TRAYECTORIAS SOCIALES Y PROCESOS DE IDENTIDAD EN PRISION 
© 1993. Julio Zino Torrazza

Introducción
La prisión, como caso particular de las organizaciones sociales, permite adaptar para su análisis, elementos de las teorías elaboradas a partir de aquellos casos generales.
Adoptando una definición que toma como base las actividades de sus miembros, las organizaciones (y específicamente, la prisión) se conciben como sistemas sociales "a) en interacción con el ambiente.
b) como sistema se compone de diferentes elementos que mantienen entre sí un mínimo de cooperación para alcanzar a la vez objetivos comunes y objetivos propios de cada uno de los elementos.
c) (...) El individuo y el grupo no se entregan pasivamente a determinismos económicos, psicológicos o sociales; son actores". (Petit,1984:13)

La aplicación de esta definición al caso de la prisión, señala la existencia de la interacción con el ambiente, en la procedencia de los elementos humanos e ideológicos que la conforman, que afecta a todo el conjunto humano que integra la prisión. La prisión es una estructura en intercambio con su entorno, tanto desde una perspectiva histórica como sincrónica. (Melossi, 1980)

Los demás puntos de la definición parecen sin embargo contradecir la imagen social que proyecta la prisión en la sociedad. Su propia definición formal (como lugar de ejecución de penas privativas de libertad) y las funciones que tiene asignada como lugar específico del ejercicio del poder (de manera particular, del Estado) ponen en cuestión la existencia de relaciones de cooperación, de objetivos particulares de los individuos que la conforman, su consideración de "actores" o una explicación de conductas que no sea a partir de determinismos económicos, psicológicos o sociales.[NOTA: Si bien esta subsidiariedad no es ajena a otras organizaciones, que aunque de modo no tan flagrante se ven afectadas por tendencias similares, confiere al caso unas peculiaridades significativas. Como señala Foucault (1988:230), "¿puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?" ]

Sin embargo, si consideraremos el proceso de integración de los individuos en la prisión, podremos discutir de manera concreta algunos de los mecanismos que rigen la interacción de los individuos en la prisión, acercándonos finalmente al esquema que hemos planteado inicialmente.

El ingreso y las identidades
La incorporación de un individuo en una prisión conlleva un proceso de construcción de una identidad institucional. Todo individuo que ingresa en una prisión proviene de una estructura social mayor, en la que ha creado, a través de su socialización, una identidad (conformada por roles y status) que se pierde con el ingreso en prisión. [Nota: Entre las múltiples definiciones de identidad, resulta útil al desarrollo que proponemos, la siguiente: "La identidad es aquello por lo cual el individuo se define a si mismo socialmente. Pertenece a diversos grupos sociales, el de su origen geográfico, su familia, su profesión, su empresa, su club de tiempo libre, su religión, su partido político, etc. La identidad no connota lo idéntico, sino la pertenencia gracias a lo cual un individuo se define. La identidad es cercana al concepto tradicional de status, juego de diferentes roles sociales desempeñados por un individuo o recomposición de sus posiciones, si se toma el concepto en el sentido de la percepción que tiene el individuo." (Bernoux, 1985:187)]
Esta pérdida de su identidad está originada, en primer lugar, en el distanciamiento, la separación del marco social en que ésta se sustentaba. Por contra, se ve inmerso en un nuevo universo social, con una conformación diferente a su marco original y respecto al cual debe reconstruir sus posiciones y, consiguientemente, su identidad. Esta inmersión se caracteriza por ser un proceso totalizador (Goffman, 1984), en el sentido que, a diferencia de otras organizaciones (caso de la familia, el trabajo, la escuela, etc.), su incorporación a la prisión abarca todos los aspectos de su vida y, al menos en una primera etapa, el individuo no podrá ejercer los roles que conforman su identidad exterior.

Desde el punto de vista de la institución, esta identificación primaria segmenta la identidad exterior, resaltando la transgresión que origina el ingreso en prisión. Subsidiarimente se retomarán otros elementos que ensanchan ese segmento (tipo de delito, procedencia social, reincidencia, los eventuales incidentes al ingreso, entre otras) y que conforman esta incipiente identidad institucional.
Desde el punto de vista del interno, su primera vinculación con la institución es a través de la asignación de esa nueva identidad, definida inicialmente según patrones institucionales y que paulatinamente se podrá ensanchar o modificar con elementos de su identidad exterior.

