1.12 La jerarquía de niveles perceptivos

La complejidad del problema global de la percepción, se extiende en una jerarquía supraordinada de niveles de sofisticación creciente, en el que, conforme se asciende, resultan implicadas estructuras cognitivas superiores. Así, por una parte, experimentamos sensaciones (de brillo, claridad, contraste, de color rojo, de olor a rosa, de suavidad, etc.), en un nivel superior percibimos objetos (figuras) segregados de un fondo, más o menos difuso. Dichas figuras muestran una forma, un tamaño, una textura, una masa, un volumen, una localización espacial, etc. Tales objetos pueden ser percibidos en un espacio estático bidimensional (organización perceptiva en estructuras) o tridimensional (percepción de la profundidad y estereopsis). Al ascender de nivel, podemos percibir las figuras (2-D ó 3-D) en movimiento, dado que podemos percibir la sucesión temporal y cambios del objeto en el devenir del tiempo. Además, si proseguimos elevándonos en la jerarquía, estos sucesos los percibimos atribuyéndoles una causalidad, como evidenció el clásico experimento de Michotte (1946) (en el que el sujeto juzga que un objeto B se mueve porque sobre él ha impactado el objeto A), otorgando a ciertos hechos situaciones u objetos el rol de causa desencadenante de unas consecuencias. E, incluso, podemos dotar de animación a objetos inanimados en movimiento (Ej. dibujos animados) como pusieron de manifiesto Heider y Simmel en 1944. Y, lo que es más, percibir intencionalidad en esa atribución (Ej. testigos oculares de accidentes).

Esta jerarquía de niveles perceptuales puede servirnos de modelo en el que articular los diversos fenómenos perceptivos objeto de estudio. De manera que las ideas adquieran una dimensión unitaria, esto es, que no sea tan sólo una yuxtaposición de curiosidades con valor cultural anecdótico, sino que se ponga de manifiesto su estructura. En los sucesivos temas abordaremos algunos niveles perceptivos de la citada jerarquía.