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CIUDADANOS: En vísperas de la entrada en vigor de la ley de Extranjería


La inmigración extracomunitaria aporta cada año 73.000 millones a la economía catalana 
ISABEL RAMOS RIOJA

BARCELONA. - Los inmigrantes extracomunitarios aportaron en 1997 a Cataluña una cifra superior a los 73.246 millones de pesetas, según un estudio elaborado por economistas de las universidades de Harvard y Pompeu Fabra de Barcelona a instancias del Departament de Benestar Social. Ello supone que cada uno de los 79.244 inmigrantes extracomunitarios que entonces disponían de permiso de residencia en Cataluña aportó a la economía catalana 924.309 pesetas.

Se trata del primer estudio que intenta cuantificar la relación coste-beneficio de la inmigración extranjera. Hasta ahora, la mayor parte de estudios era de tipo cualitativo y en ellos se destacaban los beneficios que esta inmigración dejaba en las sociedades de acogida bajo la forma de contribución al crecimiento económico y a su bienestar, así como a un freno al envejecimiento de sus sociedades. 

Para alcanzar esas cifras, los economistas han sumado (ver gráfico) los salarios percibidos por este colectivo, así como las pensiones (pocas) que reciben de sus países. A ello han restado las remesas de efectivo que envían a sus países (en realidad, muy reducidas, a pesar de ser una de las finalidades de la salida de su país) y los gastos que la Administración destina bajo la forma de atención sanitaria, justicia o educación, entre otros. Este coste social no es muy elevado según expertos en cuestión migratoria, porque la mayoría de los inmigrantes llegan criados y con los estudios -de tipo medio superior, de media- cursados. "Como son jóvenes y sanos, gastan poco en sanidad", comentaban recientemente en una mesa redonda sobre la ley de Extranjería.

El estudio fue dado a conocer ayer al Consejo Asesor de la Inmigración de Cataluña, reunido para impulsar la aplicación de la Ley de Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social en vísperas de su entrada en vigor. Pese a que muchos de los aspectos de la ley deben desarrollarse a través de un reglamento que tiene que elaborar el Gobierno, la Administración catalana ha instado ya a poner en marcha diversas campañas de empadronamiento, dado que el hecho de estar inscrito en el padrón ya da acceso a una serie servicios. También se elaborará un nuevo plan interdepartamental de inmigración para el 2000-2005, que se adecue al nuevo marco legal. Este plan deberá incidir, según explicó a este diario la consellera de Benestar Social, Irene Rigau, en las políticas laborales (capacitación de adultos), sanitarias y educativas, especialmente.

El consejo también acordó ayer instar al Gobierno a constituir el consejo superior de política de inmigración para coordinar las actuaciones de las tres administraciones públicas: estatal, autonómica y municipal.

Frente a la idea extendida de que el extranjero extracomunitario viene a quitar puestos de trabajo (en realidad, cubre los que no quiere la población autóctona) y que hace que bajen los sueldos en los sectores en los que son numerosos (es lo mismo que pasa con las áreas feminizadas), el estudio presentado ayer muestra una realidad muy diferente, que deja un beneficio económico neto. Según un informe del Imserso de 1997, los inmigrantes de toda España aportaban 138.000 millones de pesetas en cuotas a la Seguridad Social y 13.000 millones por el IRPF.

Se han contabilizado como aportaciones indirectas la actividad que generan en numerosas ONG, los gastos que realizan en locutorios telefónicos, el transporte en autocar y el pago de alquileres.

El nuevo proceso de regularización (ver página 25) hará que se incremente el número de personas que, además de generar beneficios indirectos, "pague impuestos", dice el portavoz de la ONG Atime, Mustafa Al Murabit. 
 

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