La
victoria de Lula: perspectivas de futuro

1.- INTRODUCCIÓN
La investidura, el 1 de enero, de un exmetalúrgico y líder sindical como Presidente de la República representa, sin ninguna duda, un acontecimiento político importante en Brasil. Por primera vez en la historia del país, una alianza política claramente dominada por un partido de izquierda (el Partido de los Trabajadores) gana una elección presidencial. Además, el presidente electo recibió la banda presidencial de otro presidente civil también elegido por el voto directo y que completó íntegramente su mandato, algo que no ocurría en Brasil desde 1960. Desde entonces, los presidentes civiles elegidos no habían completado sus mandatos, los presidentes militaros se sucedieron durante el periodo dictatorial y, recientemente, Fernando Henrique Cardoso fue reelegido y no transmitió, por tanto, la banda presidencial.
La victoria de Luis Ignacio Lula da Silva en las elecciones de octubre reflejó un fuerte deseo de cambio de la población frente a, principalmente, los resultados mediocres, en términos de crecimiento económico, observados durante los dos gobiernos de Cardoso. Refleja también la incapacidad de la coalición pluripartidista que apoyaba a Cardoso de unirse en torno a un candidato único: en realidad, el candidato del partido de Cardoso no fue apoyado ni siquiera por el conjunto del partido, habiendo incluso serias dudas sobre la voluntad del entonces Presidente de impulsar la victoria de aquel que teóricamente era el candidato oficialista.
2.-DE LA RETÓRICA IZQUIERDISTA AL REFORMISMO REALISTA: LA CONVERSIÓN DEL PT ESTÁ EN MARCHA
En los meses anteriores a la elección, las perspectivas de victoria de la izquierda estuvieron en el origen de un fuerte crecimiento en los indicadores de riesgo de Brasil y de la cotización del dólar. Cada vez más se ponía en duda la capacidad de Brasil para hacerse cargo de su deuda externa e interna. A esta situación contribuyó, además de la crisis argentina y de la preferencia por "más de lo mismo" que caracteriza a los mercados financieros en situaciones donde existe el "riesgo" de alternancia democrática, la posición del Partido de los Trabajadores, en su larga e ininterrumpida trayectoria de oposición frontal a los dos gobiernos de Cardoso y a cualquier proyecto que de ellos emanase.
En realidad, el PT veía en cualquier iniciativa de reforma del gobierno Cardoso la marca del neoliberalismo. De hecho, la agenda de reformas que el gobierno de Cardoso presentó desde el inicio de su primer mandato era identificada como inherentemente neoliberal. Esta actitud se negaba a tomar en consideración la existencia de restricciones externas o internas en el manejo de las políticas económicas: en el discurso del PT, las opciones del gobierno eran esencialmente un reflejo de su subordinación al capital financiero internacional y al FMI y su recetario ortodoxo. Según esta visión, romper con este modelo sería un imperativo y llevarla a cabo dependería exclusivamente de la voluntad política de los gobernantes. Como corolario, solamente un nuevo gobierno con suficiente voluntad política para promover esta ruptura sería capaz de hacerlo. El PT se sintió cómodo usando esta retórica, incluso hasta el punto de patrocinar, en el 2000, un plebiscito sobre el pago (o no) de la deuda externa.
Con este pasado reciente de promesas de ruptura y en respuesta al deterioro del cuadro económico, el candidato del PT lanzó, a principios del tercer trimestre del año y en plena campaña electoral, una "Carta a los Brasileños" en la que afirmaba su compromiso con la estabilidad macroeconómica, con el cumplimiento de los contratos y con el pago de las dos deudas. La retórica de los riesgos asociados a la victoria de un gobierno del PT, ampliamente explorada por el candidato oficialista, no resistió el deseo de cambio de la mayoría de la población ni la recién consolidada identificación de esta con un candidato que ya había sido derrotado en tres elecciones presidenciales sucesivas.
El 27 de octubre, los brasileños eligieron a Lula presidente, con el 61% de los votos válidos, iniciándose, entonces, un periodo de transición de gobierno con características de civismo y profesionalidad inéditos en Brasil: en lugar del tradicional boicot de informaciones del equipo saliente al que entra y del intercambio de acusaciones de todo tipo entre el presidente que acaba su mandato y el presidente electo, lo que hubo fue una transición organizada y apoyada en constante intercambio de informaciones técnicas entre los dos equipos, además de un clima de cooperación y entendimiento explícitos entre Cardoso y Lula.