La trayectoria social de un individuo en prisión puede entonces ser considerada como un modelo temporalmente condensado de socialización, cuyo resultado es la construcción (y en cierto modo, reconstrucción) de su identidad.
Esta construcción es factible porque a pesar de estar integrado en un medio controlado, como en otras organizaciones, los individuos en prisión orientarán sus actuaciones en función de sus propios objetivos. Si bien la existencia en la organización de unos objetivos generales (y de un conjunto de normas de control de las actividades de sus miembros) modera la realización de estos procesos individuales, éstos se seguirán llevando a cabo y acabarán por integrarse en la dinámica general de la prisión.

La construcción de las identidades institucionales es un proceso contínuo que abarca la totalidad del período de permanencia en prisión y se asocia con las estrategias racionales (cambiantes de acuerdo con las circunstancias y las contingencias de la institución) de unos y otros en pro de sus objetivos o proyectos individuales (Crozier, 1977), para cuya realización los individuos utilizarán recursos procedentes tanto de su vida exterior, como adquiridos en el seno de la institución.
De manera complementaria, dado que la institución prisión forma parte del conjunto de instituciones, existen para cada individuo experiencias anteriores que configuran unas determinadas imágenes culturales de éstas y en particular de los principios de autoridad que las sustentan. [Nota: El individuo que se ve inmerso en una institución (caso de la prisión) traerá consigo y se vinculará a ella "...a partir de imágenes de autoridad y experiencias anteriores en otras organizaciones, previamente internalizadas y que tiñen de subjetividad la percepción de esta institución." (Schlemenson, A., 1987:34).]
A su vez, como la inclusión en esta organización social tiene un carácter temporal -más o menos dilatado- que una vez concluído devuelve al individuo a su medio habitual, esta circunstancia modulará también la elaboración de la estrategia de los individuos en su seno. [Nota: No será igual, por ejemplo, para un individuo que ingresa directamente a cumplir una condena que para otro que ingresa preventivo, a la espera de juicio y cuya estadía en prisión es, en principio, totalmente indeterminada.]

El fraccionamiento de los objetivos de la prisión
Es en este proceso en que se establece el juego entre los elementos institucionales (internos y personal institucional): al existir un proyecto oficial, cada elemento deberá negociar la realización de su proyecto (así este sea en lo básico, coincidente con el proyecto oficial como si no) con el resto del colectivo que conforma la organización. Para describir estos procesos, partimos de la existencia de un proyecto oficial y la manera como éste se realiza.
En una prisión confluyen como objetivos básicos, la retención y la rehabilitación de los condenados a penas privativas de libertad.
En el primer caso, la retención derivada de la privación de libertad, supone una serie de acciones relacionadas con el mantenimiento del conjunto de individuos que conviven en el interior de la prisión. No sólo las acciones referidas al hecho físico de permanecer (u obligar a permanecer) en situación de reclusión sino a todas aquellas actividades que globalmente denominamos "de mantenimiento del sistema interno". [Nota: Utilizando una tipología introducida por Argyris (1979:157) y reelaborada por Petit (1984), las actividades de las organizaciones se clasifican en tres grupos:
1) Actividades en relación al logro de los objetivos ("energía de producción").
2) Actividades relacionadas con el mantenimiento del sistema interno: "... tienen una función de facilitación y regulación en relación con las actividades orientadas hacia los objetivos". ("energía de conservación").
3) Actividades relacionadas con la adaptación al entorno. (Petit, 1984:23).
De acuerdo con el análisis de objetivos de la prisión, realizado en otro capítulo, la retención también incluye actividades de tipo 1) y 3). En el caso del objetivo "rehabilitador", las actividades derivadas parecerían estar principalmente relacionadas con el punto primero, y en menor grado con los otros dos.]
Estas actividades se fundamentan en la cooperación de los miembros de la organización y de su participación, sea esta pasiva o activa, en ellas. Una de sus traducciones más evidentes es la utilización de mano de obra reclusa: cocinar, limpiar, reparar, construir, pintar, servir, ayudar, etc.; de manera general, todos aquellos seudo empleos que en las prisiones se denominan "destinos" y que están ejercidos por internos. [Nota: En una notificación del Juez de Vigilancia, para regular las "redenciones extraordinarias" en los Centros Penitenciarios de su competencia, se enumeran los 44 tipos de "destinos" habituales de las prisiones. La cifra de internos que ejercen "destinos" en un Centro concreto, dependiendo de sus dimensiones y sus características, multiplica este número base, de acuerdo con sus necesidades de servicios.]
Pero aún fuera de este ámbito directamente relacionado con el trabajo, las "actividades de mantenimiento interno" abarcan otros aspectos de la vida cotidiana de las prisiones. Si englobamos este tipo de actividades en la "programación diaria de actividades" señalada por Goffman (1984), éstas se llevan a cabo apelando a la cooperación, como mecanismo de economía funcional de la prisión. El juego de entrar o no en la cooperación requerida (de entrar con quién, para qué o a cambio de qué) se transforma en uno de los principales elementos de la construcción de la identidad institucional.

