 2001 reafirmó los principios que orientan las negociaciones hemisféricas, como el single undertaking y la posibilidad de que coexistan acuerdos bilaterales y sub-regionales con el ALCA, en tanto los derechos y obligaciones derivadas de esos acuerdos no estén cubiertas o excedan los establecidos en el ALCA. Además de establecer los plazos para concluir las negociaciones (enero de 2005) y para la entrada en vigor del acuerdo (fines de diciembre de 2005), el mandato general definido por los Ministros para los Grupos de Negociación hacía referencia a la necesidad de "intensificar los esfuerzos para resolver las divergencias existentes y para alcanzar consensos, con vistas a eliminar en la mayor medida posible los corchetes del borrador de texto, trabajar en la consolidación de textos con base en las instrucciones específicas (para cada capítulo) y remitir al CNC una nueva versión de cada capítulo a mas tardar ocho semanas antes" de la próxima Reunión Ministerial a realizarse en Ecuador no más tarde del 31 de octubre de 2002.

 

De acuerdo con el Mandato de Buenos Aires, al CNC le cabía asegurar que en aquellos grupos en donde debían ocurrir negociaciones de acceso a los mercados (Grupos de Acceso a los Mercados, Agricultura, Servicios, Inversiones y Compras Gubernamentales), éstas se iniciasen como máximo hasta el 15 de mayo de 2002. Las diferentes reuniones del CNC previstas hasta la Reunión Ministerial de Quito prevista para el próximo mes de octubre deberían buscar "elaborar una segunda versión del borrador de texto del Acuerdo ALCA, incluyendo los capítulos de cada Grupo de Negociación y los capítulos referidos a los aspectos generales e institucionales". Por consiguiente, a partir de la Reunión de Buenos Aires las Partes se concentraron en la definición de los métodos y modalidades de la negociación referida a acceso a mercados.

 

En el grupo específico de acceso a los mercados (bienes industriales) la discusión sobre los métodos y las modalidades de negociación tarifaria, junto con la definición de los parámetros generales para las reglas de origen, ocuparon la mayor parte de los esfuerzos de negociación. En el tema de la negociación tarifaria las cuestiones clave fueron cuatro: la definición de la tarifa-base que se utilizará en el proceso de desgravación, los calendarios y ritmos de desgravación, el tratamiento de los productos sensibles y la admisión (o no) de excepciones a las reglas generales de desgravación.

 

Hasta las reuniones de la Isla Margarita y de Panamá, el grupo de inversiones no habìa conseguido llegar a un acuerdo en torno a tres cuestiones que pueden considerarse como pre-requisitos para el tratamiento del tema de métodos y modalidades en este campo, a saber:

 

 

 

El grupo había alcanzado un consenso con respecto a la posibilidad de que cada Parte presente reservas y excepciones horizontales y sectoriales en relación a las disposiciones establecidas por el Acuerdo de Inversiones, pero no sobre la creación de un mecanismo de solución de controversias inversor–Estado como el propuesto por Estados Unidos (en base al modelo del NAFTA), pero rechazado por Brasil y Canadá.

 

Tampoco había consenso en torno a la extensión de las disciplinas del Acuerdo a los gobiernos sub-nacionales ni al tratamiento a otorgarse a los incentivos a la inversión –dos temas de interés para Brasil. No obstante, parece razonable admitir en relación al primer tema que si las disciplinas se extendieran a los gobiernos sub-nacionales los países estarían en condiciones de presentar reservas y excepciones. En lo que se refiere a los incentivos, es improbable que este tema vaya a ser regulado por el Acuerdo, al menos si se juzga por los precedentes del NAFTA y de MERCOSUR, que optaron por no disciplinar el uso de incentivos a nivel nivel nacional o sub-nacional.

 

En el grupo de servicios las negociaciones también estuvieron centradas en la elaboración de un documento sobre métodos y modalidades destinado a servir de base para las negociaciones de acceso a los mercados. La arquitectura de este capítulo aún es objeto de fuertes divergencias entre las partes: MERCOSUR, algunos países de la Comunidad Andina y CARICOM proponen un acuerdo que siga el modelo del GATS e incluya la presencia comercial (modo 3 de prestación) en el campo de los servicios, definiendo como metodología de negociación la presentación de listas positivas de ofertas de liberalización (por sectores y modos de prestación). Los países del NAFTA, junto con Chile y Costa Rica, respaldan la adopción del modelo del capítulo de servicios del NAFTA, a saber: listas negativas de reservas, presencia comercial (modo 3) en el capítulo sobre inversiones y limitación de la cobertura del capítulo de servicios a los modos de prestación de servicios transfronterizos.

 

También se encuentra en negociación la base a partir de la cual se presentarán ofertas y demandas de liberalización. Las opciones son o bien adoptar el status quo de las regulaciones nacionales o bien los compromisos vigentes en el Acuerdo de Servicios de la OMC (estos últimos son por lo general menos liberalizantes que las primeras, al menos en el caso del Brasil). El grupo tampoco ha alcanzado acuerdo en torno a la forma de preservar el derecho de los gobiernos nacionales de adoptar nuevas regulaciones en el área de servicios, la que se caracteriza por su dinamismo y el desarrollo de nuevos sectores.

