Las negociaciones UE-MERCOSUR

 

 

Serie Mercosur Nº25, publicada en enero de 2004.



  
   Esta Nota Informativa ha sido elaborada por:

   Roberto Bouzas (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Buenos Aires)  y
   Pedro da Motta Veiga
(consultor y ex-director de la Fundación de Estudios de Comercio Exterior de Brasil).

 

 

El fracaso de la reunión ministerial de la OMC en Cancún y la falta de progreso registrada en el encuentro fijado para mediados de diciembre han aumentado la presión sobre las negociaciones preferenciales en las que participa el MERCOSUR, tanto en el ámbito del ALCA como con la Unión Europea. En efecto, la impasse del foro multilateral ha convertido a las negociaciones preferenciales en un escenario privilegiado para la expresión de los intereses estratégicos de los distintos participantes. En particular, los funcionarios comunitarios han tomado sus últimos intercambios con el MERCOSUR como un medio para desmentir que el fracaso de Cancún haya asestado un golpe de muerte a los llamados “temas de Singapur”. Los funcionarios europeos también han tratado de aventar la imagen de que la posición negociadora de la UE es recalcitrante y defensiva. 

 

En efecto, al menos en el plano de las declaraciones la reunión ministerial EU-MERCOSUR que se realizó en noviembre de 2004 dio a los funcionarios comunitarios una oportunidad para insistir en la necesidad de un acuerdo “profundo” (OMC-plus) con el MERCOSUR. Esta postura fue presentada en contraste con la idea de un ALCA light, tal como ésta se impuso después de la reunión de Miami. Pero una cosa es el discurso y otra bien distinta lo que permiten las restricciones que enfrentan los negociadores de ambas partes. En efecto, a pesar de la ambición por un acuerdo “profundo” los funcionarios comunitarios enfrentan grandes obstáculos para hacer concesiones significativas en temas de interés para el MERCOSUR (como la protección y los subsidios a la agricultura). Los negociadores del MERCOSUR, por su parte, continúan fuertemente limitados en su capacidad para atender a las demandas europeas en los temas que revisten mayor interés para ésta.

 

            En este contexto de desazón post-Cancún, y después de varias postergaciones, los ministros del MERCOSUR y la UE se reunieron en Bruselas en el mes de noviembre. Los negociadores comunitarios llegaron a la reunión con la firme intención de enviar dos mensajes. Por un lado, que el retiro de la agenda de los temas de inversión y política de competencia realizada en Cancún había sido una decisión tomada en el marco de un proceso de negociación que se había interrumpido. Por lo tanto, dichos temas seguían siendo parte de la “agenda ofensiva” de la UE en sus tratativas con el MERCOSUR. Por el otro, que la interrupción de las negociaciones multilaterales y las dificultades para arribar a un acuerdo con el MERCOSUR no se traducirían en una propuesta de acuerdo comercial light (como había ocurrido con el ALCA). Por el contrario, la UE continuaba promoviendo un acuerdo “profundo” (OMC-plus), si bien que limitado en lo que respecta a sus temas más sensibles (como la agricultura).

 

Los funcionarios comunitarios también se ocuparon de subrayar que las negociaciones entre la UE y MERCOSUR enfrentaban una fase decisiva y que, en el caso de no haber un progreso rápido, el resultado más probable sería una pérdida en el interés negociador de la UE. Para inducir a una respuesta cooperativa del MERCOSUR, los negociadores europeos propusieron mejorar las condiciones de acceso de las exportaciones agrícolas del MERCOSUR a través de un régimen de cuotas. Como aún se desconoce la dimensión de las cuotas, no es posible evaluar en qué medida esta propuesta representa una mejora significativa en comparación a la situación pre-existente ni cuán susceptible es de verse erosionada por acuerdos posteriores en el ámbito multilateral. 