Si cambiamos de perspectiva y situamos el análisis en el ámbito de los agentes institucionales, observamos que también para este grupo son válidas algunas de las consideraciones que venimos realizando. Aún cuando ellos son quienes encarnan el proyecto institucional, sus actuaciones también están regidas por la dialéctica entre objetivos personales y generales. Su relación con los objetivos generales de la organización se deriva de la división de tareas y roles, que les ha asignado responsa bilidades en determinadas áreas o actividades de la prisión.
La vastedad de esta división de tareas, roles y de las actividades asociadas se aprecia, al menos de manera formal, en la descripción de las mismas que se realiza en el Reglamento Penitenciario (RP). En los aspectos más directamente relacionados con las actividades de "mantenimiento interno", el texto estructura la prisión, de manera genérica, en trece "unidades de servicio", la mayoría de las cuales tienen relación directa con actividades de Funcionarios en relación con internos. A su vez, como algunas de estas unidades de servicio tiene encomendadas funciones variadas, se afina aún más la descripción de actividades. [Nota: En el caso concreto de cada prisión, algunas de las unidades descritas (por ejemplo, "unidades de servicio de patios" o "unidades de servicio en galerías") pueden ser múltiples, otras no existir y otras ser creadas paralelamente al Reglamento.]
Para todas ellas el Reglamento describe pormenorizadamente las actividades que deben realizar los Funcionarios y, en relación a ellas, los objetivos concretos, vinculados al objetivo general de la prisión.
Los objetivos generales aparecen así fragmentados en objetivos menores y directamente relacionados con actividades. Para estos agentes institucionales los objetivos generales de la prisión se traducen, cotidianamente, en estos objetivos concretos que se conseguirán a través de actividades, llevadas a cabo en interacción con los internos. Es sobre su consecución y sobre sus resultados que la prisión evaluará sus actuaciones o, de otra manera, es de su consecución y de sus resultados que deberán informar a sus superiores jerárquicos. [Nota: En las descripciones de tareas del Reglamento se suelen regular estas prácticas informativas con preceptos como el siguiente, referido a los encargados de galería: "Comunicar al superior inmediato, mediante el correspondiente parte por escrito, cualquier incidencia o irregularidad ocurrida, así como dejar constancia escrita del movimiento de internos y de las incidencias del servicio para conocimiento del funcionario de relevo". (art. 309. f. RP)]
La parcelación en campos de actividad y las exigencias organizacionales en torno a su realización transforma el ámbito de un establecimiento penitenciario concreto en una "arena política", una porción de un "terreno político". [Nota: "Terreno político", en el sentido de "un área fluida de tensión dinámica en la que se produce la toma de decisiones políticas y la lucha competitiva" (Lewellen, 1985:94). Una expresión tradicional de este tipo de tensiones es el enfrentamiento en el seno de la organización entre el sector regimental y el de Tratamiento, que se dirime entre miembros concretos de estos colectivos. Pero esta es sólo una expresión visible del fenómeno, motivada en una lucha más general por la hegemonía. En ámbitos menores el fenómeno se reproduce, afectando globalmente a la organización, motivado en la parcelación de actividades y en los intereses particulares de los miembros concretos que tienen encomendada su realización.]

