Una multitud ataca al subdelegado del Gobierno en El Ejido
La Policía tuvo que escoltar a las autoridades refugiadas en la iglesia
O. LEZAMETA COLPISA. ALMERIA
El subdelegado del Go bierno en Almería, Fernando Hermoso, fue salvajemente agredido por una multitud que le identificó a la salida del oficio religioso celebrado por la muerte de la joven asesinada en El Ejido. Hermoso pudo poner a salvo su in tegridad al refugiarse en una casa cercana, pero sangró con profusión por la nariz y la boca. Mientras se celebraba la misa, el subdelegado recibió una llamada en su teléfono móvil en la que le co municaron la muerte de su padre.
El representante del Gobierno en la provincia abandonó el templo sin esperar al resto de autoridades, al ser informado dee la muerte de su padre, con la idea de trasladarse a Jaén, su ciudad natal. Tras apartar a los numerosos medios de comunicación con un rotundo «no hay declaraciones», comenzó a escuchar co mo desde la multitud se le dirigían insultos que fueron subiendo de tono hasta que los más exaltados le empezaron a propinar puñetazos al tiempo que proferían gritos como «ítú eres el que das los papeles a los moros!».
Como salió de la iglesia sin escolta alguna, los pocos policías locales y de paisano que se encontraban en las inmediaciones trataron de protegerle, pero nada pudieron hacer ante la avalancha humana que se le vino encima. Hermoso comenzó una veloz carrera que concluyó en una vivienda tras cuyas puertas metálicas pudo refugiarse y huyó en un vehículo por la parte de atrás. Nervios desbordados
El coche oficial del subdelegado fue perseguido por la calles de la localidad almeriense, mientras el delagado Torres Hurtado, el alcalde y otras autoridades se vieron obligadas a refugiarse en el interior de la iglesia, de donde salieron un cuarto de hora después de haber entrado, escoltados por doce furgones de la Unidad de Intervención Policial. «No ha sido nada grave», aseguró el delagado que achacó los sucedido a «los nervios desbordados».
A la vista de los acontecimientos, de poco sirvieron las palabras del párroco en el funeral, quien trató de calmar los ánimos del vecindario. «Comportémonos con humanidad», «no nos rebajemos», «dejad la venganza al margen y que actúen las autoridades», clamó el sacerdote. Los llamamientos cayeron en saco roto, ya que cuando el ataúd con los restos mortales de la joven asesinada se introdujeron en el vehículo funerario, alguien gritó «íPena de muerte para los asesinos!». La petición cosechó el aplauso unánime de los presentes.
Los incidentes, no obstante, persistieron. Un grupo de exaltados vecinos quemó un vehículo, un Opel Kadett de color blanco que estaba aparcado en las inmediaciones, a po cos metros de donde se podían ver los restos de un Mercedes, al parecer perteneciente a un inmigrante y que hacían inviable abandonar la localidad de Santa María del Aguila por carretera hasta bastante tiempo después de concluidos los actos.
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