2.- LA PROPUESTA SOBRE UNA MONEDA ÚNICA: UNA IDEA PREMATURA




Paralelamente con el deterioro del ambiente macroeconómico, el tema de la unión monetaria comenzó a ocupar un espacio mayor en la agenda pública en la región. En 1998, en forma inesperada, el entonces presidente de la Argentina propuso comenzar a estudiar la adopción de una moneda común. En realidad, la iniciativa de Carlos Menem proponía una extensión a toda la región del régimen de caja de conversión que regía en la Argentina. En la visión de algunos asesores del presidente argentino, este proceso habría acabado culminando en la “dolarización” formal de las economías del MERCOSUR.

La idea fue recibida con escepticismo tanto por el gobierno de Brasil, que sentía poca simpatía por la rigidez del régimen cambiario argentino, como por la mayoría de los analistas y observadores. Para las autoridades brasileñas la idea de una moneda única sólo adquiría sentido como una iniciativa de largo plazo y, ciertamente, en el marco de un régimen cambiario más flexible que el de la caja de conversión. La idea de la “dolarización” generaba en Brasil un rechazo aún más abierto. La mayoría de los analistas y observadores también consideró la propuesta del gobierno argentino prematura y, en cierto modo, excéntrica. Hasta entonces los países del MERCOSUR ni siquiera habían conseguido avanzar en el compromiso más modesto de coordinación de las políticas cambiarias, para no hablar de la coordinación macroeconómica establecida por el Tratado de Asunción.

El nuevo gobierno argentino que asumió a fines de 1999 hizo pocos esfuerzos para clarificar el debate. No obstante, impulsó algunas iniciativas que se esperaba pudieran dar inicio a un proceso de cooperación macroeconómica que eventualmente condujera a una coordinación más explícita, incluyendo aspectos de la política cambiaria. Así, en el año 2000, durante la XIX reunión del Consejo del Mercado Común, se acordaron un conjunto de objetivos indicativos de mediano plazo para algunos indicadores seleccionados, como la tasa de inflación, la relación déficit público/PBI y la relación deuda pública/PBI.

La crisis financiera que se inició a fines del 2001 en la Argentina y la devaluación del peso en enero de 2002 modificaron radicalmente el carácter de los problemas y el contenido del debate de política. Por un lado, el colapso de la caja de conversión en la Argentina eliminó uno de los principales obstáculos para un proceso de coordinación macroeconómica más intensa (a saber, la existencia de regímenes cambiarios muy dispares en los dos principales socios). Por el otro, abrió un período de alta inestabilidad macroeconómica potencial en la región, y especialmente en la Argentina.

Las turbulencias macroeconómicas que han caracterizado a la región desde la crisis del Este de Asia sugieren que la profundización de la integración económica regional va a demandar esfuerzos más explícitos dirigidos a promover la convergencia de políticas (especialmente en el campo de las políticas cambiarias) que en el pasado. De hecho, una mayor cooperación y convergencia macroeconómicas parecen condiciones necesarias no sólo para una eventual profundización del proceso de integración, sino también para mantener los niveles actuales de integración. El deterioro del ambiente macroeconómico y una mayor sincronización de los ciclos de negocios en los últimos años han estimulado un aumento significativo de las medidas no-arancelarias y de otras intervenciones ad hoc (como los acuerdos voluntarios de restricción de exportaciones). En conjunto, estas iniciativas han afectado sensiblemente las condiciones de acceso a los mercados, que habían mejorado previamente con la eliminación de aranceles.

A pesar de su necesidad evidente, las perspectivas de una mayor coordinación macroeconómica en el MERCOSUR no son prometedoras. La interdependencia económica aún es baja, la volatilidad es potencialmente muy alta y no existe un “líder regional” en condiciones de proveer los bienes públicos necesarios para promover la convergencia macroeconómica. Adicionalmente, la arquitectura institucional del MERCOSUR parece poco apta para promover y asegurar la implementación de políticas comunes, no sólo en el ámbito macroeconómico sino también en el de la política comercial. Los obstáculos que ha enfrentado el MERCOSUR para aplicar efectivamente el arancel externo común son un indicador de estas dificultades.


3.- Rasgos estructurales de la interdependencia económica en el Mercosur