La cooperación y los intercambios
En este esquema de actividades realizadas por agentes institucionales en relación con internos, las reglas de cooperación aparecen como resultado de la interacción entre unos y otros. La cooperación es la regla de intercambio privilegiada por la prisión. En su diseño organizacional, los mecanismos de estímulo -las "recompenzas"- se corresponden con esta regla. [Nota: Una parte evidente de este intercambio es la potestad de la prisión de proponer reducciones de la condena, mediante las "redenciones" ordinarias o extraordinarias. El intercambio, en este caso, se interpretaría como una equivalencia entre grados de cooperación y disminución de días de condena. Quienes originan la propuesta de estas redenciones son los agentes institucionales, en función de la participación de los internos en las actividades (tomadas en su sentido más general) y los resultados de éstas. Pero también los intercambios se verifican en aspectos menos cuantificables pero no de menor trascendencia, como analizaremos.]
En sentido contrario, las "faltas y correcciones" se refieren a situaciones de cooperación fallida.

Entre una y otra situación en relación a la cooperación, oscilan las relaciones entre los dos grupos principales de la prisión. [Nota: Una caracterización de las estrategias de adaptación y, consiguientemente, de interacción entre los sectores de una institución, se expone en Goffman (1984, 70-71)] Pero los posicionamientos entre uno u otro polo de cada individuo en concreto, no pueden ser interpretados de una manera determinista (por ejemplo, el "resistente" o el "colaboracionista" unilateral) sino como una actitud estratégica: acceder a la cooperación requerida, con quién, para qué o a cambio de qué. E igualmente para las situaciones de oposición o resistencia.
Porque también en la prisión (y aún para los individuos obligados a pertenecer a su estructura), la cooperación se induce a través de unas reglas de intercambio y las estrategias de cada uno de sus miembros para alcanzar sus objetivos personales obligan a éstos a entrar (en el grado y el modo que sea) en ese juego de intercambios que se les propone. [Nota: "En cierta forma, el individuo es solidario (aunque sea de manera inconsciente) con la superviviencia de la organización e interioriza entonces, por lo menos una parte de las metas de ésta" (Friedberg, 1988:24).]
Incluso en el caso de los individuos más desviados del proyecto institucional, su estrategia se construye en parte a partir de las reglas propuestas organizacionalmente: al haberse establecido un conjunto de derechos y deberes, la ley les servir á aunque sea como defensa ante posibles irregularidades. Y sus reclamaciones acabarán situándose dentro de esas reglas de juego que aparentemente se estaban rechazando.

A este panorama organizacional se añade el objetivo rehabilitador, que a partir de la aplicación de la Ley Orgánica General Penitenciaria (LOGP) supone la posibilidad de un mayor contacto con el mundo exterior, ya sea por la concesión de permisos o por la aplicación de libertades condicionales.
La práctica rehabilitadora se define en la legislación como una evaluación de la conducta del interno y la modificación de aquellos rasgos a los que se atribuye su acción delictiva. Al ser una evaluación de carácter periódica que se realiza en un medio diverso al medio social habitual del interno, acabará basándose en la observación de sus conductas en prisión o de sus verbalizaciones, que se interpretarán como signos de cambios o permanencias de aquellos rasgos.
Es por esto que, en uno u otro sentido, a medida que transcurre el internamiento, en la construcción de la identidad institucional tienen un peso creciente las conductas de los individuos, observadas en el seno de la institución.
Si se trata de un establecimiento de preventivos y penados, la evaluación que efectúa el Tratamiento comienza de hecho una vez que el individuo está penado. Entre tanto, lo habitual es que en ese período de tiempo el interno se haya ido incorporando a la vida institucional mediante su integración (activa o pasiva) en un conjunto variado de actividades: tanto las que hemos definido como actividades tradicionales como las denominadas actividades de Tratamiento.

A través de esas actividades cada interno se va dando a conocer y toma conocimiento del personal institucional. Esta interacción va ensanchando la configuración mínima de identidad que le había sido asignada inicialmente: sale del anonimato uniformizador y comienza a diferenciarse, a adoptar una identidad para sí, que intentará transmitir a los demás. En determinados casos se tenderá a un acercamiento cada vez mayor a su identidad exterior; en otros, la identidad institucional se adopta como identidad propia, a veces lejana de la que se asumía en el exterior.
En este proceso podrá suceder que se recuperen algunos de los roles que se ejercían en aquel contexto, volviéndolos a ejercer en relación a la cooperación requerida o también, que se ejerzan roles producidos institucionalmente y nunca llevados a cabo en el exterior. [Nota: Es el caso, por ejemplo, de determinados "destinos" que a través de su desempeño vuelven a ejercer sus oficios en el interior de la prisión o, en el otro sentido, el caso de los internos que se ven enrolados como "destinos" de cocina, sin haber sido anteriormente cocineros, por ejemplo]

