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7 febrero 
2000 - Nº 1375

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Vecinos de El Ejido atacan a los inmigrantes y destrozan sus locales 

Los disturbios se prolongaron toda la noche tras el asesinato de una joven a manos de un magrebi 

T, CONSTENLA / A. TORREGROSA, EL Ejido 
La barbarie racista se apoderó de El Ejido (Almería) este fin de semana durante 24 horas. El asesinato de Encarnación López, de 26 años, el tercero cometido supuestamente por inmigrantes en dos semanas, desató el odio y una ola de violencia sin precedentes que se ha cobrado 22 heridos. No hubo, sin embargo, detención alguna. Las concentraciones pacíficas del sábado derivaron por la noche en brutalidad xenófaba: decenas de vecinos arrasaron locales con sello extranjero, como una mezquita, locutorios telefónicos, carnicerías y restaurantes e incendiaron varios coches. El vandalismo duró hasta las cinco de la madrugada, y se recrudeció a lo largo de todo el domingo. Extranjeros, policías, políticos y periodistas han recibido amenazas y ataques. El ministro del Interior ha advertido de que el peso de la ley caerá sobre el presunto asesino -un joven bajo tratamiento psiquiátrico- y sobre quienes se toman la justicia por la mano. 
 
Carnicería propiedad de un inmigrante, 
destrozada a las tres de la madrugada 
del sábado (F. Bonilla).
La violencia xenófoba desatada en El Ejido la noche del sábado prosiguió durante todo el domingo, a tal punto que el Ministerio del Interior se vio en la necesidad de enviar anoche a 500 agentes de refuerzo procedentes de la Comunidad Valenciana y Murcia, que se unían a los 150 policías ya desplazados desde Málaga, Granada, Sevilla y Madrid y a una unidad de intervenciones de la Guardia Civil.
 
 

La vigilancia se concentra principalmente en los barrios de Santa María del Águila, donde vivía Encarnación López, de 26 años, apuñalada el sábado supuestamente por un joven marroquí, de 20 años, que venía recibiendo tratamiento psiquiátrico en el hospital almeriense de Torrecárdenas, y en Las Norias de Daza, donde reside el detenido. En este último barrio se concentraron los actos más graves de vandalismo.
 
 

Sólo el funeral por Encarnación López abrió ayer por la tarde un pequeño paréntesis entre las continuas persecuciones de inmigrantes, apedreamientos, cortes de carreteras, incendios de vehículos y destrozos de negocios y locutorios. Los enfrentamientos más intensos ocurrieron en Las Norias, donde por la mañana se registró también la mayor carga de la policía, que lanzó gases lacrimógenos y pelotas de goma contra unos 300 vecinos armados con bates de béisbol, palos y barras de hierro. Allí mismo se reproducían anoche los ataques: Primero, un centenar de jóvenes con palos incendiaba cinco vehículos al tiempo que profería amenazas y gritos contra los habitantes de la barriada, en su mayoría extranjeros. Luego, incendiaban la puerta y la fachada de una casa en cuyo interior había siete personas, entre ellas dos adolescentes. Las víctimas lograron huir saltando desde el primer piso de la vivienda a una furgoneta que la Guardia Civil les había preparado.
 
 
El asesinato de Encarnación López y la posterior detención del presunto criminal habían dado paso la víspera a una noche de pánico en la que los inmigrantes fueron objeto de violentas escenas de acoso por parte de numerosos vecinos. La tensión era tal que para dejar clara su desconexión con el crimen, un centenar de marroquíes afincados en Las Norias salió por la mañana a manifestarse contra el apuñalamiento. Llevaban los brazos en alto para indicar que la concentración tenía origen pacífico y se hacía en repulsa por los sucesos de los últimos 15 días. No les dejaron.
 
 

Los insultos proferidos contra ellos y las agresiones -les apedrearon y atacaron con palos, barras metálicas y bates- derivaron en una batalla campal en la que tuvieron que intervenir las unidades antidisturbios. Situaciones de tensión similares se vivieron en Santa María del Águila, cuyos accesos permanecieron cortados todo el día y donde los comerciantes del mercadillo donde cayó apuñalada Encarnación López salieron a manifestarse con sus coches dando gritos contra los extranjeros. Anoche, en este barrio, 200 presonas asaltaban y destrozaban de nuevo la sede de la Federación de Mujeres Progresistas y quemaban otros cinco coches.
 
 

Refugiados en casas
 
 

Durante todo el día, la policía patrulló el pueblo intentado impedir nuevas agresiones, tanto contra los inmigrantes como contra los periodistas. Mientras, los inmigrantes se agrupaban en casas de amigos y familiares en busca de refugio, tal como les habían aconsejado dirigentes de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquíes en España (ATIME), que ha anunciado que se personará como acusación particular en el proceso que se abra contra el presunto asesino. "Se ha confundido a un criminal con todo un colectivo que lo único que está haciendo es trabajar honradamente", dijo el portavoz de la asociación, Mustapha Mrabet.
 
 

El pánico, sin embargo, les desbordaba. Una veintena de personas, entre los que había mujeres y niños, optaba por pasar la noche del domingo al lunes en la comisaría, adonde habían llegado custodiadas por la policía tras ser asaltadas sus viviendas en Santa María.
 
 

Según su relato, numerosos asaltantes penetraron en un número indeterminado de casas provistos de palos, cuchillos y piedras e intentaron agredirles tras forzar las puertas de entrada.
 
