Levante, 23.03.2000
Bienestar Social no facilita comida a los mendigos extranjeros

Unos voluntarios reparten las bolsas de comida. f. montenegro

El ayuntamiento le reclama las competencias

El cierre parcial de la Casa de la Caridad de Valencia por unas obras ha dejado a la Conselleria de Bienestar Social ante la responsabilidad de dar asistencia alimentaria a los transeúntes extranjeros, pues el ayuntamiento ha cumplido con la normativa a rajatabla y sólo ha habilitado recursos para los indigentes españoles. Mientras las dos Administraciones discuten en largas reuniones una solución, los inmigrantes reciben provisiones gracias a la ayuda de emergencia de Cruz Roja y el Banco de Alimentos. La edila Marta Torrado ha pedido a Bienestar Social las competencias sobre el colectivo para diseñar un plan integral.

ALFONS GARCIA .Valencia

El conflicto surgido con los indigentes tras el cierre del comedor de la Casa de la Caridad ha puesto en primer plano la situación de desprotección en la que se encuentran aquellos que a su condición de transeúntes unen la de ser inmigrantes extranjeros. Un centenar de ellos se vieron forzados el martes a un peregrinaje en busca de comida después de que el Ayuntamiento de Valencia -adonde fueron enviados desde el albergue de la Asociación Valenciana de la Caridad- les dijera que la ley vigente sólo le obliga a atender a residentes y transeúntes y que en esa catalogación no entraban los inmigrantes, cuya competencia corresponde a la Conselleria de Bienestar Social. El departamento autonómico no pudo hacer frente a su responsabilidad, de manera que acabó pidiendo auxilio de urgencia a Cruz Roja, institución que -junto con el Banco de Alimentos- se ha encargado de dotar de provisiones a este colectivo los dos últimos días.

Y es que el Ayuntamiento de Valencia y la conselleria que preside Carmen Mas no llegaron antes del mediodía de ayer a un acuerdo para solucionar el problema. Así que, de nuevo, cerca de ochenta inmigrantes extranjeros se concentraron al mediodía de ayer -sin peregrinaje previo esta vez- ante la base de Cruz Roja en la calle de Flora para que les dieran comida. 

Una bolsa blanca que contenía fiambre, galletas, fruta variada, pan y unos productos lácteos fue lo que se llevaron. Eso, y unos folletos de la institución humanitaria con información sobre la obtención de papeles. Los lotes fueron preparados por el Banco de Alimentos gracias a las donaciones de empresas. Cruz Roja puso el local y los voluntarios.

Como sucedió el martes, la concejala de Valencia de Acción Social, Marta Torrado, se reunió ayer tarde con la directora general de Servicios Sociales, María Luisa Gracia Jiménez. Al cierre de esta edición, no había trascendido que hubieran encontrado una solución estable para este colectivo. El comedor de la Casa de Caridad permanecerá cerrado de nueve a diez meses. Durante ese tiempo, sólo alimentarán a 180 personas, la mayoría de las cuales ya han sido escogidas por la Asociación Valenciana de la Caridad en virtud de su grado de necesidad. El presidente de la entidad, José Vilar Sancho, aseguró que sólo «unos pocos» son extranjeros.

Los inmigrantes sin recursos se han encontrado estos días con que el Ayuntamiento de Valencia cumplía con la normativa a rajatabla y -al contrario de lo ocurrido hasta ahora- no cedía parte de sus recursos para un colectivo que depende de la Administración autonómica. Así, cuando todos los excluidos por la Casa de la Caridad fueron al Centro de Atención a los Sin Techo (CAST) de la corporación local vieron que, si eran nacionales, eran enviados al comedor del albergue San Juan de Dios. Si eran de fuera, el consistorio los derivaba a Bienestar Social.

Un portavoz de la Concejalía de Acción Social reconoció ayer a Levante-EMV que el ayuntamiento ha conveniado cincuenta plazas en el comedor de San Juan de Dios y que los técnicos están trabajando con algunos para que puedan recibir una ayuda económica individualizada. «Los extranjeros quedan fuera de estos recursos -dijo la citada fuente-, pues no son competencia del ayuntamiento. Nosotros estamos obligados a atender a residentes y transeúntes».

La actuación del municipio puso en evidencia la falta de recursos para ese colectivo de Bienestar Social, cuyo servicio de atención integral al inmigrante se vio desbordado. Y es que, hasta ahora, la asistencia a los extranjeros en Valencia la han realizado instituciones benéficas que reciben fondos del ayuntamiento y que, en teoría, sólo deberían destinar a indigentes nacionales.

Este diario ha podido saber que durante las últimas reuniones Torrado ha pedido a Bienestar Social que le ceda las competencias de los inmigrantes para realizar con ellos una intervención integral como la que ya ejecuta con los sin techo españoles.

 
Cruz Roja advierte que su acción es transitoria y pide un plan integral

A. G. .Valencia

Bajo una fina lluvia, cerca de ochenta inmigrantes extranjeros se concentraron a las 13.30 horas de ayer ante el local que Cruz Roja tiene por inaugurar en la calle de Flora. Los grupos revelaban la procedencia de los mendicantes: ucranianos, búlgaros, ecuatorianos, rumanos, peruanosÉ

Poco antes de las 14 horas, los grupos se transformaron sin problemas ni tensiones en una cola que culminaba en la puerta de la casa. Por allí apareció un voluntario con la característica casaca roja de la institución humanitaria, y el reparto comenzó. Tras dejar los datos de su identidad y origen, los inmigrantes fueron recibiendo las bolsas de víveres preparadas por el Banco de Alimentos. Sin quejas ni preguntas, casi sin palabras.

«Es mejor así, te lo comes tranquilo en cualquier sitio», afirmaba un emigrante ecuatoriano al salir con su bolsa y comparar el sistema con el comedor de la Casa de la Caridad. Media docena de musulmanes dejaba por su parte en el mostrador todos los productos derivados del cerdo que iban en los lotes (unas porciones de salchichón y un paquete de jamón dulce). Los voluntarios se los cambiaron por unas peras en almíbar, pan y unos yogures.

Algún minuto después de las 14.15 la concentración había desaparecido y los inmigrantes se dispersaban por los alrededores. Alguno regresaba a reclamar la barra de pan que no le habían entregado. En el local, unas bolsas sobrantes acompañaban a los voluntarios mientras hacían el recuento.

«Esto no se puede prolongar. Nuestra actuación es transitoria, porque no es adecuada ni justa», afirmaba una portavoz de la entidad humanitaria, quien reclamaba además una intervención integral con el colectivo. «Las bolsas es asistencialismo puro y duro, algo del siglo pasado», añadía.

El concejal socialista Pablo Gil reclamó por su parte más sensibilidad a las instituciones y recordó que hace sólo unos meses el Ayuntamiento de Valencia rechazó dar una subvención al Banco de Alimentos.

 
De una Administración a otra

.La gran mayoría de los inmigrantes extranjeros que el lunes al mediodía acudieron a la Casa de la Caridad (1) fueron enviados al Centro de Atención a los Sin Techo del ayuntamiento (2), el cual ejecutó sin concesiones la normativa actual y los derivó a una oficina de Bienestar Social. En el Servicio de Atención Integral a los Inmigrantes (3) se toparon entonces con una responsabilidad que no esperaban y tuvieron que pedir ayuda de emergencia a la Cruz Roja y remitir a los extranjeros a uno de sus centros (4), el de la calle de Flora.


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