La interacción y las actividades
Si las actividades son las que permiten la relación directa entre elementos de ambos grupos, la división de autoridad y de tareas y roles de la prisión lleva a que determinados agentes institucionales tengan asignados puestos de mayor interacción con la población reclusa que otros. Esos elementos son los que directamente intervienen en el proceso de negociación que deriva en la construcción de la identidad del interno e informan -a través de los diversos canales de comunicación establecidos, formales e informales- al resto de elementos de la estructura organizacional de los resultados de las negociaciones; de otro modo, de las características de la interacción que se establece entre individuos concretos de cada grupo.

Pero como estas relaciones (y consiguientemente las informaciones que de ellas se derivan) se han establecido en términos de individuos, su manera de realizarse se rije por unos "sistemas de acción concreto". [Nota: Estos sistemas engloban un "sistema de regulación de las relaciones y el sistema de alianzas y sus obligaciones" (Bernoux, 1985:149). Mediante el primero los miembros de la organización llevan a cabo las reglas establecidas para resolver los problemas a que se enfrentan en relación al funcionamiento de la organización. Su realización en la práctica suele diferir del procedimiento establecido, dando lugar a procedimientos de facto, que son instaurados por los miembros involucrados en la acción y que dependen del juego de interacciones que éstos establezcan.]
La multiplicidad de agentes institucionales ejerciendo estos sistemas de acción concreto, posibilitan una variabilidad de resultados de las interacciones, haciendo factible por tanto, la asignación a un mismo individuo rasgos identificativos diversos y hasta contradictorios, en concordancia precisamente al resultado de esas interacciones. [Nota: Suelen registrarse diferencias significativas en las informaciones sobre un mismo interno provenientes, por ejemplo, de un agente institucional relacionado con el Tratamiento, respecto a la de otro con cometidos regimentales (las diferentes visiones se dan incluso entre individuos de un mismo colectivo). Aparte de un problema de visiones, las diferencias pueden estar relacionadas con las características de las actividades sobre las cuales se establece la interacción.]

Pero como además los sistemas de acción concreto incluyen los "sistemas de alianzas", las informaciones estarán mediatizadas por las obligaciones que se derivan de estos vínculos. Los sistemas de alianzas, que relacionan individuos intra e intergrupalmente, se estructuran en el terreno informal de la prisión (controlado principalmente por sus actores) y constituyen un armazón social que posibilita la realización de las actividades. El vínculo que se establece a través del sistema de alianzas podría ser interpretado como la traducción a nivel de individuos concretos del principio de cooperación al que antes aludíamos. Al depender de individuos concretos y realizarse en un campo no reglamentado de la organización, no suelen ser transferibles a otros miembros, al menos en su totalidad. [Nota: La existencia de la "zona de incertidumbre" constituye un campo de realización privilegiado de estas transacciones. Esa zona de incertidumbre, "oculta" de la influencia de las normas que regulan la prisión, es el escenario ideal para una representación paralela de la institución. Dados ciertas características institucionales (como por ejemplo, la lentitud burocrática, las dificultades de obtener información o contestaciones a demandas concretas, etc.) y el relativo grado de autonomía de cada elemento en la negociación (a pesar de las limitaciones, cada individuo actúa como un agente libre de acuerdo con una estrategia), la zona de incertidumbre permite la construcción de un seudo-organigrama, que aunque efímero, es satisfactorio para todas las partes.]

Las alianzas con otros miembros de la prisión (específicamente con los internos) generan para quien las establece obligaciones retributivas que incluyen (además de aquellas de tipo formal a las que hemos aludido) actuaciones en el campo informal: interceder ante un directivo para la resolución favorable de una petición del aliado, informar favorablemente a un miembro del Equipo sobre la conducta de aquél, por ejemplo. [Nota: Observemos que, de acuerdo con los resultados de estas gestiones el campo de las alianzas se expande, ya que quien responde a la demanda suele actuar con criterio de reciprocidad y en alguna oportunidad acudirá al demandante con una situación similar esperando ser retribuído.]