 

Los enfrentamientos habían provocado heridas al menos a 22 personas (siete inmigrantes, nueve policías y seis ejidenses) durante toda la jornada. Tres de ellas seguían ingresadas anoche en el Hospital de Poniente. El parte médico de uno de los inmigrantes indica que sufre fractura de omóplato y varias costillas rotas.
 
 

El ministro del Interior, Jaime Mayor, apeló a la "serenidad, la calma y la tranquilidad" y advirtió de que la ley "caerá implacablemente tanto sobre el asesino como sobre los que se tomen la justicia por su mano y utilicen la violencia en un sentimiento de venganza". "No cabe aplicar la ley de la selva", dijo. Por su parte, el presidente andaluz, el socialista Manuel Chaves, hizo un llamamiento a la serenidad y propuso reforzar las medidas de seguridad asi como "avanzar en todas las medidas encaminadas a mejorar las condiciones de vida, vivienda y empleo de todos los ciudadanos que trabajan en esta localidad, incluidos los magrebíes".
 
 

Los mensajes de uno y otro llegaban después de que los bulos se extendieran a lo largo del día sobre casos de violencia inexistentes, lo que contribuyó a encrespar más los ánimos, y de que se acentuara la hostilidad contra los medios de comunicación con numerosas amenazas y ataques. Algunos vecinos destrozaron cámaras y otros patearon a un fotógrafo de La Voz de Almería.
 
 

Patrullas de agricultores
 
 

Una estampa frecuente en la mañana fueron las patrullas de agricultores armados, entre caminos rurales e invernaderos y en zonas de los barrios de Las Norias y Santa María y el centro urbano de El Ejido. La noche anterior, adolescentes armados con barras de hierro se aplicaron a fondo con las ventanas traseras del restaurante Assalam. Les protegía la oscuridad y el consentimiento de cientos de personas que se apelotonaban en las calles de El Ejido desde las 22.00. Dos cuarentones observaban la escena.
 
 

-"¿Qué te parece?", interpelaba uno.
 
 

-"Poco", replicaba el otro.
 
 

Este fin se semana, en El Ejido, la vida de un inmigrante, y menos aún sus propiedades, no valía un duro. Todo el odio, larvado durante años entre dos comunidades que se necesitan económicamente y que se rehúyen socialmente, estalló en una orgía vandálica que no respetó a nada ni nadie ajeno al propio pueblo. Una explosión de violencia espontánea, sin organización ni líderes. Lo más temible para la policía. "Estas movilizaciones son las más peligrosas", dijo un agente.
 
 

Los cortes de carretera diurnos, que habían aislado por completo al pueblo, fueron, ante todo, pacíficos. Pero los niños, los mayores y la serenidad se evaporaron conforme caía la noche. El bulevar, la calle larga sobre la que ha ido creciendo y desparramándose El Ejido en las últimas décadas, comenzó a llenarse de gente a partir de las 23.00. De las pedradas contra los negocios regentados por inmigrantes en la calle Almería, que corre paralela al bulevar, se pasó a ataques más contundentes, al incendio de contenedores para levantar barricadas y a lanzar proclamas agresivas.
 
 

La intervención policial evitó el intento de linchamiento de un grupo de inmigrantes que estaba en el interior de una cafetería. Escondidos en los aseos, varios exaltados trataron de echar abajo la puerta. Sólo la actuación de la policía, que abrió un pasillo entre la gente, evitó males mayores. Sacaron a los inmigrantes de allí en una furgoneta. 24 horas después, algunas familias de inmigrantes acudían presas de pánico a la comisaría en busca de un refugio seguro.
 
 

Sin detenidos
 
 

Pero salvo en estos casos, el papel policial fue pasivo. No se actuó para impedir el ataque y saqueo de restaurantes, carnicerías y locutorios telefónicos. Algunos establecimientos sufrieron varias embestidas. En la primera, los vándalos rompían persianas, cristales y apedreaban fachadas. En la segunda, sobre las tres de la madrugada, los saqueaban. Arrancaban las rejas, destrozaban el interior de los establecimientos y se apropiaban de bebidas y dinero.
 
 

Tres inmigrantes sufrieron agresiones en esas horas de locura colectiva: uno de ellos quedó inconsciente sobre el suelo después de los golpes. También resultaron heridos seis policías. Pero no se practicó ni una sola detención, salvo la de un inmigrante marroquí que había intentado agredir con arma blanca a un agente, ayer por la tarde, en la barriada de Las Cabañuelas, en Vicar.
 
 

Durante la noche del sábado, centenares de vecinos se movían al unísono arriba y abajo del bulevar como si la masa tuviera vida propia. El liderazgo, la capacidad de movilizar a la gente, bailaba de unos a otros: aquel que chillase más o el que tuviese la idea más exaltada. "Vamos a por las progresistas", decía alguien. Y toda la masa se encaminaba hacia la sede la Federación de Mujeres Progresistas, cuyos ordenadores y archivos fueron finalmente destrozados al día siguiente.
 
 

Fue, sin embargo, la sede de Almería Acoge la más dañada por las iras vecinales. Todos los archivos apilados durante años yacían en la calle, quemados. La planta baja de la asociación estaba inundada y destrozada. Similares daños a los que presentaban coches, negocios e incluso una mezquita.
 
 

El alcalde, Juan Enciso (PP), incapaz de serenar los ánimos, pedía en declaraciones a Efe más policía para "controlar a personas que pueden infundir sospechas". "Somos la puerta de África y es imposible controlar a todas estas personas que entran ilegalmente", dijo. 

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