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2000 - Nº 1389

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Aparicio se distancia de Pimentel al afirmar que la Ley de Extranjería es "mejorable" 

El nuevo ministro de Trabajo explica sus planes sin haberse producido aún el relevo oficial 

CARMEN PARRA, Madrid 
Juan Carlos Aparicio se comprometió ayer, como nuevo ministro de Trabajo, a una línea de continuidad en la política de empleo y Seguridad Social respecto al dimisionario Manuel Pimentel. No obstante, Aparicio marcó diferencias con su antecesor, al afirmar que la Ley de Extranjería "es mejorable", y que "hay que ponerle mucho corazón, pero también mucha cabeza". Una posición que contrasta con la de Pimentel, quien en las últimas semanas ha mantenido discrepancias con el sector duro del PP respecto a esa ley y al tratamiento dado al conflicto racista de El Ejido. 
 
Juan Carlos Aparicio, en la rueda
de prensa de ayer (S. Burgos).
El nuevo ministro de Trabajo y Asuntos Sociales jurará hoy su cargo ante el Rey y, a continuación, tomará el relevo de Manuel Pimentel. Una responsabilidad que de facto Juan Carlos Aparicio empezó a ejercer ayer, con una conferencia de prensa celebrada un día antes de tomar posesión y de que se publique su nombramiento en el Boletín Oficial del Estado. Esa inusual iniciativa se puede interpretar como un intento para alejar cualquier sensación de crisis o vacío de poder, tras la dimisión fulminante de Pimentel en medio de un fin de semana en plena ebullición de la precampaña electoral.
 
 

El todavía ayer secretario de Estado de la Seguridad Social quiso transmitir esa imagen de normalidad al avanzar que todos los actuales altos cargos de Trabajo seguirán en sus puestos: el subsecretario, Marino Díaz Guerra; el secretario general de Empleo, Juan Chozas, y la secretaria general de Asuntos Sociales, Amalia Gómez. Respecto al hueco que deja Aparicio al convertirse en ministro, dijo que cabe la posibilidad de que compatibilice esas nuevas responsabilidades con las de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social, o cabe que realice un nombramiento.
 
 

En todo caso, precisó que ésa no supone ahora su principal preocupación. Sí lo es dejar claro que su deseo es "continuar lo que sin duda ha sido un buen trabajo en estos cuatro años", de sus antecesores Javier Arenas y Manuel Pimentel.
 
 

En relación al detonante de la renuncia de Pimentel -el descubrimiento de que la esposa del ya ex director general de Migraciones Juan Aycart recibió 2.000 millones en subvenciones para formación-, Aparicio cree que son correctas las investigaciones abiertas por el propio Pimentel, proseguirá ese trabajo y garantizará "la máxima transparencia".
 
 

Ésa es su determinación clara respecto al caso Aycart, el motivo público dado por Pimentel para su renuncia. La postura de Aparicio tiene más matices respecto a la Ley de Extranjería o al conflicto racista de El Ejido, asuntos en los que el ministro dimisionario ha mantenido severos encontronazos con otros miembros del Gobierno y del sector duro de su partido, el PP.
 
 

Cuando se le preguntó si cree que la Ley de Extranjería se debe modificar en la próxima legislatura, tal como ha anunciado el PP, Aparicio aseguró que su posición es similar a la de otros responsables de este departamento, en alusión a Pimentel y Amalia Gómez, firmes defensores de la ley tal como se pactó con el resto de partidos y como fue aprobada en el Parlamento, frente a las tesis contrarias del PP y de algunos ministros, en especial el de Interior, Jaime Mayor Oreja.
 
 

Hecha esa afirmación sobre su posición personal, el nuevo ministro matizó que "a una ley que tiene tantos componentes sociales hay que ponerle mucho corazón, pero también mucha cabeza". Asimismo, añadió: "La Ley de Extranjería es mejorable, sobre todo si es a través del diálogo. Cuando se trata de una materia que no depende exclusivamente de un ministerio, hay que oír otras opiniones". El conflicto de El Ejido fue la única materia sobre la que rehusó contestar, y argumentó que ahí la posición del Gobierno es unánime.
 
 

Aparicio aprovechó su comparecencia pública para criticar al PSOE por los elogios que ha dirigido a Pimentel "por un comportamiento que ellos nunca han practicado". 

El guardián de las pensiones 

C. P., Madrid 
Juan Carlos Aparicio es un firme defensor del sistema público de pensiones, o al menos ésa es la imagen que ha transmitido en su trayectoria de los últimos cuatro años al frente de la Secretaría de Estado de la Seguridad Social. Una gestión impecable y con un balance que ha culminado con el logro histórico del equilibrio presupuestario en 1999, y con la previsión de lograr superávit este año 2000.
 
 

Para esa tarea tuvo un buen rodaje al ser, en 1995, uno de los representantes del PP, junto a Rodolfo Martín Villa, que negoció el Pacto de Toledo, en un largo retiro con los negociadores del resto de los partidos políticos en el parador de la ciudad castellano-manchega. De allí salieron unos compromisos definitivos: la Seguridad Social pública es viable, hay que adoptar decisiones para garantizar su continuidad y el tema de las pensiones debe quedar fuera de la contienda entre los partidos.
 
 

Este último punto ha atravesado momentos de peligro, pero la ley que desarrolló ese pacto, avalada por los sindicatos UGT y CC OO y no por la patronal CEOE, ha contribuido a que la Seguridad Social goce de esa situación de equilibrio. El crecimiento económico y la creación de empleo han sido definitivos también para que Aparicio cierre esta etapa con un aumento de 1,1 millones de trabajadores cotizantes, a fin de cuentas la vía por la que se pagan y garantizan las pensiones.
 
 

Como ministro de Trabajo, va a tener un mandato de semanas si el PP no revalida la mayoría en las elecciones del 12 de marzo. Si la confirma, Aparicio seguirá previsiblemente en la cartera que ha ocupado por la huida de Manuel Pimentel. Ayer, el nuevo ministro afirmaba que no le ha puesto ninguna condición a José María Aznar para aceptar la cartera en vísperas de las elecciones. Seguramente será así como una prueba más de su fidelidad a Aznar y de su estrecha relación, que se inició cuando éste era presidente de la Junta de Castilla-León y Aparicio su vicepresidente y consejero de Presidencia y Administración Territorial.
 
 

En esa comunidad autónoma inició su carrera política, en 1983, cuando tenía 27 años, como procurador de las Cortes de Castilla-León. Ahora, asume la cartera de Trabajo con 44 años, y sigue en actividades bien diferentes a su licenciatura de Ciencias Químicas. En cambio, sí encuentra algunos ratos para dedicar a su hobby de pintor, y para estar con su mujer, Paloma, y sus tres hijos, que siguen viviendo en Burgos, tierra por la que se presenta a las elecciones como cabeza de lista del Partido Popular.
 
 

Aparicio tiene un peculiar sentido del humor, que le ha servido para sortear situaciones complejas cuando, por sus características físicas, le han confundido con un ciudadano abisinio o de otras zonas norteafricanas. Las anécdotas vividas las cuenta él mismo con mucha guasa.
 
 

Hace unos meses, sacó de su error al Rey cuando lo identificó con otros miembros de una delegación de Marruecos y sorprendió a Don Juan Carlos al afirmar, en perfecto castellano de Burgos: "Majestad, soy Juan Carlos Aparicio, responsable de la Seguridad Social española". 

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