Pero volvamos a situar la perspectiva del análisis desde el ámbito de los internos. De acuerdo con el proceso que hemos descrito, desde el momento de su ingreso al interno se le presentan unos caminos, señalados por la institución como las vías que conducen hacia los objetivos previstos en la LOGP.
De entrada, el procedimiento de clasificación interior de la prisión le sitúa en una determinada galería, según una interpretación de sus características sociales, personales, penales-penitenciarias, etc. Institucionalmente, comparte con los internos que habitan la galería a la cual le han destinado unas características comunes. [Nota: En el esquema distributivo del período inicial de nuestro análisis: 3ª galería corresponde a los "primarios"; 4ª a los "reincidentes"; 6ª, trabajadores de talleres; 2ª, régimen de protegidos (art. 32 del RP); 5ª, sancionados e internos en régimen de artículo 10; 7ª o DM, destinos especiales y homosexuales reconocidos ("invertidos", en la terminología oficial); 1ª en la cual no se solía asignar internos desde el ingreso más que en situaciones muy especiales.]
Evidentemente la variedad de situaciones no permite realizar un análisis generalizado, pero si establecer ciertos rasgos comunes de las estrategias utilizables en el proceso de construcción de su identidad. Tanto si es la primera vez que ingresa como si ya ha tenido otras experiencias de internamiento en esta u otra prisión, su actividad comienza a orientarse según un proyecto o unos objetivos particulares. No es un proyecto ni son unos objetivos claramente definidos. A menudo son cambiantes, oscilantes, de acuerdo con las vicisitudes de su vida en prisión. El marco institucional sobre el que se elabora este proyecto incluye necesariamente interacciones con individuos de uno u otro grupo de la prisión: internos y agentes institucionales. La aparente amorfía del conjunto social de la prisión poco a poco se le va revelando como una compleja armazón de relaciones sociales en la cual se deberá integrar.

El proceso de integración, vinculado al proceso de construcción de la identidad es un proceso de características individuales que sin embargo tiene una interpretación, diríamos que "coral".
Observado desde el punto de vista de la institución, las vinculaciones que establezca con los demás internos, será interpretada según la identidad que los agentes institucionales hayan asignado a estos internos. En este procedimiento de asimilación de identidades subyace una cierta lógica derivada de las obligaciones del sistema de alianzas: si se relaciona con determinados individuos o grupos de la prisión, más allá de las afindades más o menos profundas que la motivan, están las obligaciones de reciprocidad que contrae con estos individuos o grupos. Sus motivaciones llegan pués a ser interpretadas en función de los objetivos o proyectos, conocidos, supuestos o asignados, a otros elementos de la organización.
Además de observar, los agentes institucionales pueden actuar ante determinadas situaciones detectadas, con intenciones de "rescatar" al interno, integrándolo en actividades institucionales que implican mayor compromiso o derivándolo a otra galería fuera de las influencias del grupo. [Nota: Otra variante es romper la cohesión del grupo aislando al que identifican como el líder, aplazando el proceso hasta la reconstitución del grupo en relación a otro liderazgo.]

En el otro sentido, sus vinculaciones o su participación en las actividades organizacionales será interpretada por los demás internos de manera variable, en dependencia con las obligaciones contraídas con éstos y del grado en que aquella participación afecta a estas obligaciones y de las características del proyecto de los miembros del grupo. El grupo o sus miembros actúan, en definitiva, con un criterio similar al de los agentes institucionales, requiriendo cooperación para sus objetivos y cuidando la vigencia de los pactos establecidos a través de las alianzas.

El proyecto personal se va consolidando como resultado de estos procesos de relaciones con unos y con otros, en unos casos más decantado hacia un sector que hacia el otro, pero siempre manteniendo una oscilación por las obligaciones contraídas en cada caso.

