Lunes 20 marzo 2000 - Nº 1417 |
OPINIÓN
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Inmigrantes en espera LOS INMIGRANTES sin papeles que puedan acreditar su estancia
en España con anterioridad a junio de 1999 -entre 80.000 y 100.000-
tendrán la oportunidad de regularizar su situación durante
un periodo de cuatro meses que se abre mañana y concluye el 21 de
julio. Se trata de la tercera regularización extraordinaria de inmigrantes
indocumentados que ha habido en España desde la que tuvo lugar a
raíz de la entrada en vigor de la primera Ley de Extranjería,
en 1985. El Gobierno y las comunidades autónomas se han comprometido
a facilitar todos los medios para que ningún inmigrante que reúna
los requisitos que exige la ley quede sin regularizar su situación.
Es importante que desde el Gobierno se lance un mensaje tranquilizador
hacia estos inmigrantes, en el sentido de que la decisión del PP
de reformar la Ley de Extranjería no supondrá ninguna reticencia
de su parte hacia el proceso de regularización y que actuará
con la buena fe y diligencia requeridas. El Gobierno no podría actuar
de otra manera, pero hace bien en aclarar esta posición después
de los resultados electorales del 12-M, porque no todos sus agentes o portavoces
transmiten ese mensaje de tranquilidad.
El delegado del Gobierno en Madrid, Pedro Núñez Morgades,
y otros responsables políticos próximos al mundo de la inmigración
han insistido en desligar las intenciones del Gobierno sobre la Ley de
Extranjería de la regularización que se pondrá en
marcha mañana. Menos prudente fue el diputado y portavoz del PP
Rafael Hernando, que al día siguiente de las elecciones, y a una
semana de que se iniciara el proceso de regularización, se pronunció
a favor de cambios inmediatos en la Ley de Extranjería, algo que
por lo demás deberá plantearse en el Parlamento que se constituirá
en abril. Y aún es más inquietante que este dirigente popular
se apresurara a interpretar la amplia victoria de su partido en El Ejido
como una señal inequívoca del rumbo que deberían adoptar
tales cambios.
El proceso de regularización, primero, y la reforma de la Ley de Extranjería, después, constituyen, sin duda, una piedra de toque sobre el auténtico talante del Gobierno de Aznar y el uso que hará de su mayoría absoluta, mediante el diálogo con otras fuerzas parlamentarias o la aplicación del rodillo. Sería un grave error político que un asunto como el de la inmigración, necesitado como ningún otro de un pacto de Estado entre todas las fuerzas políticas, se abordara exclusivamente en términos de mayorías aritméticas. Hay mucho que discutir entre todos para que el imparable fenómeno de la inmigración discurra por cauces pacíficos en los próximos años y no se convierta en un foco permanente de conflicto, trasladando al conjunto de España el modelo exclusivista y xenófobo puesto en práctica en El Ejido. |
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