| EL TORMENTÍN
Extranjería Emilio Garrido Ya el término echa un poco para atrás: extranjería. Suena a horda, a turba, a departamento de la Legión, a oficina burocrática llena de tampones y pólizas. Ley de extranjería. Hoy comienza el proceso de regularización para los sin papeles. Son 100.000 en España. Parecen pocos. Como en todo, habrá indocumentados de primera y de segunda y lumpen-indocumentados. Están asustados con las nuevas normas. Se les exige estar empadronados. Pero si se empadronan, desvelan su situación ilegal. No saben qué hacer. Se les exige un contrato de trabajo, pero no existe contrato laboral para un extranjero, sin el preceptivo permiso de residencia. La pescadilla se muerde la cola. Y ellos se muerden las uñas. Se les exige ocupar un puesto de trabajo que al menos diez españoles no puedan o no quieran realizar. ¿Alguien puede medir este tipo de situaciones? La Europa de la Unión no quiere oir hablar de más pateras. Pero si las normas de regularización siguen siendo estrictas, habrá pateras cada vez más cutres, con más ahogados. Miguel Hernández cantó al niño yuntero. Hoy lo haría al niño balsero. El empresario español comienza a oler un mercado laboral a mitad de precio en el norte de África. En estos momentos hay ya 400 empresas españolas operando en Marruecos. El siguiente objetivo es Túnez. El problema estriba en saber si estas inversiones servirán para frenar las pateras o si siempre, como parece, habrá un ejército de indocumentados dispuestos a dar el salto. Otro asunto distinto es Sudamérica. Aquí el pasado cultural común se queda en agua de borrajas. De nada sirve el idioma, los apellidos, las excelentes relaciones entre las dos orillas, los foros de debate, los quintos centenarios y las visitas del Rey. Un inmigrante que se crea todos estos tópicos y quiera instalarse en España debe pasar por el mismo calvario funcionarial que si viniera de la China. A no ser que sepa llevar el balón entre los pies mejor que diez españoles y asegure 30 goles por temporada. La globalización no ha solucionado estas trashumancias. Valencia y Alicante estrenan hoy nuevas oficinas de extranjería. Imagino las colas y las fotos. Las caras de pasmo y de pavor, los cuatro papeles mal pergeñados en la carpeta de cartón. Sólo piden las cosas un poco más facilitas. |