Las identidades o una economía de identificación
Observado los resultados de este proceso en el conjunto organiza cional de la prisión, se aprecia la constitución de bloques que denominaremos de "notables" sociales. "Notables" en el sentido que se notan o se hacen visibles para el resto de la prisión, o también en el sentido de individuos principales, una especie de estamento diferenciado del resto del conjunto. "Notables" originados en la lectura institucional de las actividades de los internos, en función de los objetivos básicos de la prisión y que los clasifica de manera primaria en categorías excluyentes: "rehabilitados/delincuentes", "colaboradores/opositores", "favorables/desfavorables", "adaptados/inadaptados"...
Los elementos de este estamento diferenciado son internos que a través de su trayectoria, consiguen colocarse en puestos destacados de la estructura de la organización. Se les conoce por sus nombres (a veces sin conocerles personalmente) o por sus hechos (en ocasiones distorsionados), pero que en todo caso forman parte importante de la cadena que permite que la institución funcione.

Con las matizaciones que iremos introduciendo, se puede decir que son individuos con mayor poder que el resto de internos. Poder de generar decisiones por parte de la institución o de influir sobre ella para que tome ciertas decisiones que les favorezcan. [Nota: Adoptamos como definición de poder una formulación basada en la relación que se establece entre los individuos: "el poder de A sobre B es la capacidad de A de obtener que, en su relación con B, los términos del intercambio le sean favorables". (Bernoux, 1985:129)] Pero también, una y otra forma son producto de una estrategia para obtener consideración especial por parte de la institución y a partir de esa consideración, negociar las contrapartidas.

La distinción entre uno y otro bloque se realiza en base a la ideología de la institución, que justifica las actuaciones y clasifica la población, como hemos señalado antes, en oposiciones dicotómicas. Unos son reconocidos por protagonizar los hechos considerados positivos, favorables al sentido establecido en el diseño institucional. Los otros se han colocado en los lugares destacados por protagonizar hechos -en realidad muchas veces, por ser protagonistas de leyendas- negativas en su relación con la institución (en la jerga penitenciaria: revoleras, fuguistas, kies, etc.).
Pero ambos grupos dan una razón de ser a la institución, permitiendo su existencia y sus prácticas. Comencemos por analizar el primer grupo.
Como decíamos, estos individuos han conseguido colocarse en sitios destacados de la estructura: puestos de confianza o de responsabilidad. Tienen comunicación directa con determinadas personas de la institución y especial consideración (positiva) por parte de éstas. Sus actividades permiten o coadyuvan al funcionamiento diseñado de la prisión: destinos especiales, colaboradores de Educadores, participantes destacados en determinadas actividades, etc. Por medio de ellos, en determinados casos, la labor del personal institucional llega a más gente, se amplifica: caso de aquellos a los que se ha designado como "monitores" de actividades de rehabilitación (talleres ocupacionales, actividades deportivas, etc.) o algunos destinos con funciones pararegimentales (encargados de comedor, cabos de galería, encargados de talleres productivos, etc.), entre otros.

El otro grupo comparte con el anterior el haber alcanzado también un lugar destacado en la organización social de la prisión. Sus situaciones y circunstancias se deben interpretar como un estado dinámico -consideración que vale también para el otro grupo- y no permanente. Es decir es una situación mutante: individuos del otro grupo pueden haber pertenecido a éste en un período anterior. Comparten con este grupo el proceso de formación en el cual nos detendremos más adelante.

