
La integración regional no puede avanzar sin la provisión de ciertos bienes colectivos, cuya oferta normalmente supone un costo. Asegurar que la argamasa que mantiene unidos a los socios es sólida y duradera normalmente requiere una visión de largo plazo (estratégica) que puede involucrar trade-offs de corto plazo. En este sentido, el Mercosur ha evidenciado un importante déficit de liderazgo. En tanto que en la Argentina tradicionalmente se ha resentido el rol potencial de Brasil como proveedor de “liderazgo” (lo que en parte explica las continuas preocupaciones por asegurar un cierto “equilibrio de poder” en la región, ya sea a través del apoyo entusiasta a la incorporación de Chile al Mercosur o de la búsqueda de alguna forma de relación preferencial con Estados Unidos), Brasil ha dejado mucho que desear en el desempeño de ese papel. Brasil ha mostrado un compromiso muy modesto como un líder “benigno”, probablemente porque los propios burócratas, políticos y actores interesados en ese país han visto pocos beneficios en una integración regional más efectiva. Este modesto compromiso seguramente fue influido por dos factores, uno de naturaleza estructural y otro de naturaleza política. El factor de naturaleza estructural son las asimetrías de tamaño, las que pueden limitar los beneficios económicos potenciales del Mercosur (Nota 1). El factor inducido por la política puede ser la percepción de que los trade-offs que se esperaban originalmente (especialmente en el campo de la política exterior) no se han materializado.
Pero aún si existiera voluntad para ejercer liderazgo (compromiso), esto podría no resultar suficiente. En efecto, un hegemón benigno también necesita de recursos para hacer dicho liderazgo efectivo. Sin embargo, los recursos son escasos y deben asignarse entre usos alternativos. Aún más, los recursos para ejercer efectivamente el liderazgo pueden ni siquiera estar disponibles, como ha sido el caso en lo que respecta a la provisión de un punto focal para la convergencia macroeconómica. Este handicap en términos de “capacidad de liderazgo” también reduce los incentivos de las otras partes para mantenerse unidas.
Durante los últimos años la agenda interna de Mercosur ha estado enfocada en la administración del conflicto más que en la identificación y promoción de una agenda cooperativa. Las negociaciones han avanzado sobre la base de “listas de compra” que incluyen un rosario de demandas mutuas, más que en términos de identificar áreas en donde es posible promover intereses comunes y la cooperación. Este enfoque puede comenzar a cambiar a medida que los Estados parte “aprendan” los costos potencialmente altos de una reversión en la integración de los mercados regionales y un deterioro de la credibilidad internacional. Si Mercosur sobrevive a la fase actual de severa turbulencia macroeconómica, habrá demostrado su capacidad de resistencia. En ese momento, los gobiernos estarán en la posición de capitalizar su aprendizaje, identificar mejor y explotar de manera más efectiva las convergencias e intereses comunes emergentes.Nota 1: Motta Veiga (1999), sin embargo, ha argumentado que basar esta evaluación en los valores agregados de comercio es inapropiado. El mercado regional ha sido muy importante para los productores brasileños de manufacturas.
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