 

            En la reunión de Bruselas también se fijó un cronograma para la fase final de las negociaciones y una fecha para concluirlas (octubre de 2004). El establecimiento de una fecha límite fue presentada como una muestra de la decisión de ambas partes de concluirlas, pero sus razones son probablemente más prosaicas: el mandato de los actuales comisarios vence en noviembre de 2004. De hecho, las diferencias que han separado a los negociadores de la UE y el MERCOSUR parecen seguir inalteradas y, en cierto sentido, pueden haberse ampliado después de Cancún. El cronograma acordado en Bruselas incluyó una nueva reunión (la undécima) del Comité Bi-Regional de Negociaciones a realizarse a principios de diciembre (ver más adelante) y otra más en marzo en Buenos Aires. En esos dos encuentros las negociaciones se focalizarían en las modalidades de acceso a mercados en los temas más sensibles. En base a los acuerdos que eventualmente alcancen las partes se comprometieron a presentar sus ofertas a más tardar el 15 de abril de 2004. La decimotercera reunión del Comité de Negociaciones Bi-Regionales fue programada para principios de mayo de 2004.

 

            Tal como estaba previsto, la undécima reunión del Comité de Negociaciones Bi-Regionales se realizó a principios de diciembre en Bruselas, y pocos días después el comisario europeo de comercio, Pascal Lamy aprovechó la reunión convocada por el G-20 en Brasilia para realizar una gira por varios países del MERCOSUR. El objetivo del comisario Lamy fue insistir en la necesidad de alcanzar un acuerdo amplio y rápido con el MERCOSUR. Lamy también insistió en la necesidad de que MERCOSUR perfeccione el funcionamiento de su unión aduanera a fin de operar efectivamente como un mercado ampliado. Los funcionarios europeos critican que en un eventual acuerdo bi-regional, las ventajas de acceso y de transparencia en las disciplinas que obtendrían los miembros del MERCOSUR serían mayores que las de la UE, ya que en el caso del primero los mercados nacionales aún siguen fragmentados (no existe la libre circulación de bienes) y se continúan aplicando controles y registros nacionales en ámbitos diversos como el del control sanitario. En verdad, la insistencia comunitaria en la consolidación de la unión aduanera tiene también el objetivo estratégico de promover la consolidación de la sub-región frente al proceso del ALCA. El comisario Lamy también subrayó que la UE no sólo desea concluir un acuerdo “profundo” con el MERCOSUR (en oposición a la visión de un ALCA “light”), sino que el acuerdo MERCOSUR-UE también incluirá un capítulo político y otro de cooperación.

 

            A pesar de estas afirmaciones, subsisten dudas respecto a qué se entiende por un “acuerdo profundo” cuando temas tan sensibles para el MERCOSUR como el de los subsidios a la agricultura está en los hechos al margen de las negociaciones. En efecto, tal como lo señalaron insistentemente los funcionarios europeos, el tema de los subsidios a la producción agrícola sólo se encarará efectivamente en el marco de la OMC Por otra parte, los europeos no parecen dispuestos a ir en esta materia más allá de lo que ya ofrecieron en la cumbre de Cancún. En el ámbito de las negociaciones bi-regionales a lo más que podrá aspirar la propuesta europea es a disciplinar los subsidios a la exportación y ofrecer mejores condiciones de acceso al mercado interno a través de mayores cuotas para el MERCOSUR. Para los negociadores del MERCOSUR el tema clave es qué tipo de oferta podrá estructurar la UE en estos ámbitos que sea lo suficientemente atractiva como para justificar compromisos en los temas propios sensibles, especialmente en el caso de Brasil. El atractivo de la propuesta radicará no sólo en la mejora en las condiciones actuales, sino también en la capacidad de que dichos beneficios se mantengan a lo largo del tiempo y no se erosionen significativamente como consecuencia del proceso de negociación multilateral en curso.

 

 

La reunión cumbre del MERCOSUR en Montevideo

 

A mediados de diciembre se realizó la 25ª reunión del Consejo Mercado Común y, enseguida, la cumbre de Jefes de Estado de los países del MERCOSUR, Chile y Bolivia. Desde el punto de vista de la agenda interna del bloque, los resultados más importantes fueron:

 

a)      La aprobación de la Decisión que adopta el “Programa de Trabajo 2004-2006”. Este programa de trabajo fue propuesto por el gobierno de Brasil en la anterior reunión del CMC bajo el rótulo de Objetivo 2006 (ver NOTA MERCOSUR nº 21). Su propósito es establecer tareas y un cronograma preciso para eliminar las restricciones remanentes al comercio, completar la unión aduanera y avanzar en otros temas como la coordinación macroeconómica y monetaria y la creación de un parlamento. El Objetivo 2006 es sumamente ambicioso y tiene una cobertura temática demasiado amplia, lo que plantea el riesgo de que se torne tan inefectivo como la Agenda del Relanzamiento que los gobiernos acordaron –como pocos resultados- hace ya cuatro años.