Casi inmediatamente después de la victoria electoral, Lula eligió la eliminación del hambre en el país como su proyecto político número uno, reafirmó su compromiso con la estabilidad económica y defendió las prioridades reformistas, radicalmente distanciadas de las propuestas de ruptura con el FMI, de no pago de la deuda externa, etc.
En la formulación post-electoral, para hacer viable un ambicioso programa social, cuyo eje central es la lucha contra el hambre -objetivo ciertamente más concreto y plausible que la lucha contra la pobreza o la desigualdad-, hay que liberar recursos fiscales hoy destinados a otros usos. La reforma del sistema público de pensiones, responsable hoy de un drenaje impresionante de recursos fiscales, fue colocada en situación de prioridad de una agenda de reformas que también eran parte del programa del gobierno de Cardoso.
El nombramiento de Antonio Palocci al frente del Ministerio de Hacienda marcó el segundo movimiento post-electoral de distanciamiento en relación a las propuestas (preelectorales) de ruptura con la gestión macroeconómica vigente en el gobierno de Cardoso. Exalcalde de una próspera ciudad del interior del estado de Sao Paulo, coordinador de la campaña presidencial de Lula y representante del ala pragmática y moderada del PT, Palocci tiene marcada su actuación por la defensa del equilibrio fiscal, la prioridad dada a la lucha contra la inflación -cuyos niveles volvieron a subir, en el segundo semestre de 2002, impulsados por el alza del valor del dólar- y la agenda de reformas destinadas a liberar recursos para las prioridades sociales del nuevo gobierno, recursos hoy comprometidos para otros gastos. En la misma dirección apuntó el nombramiento del nuevo presidente del Banco Central.
3.- ESCENARIOS PARA UN GOBIERNO NACIENTE: ¿LA CONVERSIÓN DEL PT ES DURADERA?
Esta evolución reciente contribuirá sin duda a reducir drásticamente las posibilidades de la aparición de un "escenario Hugo Chávez", caracterizado por la retórica de la ruptura radical y por un bajísimo -y cada vez menor- nivel de gobernabilidad. La apreciación del real frente al dólar y la reducción acentuada registrada por los indicadores de riesgo-Brasil reflejaron, en los primeros días de enero, la receptividad de los mercados a los signos de continuidad en la gestión de la política macroeconómica.
Mientras tanto, la construcción de la gobernabilidad del primer gobierno de izquierda de la historia de Brasil aún es un desafío al que enfrentarse. En este sentido, el éxito del nuevo gobierno dependerá, en buena medida, de su capacidad para luchar contra con tres frentes de tensión:
En realidad, durante el primer semestre de 2003 tendrán que aclararse estas tensiones y los conflictos que puedan derivar de ellas. La apuesta principal del núcleo de gobierno próximo a Lula -y del propio Presidente- parece ser (i) el mantenimiento del rigor fiscal para liberar recursos para los programas sociales prioritarios y "comprar" credibilidad a los mercados, lo que permitiría, en algunos meses, el inicio de un proceso de reducción de los tipos de interés internos; (ii) la aprobación, ya en 2003, de una ambiciosa reforma del sistema público de pensiones, que permitiría resolver, en una perspectiva a largo plazo, parte importante del problema de cuadrar ingresos y gastos públicos en Brasil; y (iii) el inicio de una ofensiva inmediata en el área de las políticas sociales, para hacer de esta dimensión del gobierno su rasgo distintivo en relación a los que le precedieron.
