0.6 La percepción de la realidad física

 

Una cuestión que, desde antiguo, ha intrigado a los científicos es la de cómo construimos una representación del mundo. En otras palabras, ¿cómo surge la percepción de la realidad física a partir de la actividad neural que desencadenan los estímulos físicos al entrar en contacto con las células sensoriales de las personas? Hoy sabemos que en los diversos sistemas sensoriales existen neuronas especializadas en la detección y transducción de ciertas manifestaciones de la energía en un patrón de impulsos bio-eléctricos que codifican y representan la información del mundo externo. Las diferentes vías sensoriales operan en paralelo, por lo que disponemos de una representación multimodal que da soporte a nuestra percepción integrada de la  realidad. Por tanto, las sensaciones, que tienen su origen en estos sistemas, no son una copia fidedigna (exacta) del mundo que nos rodea, sino una posible réplica, análoga y abstracta de ese mundo. Es decir, un correlato neural alternativo que contiene una correspondencia psico-física. Uno de los mayores desafíos intelectuales que la ciencia tiene hoy planteado es el de explicar  cómo se integra toda esa multiplicidad de información para construir una experiencia perceptiva consciente y unificada. Este complejo problema, a su vez, nos remite a los problemas relativos a cómo tiene lugar la selección de la información relevante (filtro atencional) y cómo llegamos a tener consciencia de su existencia.

 

La percepción ha sido definida como un proceso de extracción de información mediante el que se forman representaciones sobre las que puede operar el Sistema Cognitivo. Viene a ser como una interfaz, que permite a los Seres Vivos, transformar ciertas manifestaciones de la energía existentes  en la realidad en información. Posteriormente, el Sistema Categorial-Conceptual transformará esa información en conocimiento almacenado semánticamente.

 

Aunque los neurocientíficos de orientación bio-fisiológica son la tendencia dominante, este enfoque tampoco ha aportado una explicación completa y convincente de la cuestión capital. Esto es, si los distintos estados de consciencia se corresponden con la actividad de distinto conjunto de células cerebrales, ¿Cuál es la diferencia entre las células que producen diferentes experiencias perceptivas? Sin duda existe un ‘gap’ (un vacio) que debe ser llenado entre la actividad de estas células y la experiencia consciente: ¿cómo el patrón de descarga neural de una célula (firing rate) puede generar, por ejemplo, la sensación cromática de rojo o de azul? ¿Pueden identificarse sensaciones específicas (olor a rosa, sabor dulce, calor, etc) mediante la excitación de ciertas células? ¿Cómo surge una qualia?

 

Damos por bien establecido que las personas vivimos en un mundo físico, pero ¿podemos tener certeza absoluta de la existencia de la realidad física? Cada persona tiene por absolutamente verídico la existencia de su “yo” y las sensaciones asociadas a este, como por ejemplo: ¿existe el dolor? ¿y el miedo? ¿nos podemos sentir helados de frío ó asados de calor? ¿Existe la rojez ó el verdor? ¿y el dulzor ó el sabor amargo? ¿y el olor a café? Lo que aún está por verificar es si la realidad es tal y como la percibimos, ya que hoy sabemos que la realidad percibida es una posible interpretación de la realidad física, pero ambas no son exactamente lo mismo. Por tanto, cabe preguntarse: ¿existe la objetividad absoluta?  En resumen: Dado que la única subjetividad de la que estamos seguros es de la propia, confiamos en la existencia de la subjetividad de nuestros semejantes y la damos por supuesta en función de su grado de semejanza con la experimentada por nosotros mismos.