 

b)      Aprobación de un régimen especial transitorio para la importación de bienes de capital y bienes de informática y telecomunicaciones con arancel cero desde mercados de extra-zona. El tema de la protección otorgada a estos productos por el arancel externo común (AEC) del MERCOSUR había sido una fuente de permanente disputa entre los socios del bloque. En 2001 el gobierno argentino adoptó unilateralmente la decisión de abandonar el AEC para una amplia gama de productos, medida que fue más tarde convalidada por el resto de los miembros a través de una dispensa que concluía a fines de 2003. Con esta nueva decisión la Argentina podrá gravar con un arancel cero las importaciones de estos bienes provenientes de extra-zona hasta fines de 2005, en tanto que Paraguay y Uruguay obtuvieron una dispensa por un plazo de ocho años (a contar del año 2006, cuando debía estar totalmente implementado el AEC). La extensión del régimen especial para este tipo de bienes fue presentada como una aceptación formal por parte de Brasil de la necesidad de tomar en consideración las asimetrías que prevalecen en la región a la hora de decidir las condiciones de trato. Hasta ahora el gobierno brasileño había defendido a rajatabla el principio de que no hubiera tratamientos preferenciales entre los miembros del MERCOSUR.

 

c)      La aceptación del principio de tratamiento preferencial para los miembros más pequeños del grupo también se reflejó en la autorización de reglas de origen más flexibles en el caso de Paraguay (40% de contenido local) y de 150 ítems como excepciones al AEC hasta el año 2010. Esta aceptación, sin embargo, fue obtenida a regañadientes. Los funcionarios brasileños se inclinan por proseguir los estudios para la creación de un fondo de desarrollo regional, como fuera propuesto por el presidente Lula en la pasada reunión cumbre del grupo. Si bien la creación de dicho fondo puede ser una buena idea, los ritmos propios de esa iniciativa no coincidirían con las urgencias que manifiestan los gobiernos de los países más pequeños.

 

 

d)      Firma del Protocolo de Compras Gubernamentales, que regula la participación de empresas de cualquiera de los países miembros en las licitaciones públicas de cualquiera de ellos. Para su entrada en vigor el Protocolo deberá ser antes ratificado por los Parlamentos y sus efectos prácticos sólo se harán sentir una vez que se apruebe su reglamentación, lo cual puede demorar varios años. El Protocolo de Montevideo sobre Comercio de Servicios, por ejemplo, fue aprobado en 1997 pero aún no ha entrado en vigor debido a la lentitud del proceso ratificatorio.

 

 

En la reunión de Montevideo el ex-presidente argentino Eduardo Duhalde también asumió las funciones de titular de la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR, según fuera acordado en la reunión cumbre precedente. La creación de este órgano apunta a afianzar la estructura institucional del MERCOSUR, aunque sus funciones aún aparecen borrosas y existe un riesgo cierto de duplicación y competencia con la Secretaría Técnica. La Comisión pretende constitutirse en el equivalente funcional del COREPER en el caso de la Unión Europea, pero su capacidad efectiva para actuar como un ámbito de coordinación entre los funcionarios residentes en las capitales nacionales está por verse. Además del potencial de competencia con las funciones de la Secretaría Técnica, la Comisión y su presidente corren el riesgo de quedar relegados a una función básicamente diplomática y protocolar. Para resultar efectiva, la tarea de coordinación requeriría una dedicación plena de los involucrados y una infraestructura técnica más sólida de que hasta ahora estos tienen a su disposición. No obstante, dada la disponibilidad de recursos provenientes de la cooperación internacional, las restricciones que tendrá que enfrentar serán, más que de fondos, de organización y objetivos.

 

En materia institucional, la reunión de Montevideo también ofreció la oportunidad de que el presidente brasileño informara la culminación del proceso de ratificación parlamentaria del Protocolo de Olivos sobre Solución de Controversias por el que se creó el Tribunal Permanente de Revisión del MERCOSUR. El Protocolo de Olivos reemplaza al Protocolo de Brasilia y crea un mecanismo permanente de solución de controversias. Muy probablemente, durante la presidencia pro-tempore de la Argentina en el primer semestre de 2004 dicho tribunal será puesto en funcionamiento.