 

Otra cuestión relevante es la referida a la amplitud del acuerdo: ¿las dos disciplinas y reglas de acceso a los mercados se aplicarán a las entidades sub-nacionales de gobierno? Estados Unidos ha mostrado interés en incluir las instancias sub-nacionales en el acuerdo, pero esta propuesta enfrenta fuertes resistencias, al menos en el caso de Brasil. En caso de que el modelo NAFTA sea el que finalmente prevalezca en la negociación, también en este capítulo es previsible la inclusión de anexos con reservas y excepciones horizontales y sectoriales.

 

En el grupo de compras gubernamentales las discusiones previas a la negociación de acceso a los mercados pasaron por la definición de la cobertura del capítulo: cuáles serán las entidades gubernamentales que estarán cubiertas, qué instancias de gobierno (federal y/o sub-federal) estarán sujetas a las disciplinas del acuerdo, etc. A pesar de que hay consenso en torno a la idea de que el objetivo del acuerdo es ampliar el acceso a los mercados y que su cobertura incluya bienes, servicios y obras públicas, en el resto de los temas todavía prevalecen importantes diferencias entre las partes.

 

Los miembros del MERCOSUR proponen que el acuerdo sobre compras gubernamentales solamente comprometa a las instancias federales de gobierno, incluyendo sólo aquellas entidades gubernamentales que estén regidas por normas de contratación pública (lo que excluye a las empresas públicas que operan en un ambiente competitivo). En contraste, Estados Unidos, Chile y las economías pequeñas proponen la inclusión de las instancias sub-federales de gobierno en el acuerdo. Canadá, por su parte, se opone a dicha extensión a menos que Estados Unidos elimine el tratamiento discriminatorio a favor de las empresas pequeñas y medianas en las compras de gobierno.

 

Las entidades incluidas en el Acuerdo serían objeto de una lista positiva. MERCOSUR propone utilizar listas negativas para bienes y listas positivas con excepciones para servicios, obras públicas y entidades, definiendo las entidades que participarían de la oferta. También propone negociaciones en tres etapas: ofertas, pedidos bilaterales o plurilaterales y multilateralización de ofertas a partir de los pedidos, oponiéndose a propuestas que plantean comenzar las negociaciones por listas de oferta o a la idea de no multilateralizar las ofertas. De hecho, la idea de comenzar las negociaciones a partir de las demandas supone que las partes tienen un buen conocimiento de sus intereses en cada uno de los diferentes mercados –lo que sólo es verdad para los países más desarrollados. La propuesta de permitir la no multilateralización de las ofertas tiene como corolario la posibilidad de trabajar con excepciones y reservas bilaterales, induciendo la "bilateralización" del acuerdo en beneficio de los países con mayor capacidad de negociación.

 

II.2. Las reuniones del CNC: lanzando las negociaciones de acceso a los mercados

Las recientes reuniones del CNC pusieron de manifiesto las dificultades para llegar a un consenso entre los países miembros en lo que se refiere al inicio de negociaciones efectivas de acceso a los mercados. Si bien el CNC confirmó el 15 de mayo como la fecha de inicio de esas negociaciones, no consiguó eliminar ninguna de las "áreas grises" en la que los grupos de negociación no habían conseguido ponerse de acuerdo.

 

En el caso de todos los grupos donde habrá negociaciones de acceso a los mercados se definió un período de dos meses (del 15 de diciembre de 2002 al 15 de febrero de 2003) en el que deberán presentarse las primeras ofertas de liberalización. Durante los tres meses posteriores deberán presentarse las solicitudes de mejora de las ofertas por parte de los países demandantes. A partir del 15 de julio de 2003 dará inicio el proceso de presentación de las ofertas revisadas.

 

En las áreas específicas de acceso a los mercados para bienes industriales y agrícolas no se definió cuál será la tarifa-base para las negociaciones, lo que deberá ocurrir en la próxima reunión del CNC que tendrá lugar en agosto de 2002. Los agrupamientos sub-regionales que tengan un arancel externo común notificarán la tarifa-base, aún cuando los países miembros estén utilizando excepciones temporarias al AEC. Para posibilitar la convergencia dentro de cada bloque se estableció la posibilidad de realizar ajustes en el AEC de las uniones aduaneras hasta el 15 de abril de 2003, cuando deberán notificarse las tarifas-base.

 

También se acordó que todo el universo tarifario estará sujeto a negociación –aunque no necesariamente a la eliminación de aranceles. Las reducciones serán lineales, pero se prevé explícitamente la posibilidad de que haya excepciones a esta regla. Cada país deberá hacer ofertas significativas para la eliminación inmediata de aranceles y habrá cuatro grupos de productos a los que se aplicará un cronograma de desgravación diferente: productos con desgravación inmediata, productos con desgravación en cinco años, en diez años y en más de diez años. También se establecerá un grupo ad hoc cuyo objetivo será comenzar la negociación de reglas de origen específicas a partir del 30 de septiembre de 2002.

