1.8 El input sensorial: el estímulo

La Teoría de la percepción directa, propuesta por J.J. Gibson (1904-1979), sostiene que la percepción no se construye mediante una interpretación de los datos sensoriales por parte del perceptor, sino que la percepción es una función directa del estímulo. Esto es, ni viene determinada innatamente, ni resulta enriquecida por la experiencia pasada, ni se produce como consecuencia de una organización espontánea de los datos sensoriales en la mente del que percibe. Para Gibson, la percepción tiene lugar al actuar directamente los sentidos sobre los estímulos-información, los cuales nos informan de las invariantes del ambiente, de modo que las propiedades del estímulo proximal (imagen retiniana) se hallan altamente correlacionadas con el estímulo distal (objeto real). Por consiguiente el estudio de la correspondencia entre las invariantes del estímulo y la percepción es un enfoque psicofísico que denomina Psicofísica de orden superior. Gibson distingue entre:
 

  • Estímulo-energía, según la cual las energías de los estímulos afectan a receptores específicamente entrenados en captar esa modalidad (ondas luminosas, acústicas, etc.)
     
  • Estímulos-información, patrones complejos de la estructura de la luz ambiental que representan constantes (invariantes) bajo todas transformaciones y proporcionan la información ambiental.
     

Por tanto, Gibson opone la noción de estímulo-información tanto al concepto de estímulo-energía como a la concepción de un patrón estático, en cuanto que percibimos un flujo temporal de información sobre el medio. Desde este punto de vista, consideraba los sentidos como auténticos sistemas perceptuales con los que buscamos en el ambiente la información necesaria. Esta información relevante es lo que denominamos invariantes, que son las que nos permiten reconocer los objetos y no las formas.

Al tratar de conceptualizar la noción de estímulo, la referencia obligada es el trabajo de Gibson (1960), en el que analiza las diferentes acepciones de este polisémico término y plantea, en torno a él, numerosas cuestiones: ?el estímulo motiva al individuo o se limita a desencadenar en él una respuesta?, ?es causa suficiente de la respuesta?, ?puede activar un órgano sensorial?, ?existe en el ambiente o en los receptores?, ?cuándo puede considerarse un patrón espacial como simple y cuándo como compuesto?, ?cuándo una secuencia estimular temporal es unitaria y cuándo compuesta?, ?hay estímulos que carecen de estructura?, ?cómo debe especificarse la estructura estimular?, ?transmiten información de los objetos en su medio o son meros patrones de energía que actúan sobre los sentidos?. Pelechano (1975) trató de agrupar estas cuestiones, clasificándolas según tres criterios: 1) problemas sobre el papel causal del estímulo; 2) los que giran en torno a la viabilidad de definirlo independientemente de la respuesta, y 3) los que aluden a reglas para decidir la unicidad-multiplicidad espacial o temporal.

Los conductistas se ocuparon meramente de estudiar las relaciones entre la entrada y la salida. Así, Skinner (1938) distinguió tres tipos de estímulo: reforzador, discriminativo y elicitante, este último, sería, en sentido estricto, el estímulo propio del proceso perceptivo, en cuanto que elicita la respuesta. Sin embargo, el aprendizaje perceptivo se lograría mediante el estímulo reforzador y el discriminativo. No obstante este tipo de análisis resulta insuficiente a todas luces. En efecto, quedaría por aclarar la naturaleza del estímulo, cuanta información contiene (medición), dónde se encuentra la información (contenido) y por qué se halla allí dicha información (causa).

En el intento de esclarecer que es el estímulo, también ha sido útil la distinción conceptual propuesta por Brunswik (estímulo proximal y distal). Esta distinción ofrecía la posibilidad de replantear el problema fundamental de la percepción.

La caracterización del estímulo proximal la completa Carpintero (1975), al considerar que éste viene determinado por dos factores, uno, la información que proporciona el medio y, otro, lo añadido por el organismo, con lo cual resulta una construcción en la que participan tanto el organismo como el medio.

Según lo expuesto, podemos caracterizar al estímulo por las siguientes notas:

  • Contiene información y no sólo energía.
     
  • Parte de la información que poseemos sobre el estímulo proviene del medio y el sujeto añade otra información adicional, realizando una construcción, o mejor dicho, una reconstrucción del estímulo.
     
  • Elicita una respuesta perceptual en el sujeto, al incidir sobre los receptores.
     
  • Puede describirse con independencia de la respuesta.
     
  • Es molar y posee una organización.
     
  • Es significativo y dependiente del contexto.
     
  • Presenta un aspecto sincrónico (espacial) y otro diacrónico (temporal).
     

Los diferentes autores que se han enfrentado a la temática perceptiva han enfatizado alguno de los aspectos anteriores, con los que caracterizábamos al estímulo, destacando alguna de estas particularidades. Básicamente, son cuatro las diferentes maneras de entender el estímulo, a las que es habitual referirse como concepciones: biologista, fisicalista, cognitiva y como 'constructo hipotético'.