 

En materia de relaciones externas la reunión de Montevideo tuvo como principal resultado la incorporación de Perú como miembro asociado del MERCOSUR y la firma de un Acuerdo de Complementación Económica con la Comunidad Andina. Perú y los Estados parte del MERCOSUR ya habían concluido en el mes de agosto un Acuerdo para el Establecimiento de una Zona de Libre Comercio, y en la reunión de diciembre se formalizó la incorporación de Perú como Miembro Asociado del MERCOSUR, el mismo status que ya tienen Bolivia y Chile. La categoría de Miembro Asociado implica no sólo concesiones en materia de acceso a los mercados, sino una rutina mas densa de interacción político-diplomática que se refleja, entre otras cosas, en la participación regular en las reuniones semestrales de Jefes de Estado.

 

En cierta manera, la incorporación de Perú como Miembro Asociado del MERCOSUR se vio eclipsada por la firma de un Acuerdo de Complementación Económica con la Comunidad Andina, lo que fuera presentado como un paso importante. En realidad, las negociaciones del MERCOSUR con la Comunidad Andina se han arrastrado desde 1995, cuando el primero adoptó formalmente un AEC. A partir de ese momento los acuerdos pre-existentes entre cada uno de los países miembros del MERCOSUR y los de la Comunidad Andina deberían haberse convertido en un pacto bi-regional, ya sea bajo la forma de un acuerdo de libre comercio o de un acuerdo de preferencias arancelarias. No obstante, durante todos estos años ha resultado imposible alcanzar un paquete aceptable de “multilateralización” de las preferencias y, menos aún, de establecimiento de un área de libre comercio.

 

El Acuerdo de Complementación Económica suscrito por MERCOSUR y la CA es en realidad un documento incompleto. Por un lado, dicho acuerdo permite a las partes mostrar un resultado antes de la última fecha límite que se habían propuesto (fines de 2003) y fijar un calendario para su conclusión. Por el otro, el acuerdo tiene varios aspectos pendientes como la definición de los anexos donde se conceden las preferencias arancelarias o la determinación del régimen de origen para productos sensibles. De acuerdo al convenio firmado estos temas deberían estar resueltos a más tardar el 31 de marzo del 2004. Según el texto el grueso de los productos se desgravará totalmente en un período de diez años, aunque una serie de productos “sensibles” agrícolas e industriales tendrá un plazo máximo de desgravación de hasta 15 años. El acuerdo incluye una “salvaguarda agrícola” dirigida a proteger los sectores sensibles de la CA: según este mecanismo las preferencias podrán reducirse o eliminarse frente a un incremento acelerado de las importaciones o una caída importante en los precios. Los productos incluidos en la “franja andina de precios” (pollo, maíz, arroz, trigo, cebada, entre otros), por su parte, se desgravarán exclusivamente en la parte fija del arancel. También está aún pendiente de acuerdo el tratamiento que se le dará al sector automotriz.

 

En lo inmediato el acuerdo firmado con la CA tiene un sentido político más que económico, aunque las dificultades con que se ha llegado a su conclusión plantean interrogantes sobre su real significado incluso en este ámbito. La CA se encuentra atravesando por una fase de fuerte desarticulación y varios de sus miembros (destacadamente Colombia) se inclinan por un acuerdo comercial bilateral con Estados Unidos. Durante la reunión ministerial de Miami del mes de noviembre, Robert Zoellick anunció la decisión de iniciar negociaciones para firmar un acuerdo de libre comercio con tres países de la CAN (Colombia, Perú y Ecuador) en el segundo trimestre de 2004. En este contexto, para la estrategia brasileña de consolidar un espacio sudamericano, la conclusión en el año 2003 con un acuerdo con la CA constituye un elemento simbólico importante. Esto explica que el acuerdo se haya firmado aún sin tener todos sus componentes definidos (lo que ya ocurriera en el caso del acuerdo firmado a mediados de año entre Perú y MERCOSUR). Esto también explica que el MERCOSUR haya sido relativamente flexible en las condiciones que finalmente hubo de admitir para cerrar el acuerdo. Los países pequeños, y especialmente Uruguay, han sido reticentes a la firma del mismo por cuanto consideran que éste erosiona sus preferencias de acceso a los mercados mayores del MERCOSUR sin compensarlos por los costos asociados al compromiso (hoy más virtual que real) de implementar una política comercial común.