 

Los grupos de acceso a los mercados y agricultura deberán definir antes del 15 de febrero de 2003 una metodología (incluyendo un cronograma) para el tratamiento (eliminación, reducción, etc) de las medidas no-tarifarias. El grupo de agricultura, además, recibió un mandato amplio (y vago) para continuar con sus trabajos sobre el alcance y la metodología para la eliminación de los subsidios a la exportación que afectan al comercio de productos agrícolas y sobre las medidas y la metodología para desarrollar disciplinas para tratar las prácticas que distorsionan el comercio de productos agrícolas, incluyendo aquéllas que tienen un efecto equivalente al de los subsidios a la exportación. Los trabajos que deberá desarrollar el grupo de agricultura no tienen un plazo fijado. En este caso el CNC se limitó a orientar al grupo en el sentido de que presente un informe de avance en el tratamiento del tema en la próxima reunión prevista para el mes de agosto.

 

Con respecto a los demás grupos que incluyen negociaciones de acceso a los mercados, las decisiones adoptadas en las dos reuniones del CNC revelaron un alto grado de generalidad. No se decidió, por ejemplo, si el modo 3 de prestación de servicios –la presencia comercial en la jerga del GATS– se tratará en el grupo de inversiones o en el de servicios. De hecho, las ofertas que se realicen en este campo podrán presentarse indistintamente en cualquiera de los dos grupos de negociación. En ambos grupos se recomendó que las ofertas sean amplias y acordes a las leyes y reglamentos vigentes. En el grupo de inversiones (pero no necesariamente en el caso de las inversiones en servicios, ya que un país puede optar por presentar sus ofertas referidas a presencia comercial en el grupo de servicios), la presentación de ofertas deberá utilizar el enfoque de listas negativas. En el grupo de servicios, por su parte, la oferta inicial estará basada en los compromisos internacionales existentes o en las oportunidades nacionales existentes o mejoradas de acceso. Esta fórmula evita escoger entre tomar como base de las ofertas iniciales lo que se consolidó en el GATS y en otros acuerdos internacionales o el nivel de liberalización adoptado unilateralmente por los países miembros.

 

Finalmente, en el grupo de compras gubernamentales se estableció que la cobertura del acuerdo será "amplia" y que las ofertas incluirán las entidades del gobierno central o federal y "podrán incluir entidades cubiertas que correspondan a otras categorías de gobierno". En este caso también se adoptó una fórmula que evita decidir entre las distintas propuestas en materia de cobertura.

 

II.3. Conclusiones 

La opción por una metodología de negociación "en dos frentes" (negociación de los textos de los capítulos simultáneamente con la elaboración y presentación de ofertas de liberalización) parece haber sido una solución de compromiso frente a las dificultades y los impasses de una dinámica de negociación que hasta ahora se había basado esencialmente en la definición de métodos y modalidades. Al menos implícitamente, esta nueva metodología de negociación en dos frentes simultáneos supone que la presentación de ofertas de liberalización creará incentivos suficientes para que las partes negocien reglas y obligaciones y avancen en la "limpieza" de los capítulos que constituirán el futuro acuerdo. Sin embargo, algunas de las cuestiones que aún no se han resuelto difícilmente serán allanadas en la próxima reunión del CNC. Este es el caso, por ejemplo, de la definición de la tarifa-base, lo que constituye un prerequisito para la presentación de ofertas.

 

Para los países del MERCOSUR, el inicio de la fase de preparación de las ofertas de negociación en los cinco grupos que tratan el tema de acceso a los mercados coincide con el retorno de una situación económica difícil y con la perspectiva de cambios políticos inmediatos (hay elecciones previstas en la Argentina y Brasil en los próximos nueve meses). La preparación de ofertas se desarrollará inicialmente en cada uno de los países, los que luego intentarán coordinar una "posición MERCOSUR". No obstante, hoy parece difícil alcanzar este objetivo en algunos grupos de negociación. Dado el contexto pre-electoral, el resultado más probable, al menos en el caso de Brasil, es que el tema del ALCA se politice en la agenda doméstica, promoviendo posiciones caracterizadas por la cautela y la protección de intereses defensivos.

 

El ambiente externo que rodea esta nueva -y políticamente exigente- fase negociadora tampoco es favorable, como ya se ha indicado: la política comercial de Estados Unidos está cada vez más inclinada hacia el unilateralismo, el proyecto del ALCA sufre la competencia creciente de iniciativas bilaterales y regionales (la mayoría de las cuales también tiene a Estados Unidos como eje), y los intereses y posiciones contrarias a la propuesta hemisférica han tendido a fortalecerse en los distintos países del continente. En última instancia, la capacidad de Estados Unidos para resistir la tentación de hacer del unilateralismo su patrón de relación con el resto del hemisferio será en buena medida un determinante de la evolución futura del ALCA.

 
©
Observatorio de la Globalización, 2002.

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