Alejado el "escenario Hugo Chávez", parecería que el gobierno de Lula tuviera dos trayectorias plausibles en el plano de las políticas nacionales. En un escenario pesimista, en el que las fuentes de tensión arriba apuntadas reducen gradualmente el compromiso del gobierno con la estabilidad macroeconómica y con las metas fiscales, el gobierno negocia caso a caso y sin una base parlamentaria sólida y estable los proyectos que le interesan en el Congreso -lo que aumenta su vulnerabilidad a las presiones de los aliados potenciales - y la prioridad dada a las políticas sociales desaparece en medio de este juego de presiones de intereses localistas, corporativos y otros. Al mismo tiempo, las relaciones con el FMI se vuelven mucho más difíciles y tensas. El dólar volvería a subir, las dudas acerca de la sostenibilidad de las deudas externa e interna también crecerían, así como las tasas de riesgo-Brasil, afectando directamente los flujos de ingreso de recursos extranjeros en el país. Este es el "escenario Sarney", así denominado en referencia al político que presidió Brasil en la segunda mitad de los años 80 y cuyo gobierno -que tenía por lema "todo por lo social"- incluía todos los componentes arriba descritos.
El escenario optimista -"alianza socialdemócrata" o "tercera vía"- combina el mantenimiento del rigor macroeconómico con la aprobación de las reformas del sistema público de pensiones y tributaria en el Congreso y con la adopción de medidas atrevidas en las áreas de política social y microeconómica. Este escenario supone, en el plano político, la unidad del gobierno en torno a los compromisos de estabilidad económica y cumplimiento de las metas fiscales, y el establecimiento de una base parlamentaria sólida y estable, gracias a la atracción del PMDB o incluso del PSDB de Cardoso.
En realidad, la alianza potencialmente más sólida en el Congreso tendría como pilares el PT y el PSDB, con otros partidos pequeños gravitando en torno a estos dos. Tal alianza entre partidos que se enfrentaron directamente en las recientes elecciones presidenciales parece hoy remota, pero esta posibilidad no debe ser excluida, principalmente si los tres frentes de presión apuntadas se muestran muy activas en los próximos meses, comprometen la gobernabilidad. Esta alianza permitiría al núcleo central del gobierno prescindir del apoyo de la izquierda del PT y de los partidos que condicionan su apoyo al gobierno a la atención de pactos generalmente costosos en términos fiscales.
4.- LA POLÍTICA EXTERNA: BUENAS INTENCIONES E INDEFINICIÓN
De la evolución interna dependerá en gran medida la política exterior del gobierno de Lula. De momento, las declaraciones del presidente y de sus colaboradores más han dado especial importancia a la necesidad de fortalecer el MERCOSUR y de reforzar los lazos económicos y políticos con los demás países de América del Sur. En el caso del MERCOSUR, el diágnostico que se desprende de las declaraciones de las nuevas autoridades es algo simplista: el bloque se enfrenta con dificultades porque se limita a la dimensión económica y deja de lado el aspecto político.
La Unión Europea fue, en este sentido, citada varias veces por el presidente electo como ejemplo a seguir. Planteamiento poco claro, sobre todo cuando el diagnóstico se desdobla en la propuesta -que se viene repitiendo en Brasil- de crear un parlamento del MERCOSUR elegido por voto directo. El reto en este caso, por tanto, es transformar la prioridad política explícitamente concedida al MERCOSUR en un programa de trabajo que permita superar los errores del pasado en la concepción y en la operación del proyecto, incluyendo los cometidos en el plano político-institucional.
Las relaciones con los EUA también merecen ser destacadas, después del viaje de Lula, antes de su investidura, a los EUA para reunirse con George W. Bush. La antipatía -por decir lo mínimo- del PT por el proyecto del Área de Libre Cambio de las Américas (ALCA) ha llevado a algunos de sus dirigentes a defender como estrategia alternativa el establecimiento de un acuerdo bilateral de libre comercio entre el MERCOSUR y los EUA. Esta estrategia podría reflejar simplemente una postura realista y pragmática del nuevo gobierno: ya que los propios EUA dan prioridad a las negociaciones bilaterales en el Hemisferio, cosa que contribuye a vaciar de contenido el ALCA, ¿por qué insistir en un proyecto originalmente de inspiración norteamericana? Entretanto, esta estrategia tiene una ventaja adicional para el gobierno de Lula en el caso de que las negociaciones del ALCA continúen: las negociaciones bilaterales entre Brasil y los EUA permiten al gobierno de Lula evitar una decisión difícil para el PT: adherirse (o no) a un proyecto identificado con una iniciativa principalmente política de los EUA, el ALCA.
© Observatorio de la Globalización, 2002.
--------------
Para volver a: Serie Mercosur ó Notas informativas