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Si
los asistentes al fallido mitin concierto de Los Chunguitos en Nou Barris
hubieran podido escuchar a Jordi Pujol, le habrían oído decir
que: "Este es el país de todos nosotros, pero, más importante
todavía, es el país de nuestros nietos". Es decir, ustedes
y yo quizá seamos hoy diferentes, pero tenemos un futuro común.
Los que le conocen aseguran que tal afirmación no es una novedad
en la manera que tiene este hombre de ver la inmigración, y de ella
participa casi todo el espectro político catalán. Son las
ventajas de vivir en una comunidad en la que la cultura de acogida está
muy arraigada y que hace años que concibe la inmigración
como factor de crecimiento y bienestar. Sólo así se entiende
cómo después de apoyar las restricciones a la ley de Extranjería,
la Generalitat enmiende ahora el "patinazo" con mensajes de integración
muy alejados del silencio de la derecha española, poco hecha a este
tipo de discursos. Constatada la necesidad de que Europa tiene de la inmigración,
sólo queda ver qué políticas se aplican para minimizar
lo que muchos ciudadanos ven como una amenaza. Construir el país
de nuestros nietos. - r. aymerich
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