Al contrario del otro grupo se han constituído de este modo para realizar acciones formalmente no deseables por la institución. En el terreno formal, su interacción con la institución se ha caracterizado por la no colaboración o por mantener conductas sancionadas. Son individuos respetados (a veces temidos) por el resto de sus compañeros de internamiento y hasta por los elementos de la institución que tienen relación directa con ellos. Pero también, al igual que los del otro grupo, tienen comunicación privilegiada con elementos de la institución y se les tiene especial consideración.
Sus acciones (positivas o negativas, de acuerdo con el baremo institucional) son determinantes en la marcha de la institución, debido a su potencial disfuncionalizador, lo cual hará que se procure establecer con ellos algún canal de comunicación, al tiempo que se controlen con mayor celo sus actividades. Siempre habrá un agente institucional, de cualquiera de los sectores, que actuará de interlocutor de estos individuos y con los que negocia los términos de una peculiar cooperación.
Dado su ascendiente sobre otros individuos la institución intentará establecer con ellos algún tipo de alianza, aplicando métodos diversos. La transacción es generalmente costosa, duradera y contradictoria y no siempre con los resultados previstos o deseados por la institución. El o los interlocutores institucionales que negocian en esta encrucijada de objetivos pueden hacerlo a título personal, más en función de sus objetivos particulares que de los objetivos generales formales de la institución, no siempre coincidentes con los de aquellos. [Nota: Resaltamos este hecho ya que estas relaciones se establecen a través de personas concretas y con objetivos muy diversos. Por eso los resultados se acercan más a los términos de una alianza que a los de una cooperación pura. Es la diversidad de negociadores lo que otorga esta similitud con una cooperación con ese sentido.]
Pero cuando consigue hacer entrar a estos individuos en este particular juego de cooperación, se obliga a éstos a mantener ciertas formas consideradas adaptadas en su relación con la institución; aunque en última instancia la institución tenga que tolerar ciertos comportamientos (en ocasiones, por ser ignorados o no detectados) cuya eventual disfuncionalidad no se asocia con acciones de estos individuos en concreto.
Con esta particular atención la prisión procura servirse del poder de que disponen estos individuos, canalizando el control institucional hacia el interior de su propio grupo de acción.
De este modo, determinados protagonistas de hechos institucionalmente considerados negativos (caso de reincidentes, fuguistas, líderes históricos de motines, etc.) que reingresan al Centro -por nuevas causas, de tránsito hacia otras prisiones, para asisitir a un juicio- van siendo resituados por los agentes institucionales en posiciones privilegiadas, asignándoseles en ocasiones a "destinos especiales", lo que es interpretable como el reconocimiento implícito que entre esos individuos se ha establecido en otra ocasión un vínculo y que a los efectos del proyecto institucional, si la cooperación fue alcanzada antes puede volver a serlo.

En estas acciones institucionales subyace una oscilación entre la ficción de regenerar o rehabilitar a estos individuos y la de considerarlos "personajes habituales" de la prisión, lo que refuerza estas tendencias a mantener los vínculos y a negociar incluso en situaciones extremas.
Por eso la institución juega ese doble juego entre el trato riguroso y el darles "todo (lo que les puede dar)", procurando negociar un equilibrio entre objetivos, que tiene como resultado final óptimo, colocar al individuo en el primer escalón de una trayectoria paralela a la del grupo "rehabilitado". La institución (es decir, el agente institucional que negocia) reclama integración, tranquilidad, colabora ción y a cambio le irá dando progresivos beneficios, pudiendo alcanzar los obtenidos por el grupo considerado "rehabilitado".
En ese proceso complejo (lleno de avatares, rupturas, situaciones vividas como traición, promesas incumplidas, por parte de unos y de otros) la negociación se repetirá secuencialmente, añadiendo nuevos episodios y nuevos pactos, parciales, temporales, cumplidos o incumplidos, dependiendo de lo que el sujeto continúe involucrado en las actividades que generan el conflicto original y sobre todo, la necesidad que tenga la institución de descubrir esas actividades. Y dependiendo también de las posibilidades del agente institucional en conseguir las contrapartidas prometidas.

Los objetivos formales de la institución aparecen así exaltados y en cierto modo distorsionados. Dicho de manera sintética, el primer grupo justifica los resultados de los objetivos de la institución, mientras que el segundo grupo justifica las acciones de la institución en pro de sus objetivos: "rehabilitar", controlar la reclusión y consiguientemente la dinámica de la prisión.

Pero si como decíamos, ambos grupos son resultado del proceso de construcción de la identidad que hemos descrito, entre ambos se debate un vasto colectivo de calificación neutra o aún incierta, que va consolidando su identidad para poder negociar desde uno de estos lugares. [Nota: Los internos de este grupo percibían las atenciones especiales que el personal institucional daba a los situados en alguno de los otros dos grupos y describían gráficamente el fenómeno de los "notables", llamándolos "los 40 principales" o la "jet set" de la prisión.] Las limitaciones o la regulación de sus negociaciones vendrá dada, por una parte, por la existencia de lugares disponibles en aquellos dos grupos. Pero también, por las características de sus estrategias y el éxito de éstas para colocarlos entre los aspirantes a ocupar uno de esos lugares.
Este gran grupo adoptaría así un carácter de "ejército de reserva", que aunque dispuestos a ocupar posiciones destacadas, sólo llegarán a ellas como resultado de un juego establecido organizacionalmente. 


BIBLIOGRAFIA

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Página actualizada el 15 de noviembre del 2001.